Los hermanos de Veracruz que crearon el Chocolate Abuelita y conquistaron a Nestlé
Hace más de 100 años, un par de hermanos de Veracruz tuvieron la idea de fundar la Fábrica de Chocolates La Azteca, que conquistaría a generaciones con su Chocolate Abuelita y Carlos V


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Mucho antes de que las grandes multinacionales dominaran el mercado de chocolates en México, una empresa nacida gracias al sueño de dos hermanos de Veracruz ya conquistaba millones de hogares con algunos de los dulces más populares del país.
Productos como Chocolate Abuelita, Carlos V y Almon-Ris se convirtieron en parte de la infancia de distintas generaciones y ayudaron a construir uno de los imperios chocolateros más importantes en la historia de México.
Detrás de este éxito estuvo la histórica Fábrica de Chocolates La Azteca, una compañía que pasó de ser un negocio familiar a convertirse en líder nacional de la industria alimenticia. Su crecimiento fue tan grande que décadas después terminó siendo adquirida por el gigante suizo Nestlé en una operación millonaria.
La historia de los hermanos que crearon Chocolates La Azteca
La Fábrica de Chocolates La Azteca fue fundada en 1919 por los hermanos Francisco y Raymundo González Barragán, junto con Salvador Valencia. Aunque eran originarios de Cotija de la Paz, Michoacán, el proyecto comenzó formalmente en Orizaba, Veracruz, una ciudad que en aquella época destacaba por su actividad industrial.
Desde sus primeros años, la empresa apostó por fabricar chocolates y golosinas pensadas para el mercado mexicano. Con el paso del tiempo, el negocio creció rápidamente y en 1930 trasladó sus operaciones a la Ciudad de México, donde consolidó su expansión industrial.
La compañía también mantuvo una importante planta en Cotija, fortaleciendo así su producción y distribución. Gracias al éxito de sus productos, la empresa logró posicionarse durante décadas como la chocolatera más importante del país.

Uno de los productos más recordados de la compañía fue el Chocolate Abuelita, cuya imagen quedó ligada para siempre a la actriz mexicana Sara García. La llamada “abuelita de México” apareció como rostro oficial del producto y terminó inmortalizada en el empaque que todavía hoy identifica a la marca.
Otra de las grandes creaciones de la empresa fue Carlos V, una barra de chocolate que se convirtió en una de las más populares del país gracias a su sabor y precio accesible.
Con el paso de los años, la empresa también lanzó productos como Larín, Tin Larín, Morelia Presidencia y Freskas. Además, hubo otros productos que alcanzaron enorme popularidad en México antes de desaparecer, como Krish-Krash, Presidente, Yo-Yo y Turcos.
El crecimiento de Fábrica de Chocolates La Azteca fue tan importante que en 1988 adquirió a Larín, considerada entonces la segunda chocolatera más grande del país.
Años antes, en 1970, la empresa ya había pasado a formar parte de Quaker Oats Company, convirtiéndose además en distribuidora de esa firma en México.

Sin embargo, el panorama cambió por completo durante la década de los noventa con la apertura comercial impulsada por el Tratado de Libre Comercio. La llegada de corporaciones internacionales provocó movimientos importantes dentro de la industria alimentaria mexicana.
Finalmente, en 1995, Nestlé compró la histórica chocolatera mexicana en una operación valuada en alrededor de 160 millones de dólares. Con ello adquirió prácticamente todas sus marcas más famosas, excepto Avena 3 Minutos, que permaneció bajo control de Quaker.
Aunque hoy muchas de sus marcas pertenecen a Nestlé, el legado de Fábrica de Chocolates La Azteca sigue muy presente en la cultura popular mexicana.

Millones de personas todavía identifican productos como Chocolate Abuelita y Carlos V como parte de su infancia, mientras que la antigua fábrica ubicada junto a la estación Morelos del Metro capitalino permanece como un símbolo histórico de una de las empresas más queridas del país.
La historia de estos hermanos veracruzanos demuestra cómo un negocio familiar logró construir uno de los imperios chocolateros más grandes de México, dejando una huella que continúa viva más de un siglo después.







