Lo que ocurre cada madrugada en la sierra es el secreto mejor guardado de San Ignacio
En la comunidad serrana de Guasimillas, la familia Arana mantiene viva la molienda artesanal de caña, una tradición de más de medio siglo que hoy sobrevive entre sequías, migración y el paso del tiempo.


¿Quieres resumir esta nota?
Sinaloa.- En la comunidad serrana de Guasimillas, en el municipio de San Ignacio, la familia Arana mantiene viva una tradición que ha pasado de generación en generación: la molienda artesanal de caña de azúcar para producir piloncillo.
Cada año, entre febrero y marzo, el pequeño poblado se llena del aroma dulce de la melcocha hirviendo en grandes cazos.
Este 2026 la molienda comenzó hace dos semanas y concluirá el próximo fin de semana, con una producción estimada de poco más de mil piezas de piloncillo de aproximadamente 500 gramos cada una, a un costo de 28 pesos en el lugar.
Molienda de caña artesanal en San Ignacio
Francisco Arana Ruiz, quien desde hace 50 años se dedica a este oficio heredado de su abuelo, explica que gran parte de la producción ya está comprometida con un comerciante de la cabecera municipal, mientras que otra parte se destina al consumo familiar.
Además del piloncillo, la familia produce miel de caña, vendida en 100 pesos el litro, ideal para hot cakes, café o té. El jugo de caña natural se ofrece gratuitamente a los visitantes que llegan hasta esta apartada comunidad serrana.

Cómo se elabora el piloncillo tradicional
La jornada inicia a las 4:00 de la mañana con el corte de la caña. El proceso es completamente rústico: la molienda se realiza en un molino jalado por una mula y, en ocasiones, por los propios productores.
El jugo extraído se vierte en grandes cazos de hasta 120 litros, colocados sobre hornos alimentados con leña seca. Durante al menos tres horas se retiran impurezas con cedazos metálicos y se mueve constantemente el líquido hasta que espesa.

Una vez alcanzado el punto ideal, la melcocha se vacía en moldes de madera de tepehuaje previamente humedecidos. Después de dos horas de reposo, se obtienen las tradicionales “panochas” o piloncillos, con una producción diaria cercana a 120 piezas.

Tradición afectada por sequía y violencia
Francisco recuerda que solo en una ocasión dejaron de moler por falta de cosecha. En años recientes, la sequía redujo considerablemente la producción, limitándola a apenas seis días de trabajo en 2023 y 2024.
Además, la violencia provocó el éxodo de comunidades vecinas como Rincón del Chilar en 2014, cuando incluso ya tenían la caña lista para procesar. Desde entonces, muchas rancherías dejaron atrás esta actividad que fue clave en la economía regional a mediados del siglo pasado.
Hoy, Guasimillas es la única comunidad que conserva esta práctica ancestral.

Guasimillas, un pueblo sin electricidad que resiste
Ubicado a más de una hora de la cabecera municipal, Guasimillas es un poblado tranquilo donde no hay energía eléctrica convencional; los habitantes utilizan paneles solares. Sus casas de adobe y techos de teja, junto con el paisaje verde que dejan las lluvias, le dan un encanto único.
Durante el resto del año, sus habitantes se dedican a la agricultura y la ganadería. Sin embargo, la molienda es una actividad que representa identidad, memoria y resistencia cultural.
Aunque este año la afluencia de visitantes fue menor que en temporadas pasadas, la familia Arana mantiene la esperanza de que en 2027 el interés renazca y más personas acudan a conocer esta tradición viva.































