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Navolato despide a Antonio Yamaguchi Hernández, su primer presidente municipal

El legado de Antonio Yamaguchi Hernández, el primer presidente municipal de Navolato. Hoy pierde la vida, pero será recordado por siempre entre la memoria de la gente de su pueblo.

1 marzo, 2026
Jacqueline Sánchez Osuna
Colaboración especial de José Luis Gallardo
Antonio Yamaguchi Hernández, fue el primer alcalde de Navolato tras su municipalización en 1984.
Antonio Yamaguchi Hernández, fue el primer alcalde de Navolato tras su municipalización en 1984.

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Antonio Yamaguchi Hernández, siempre será recordado como el primer presidente municipal de Navolato.

Navolato nació como municipio libre el 1 de enero de 1984. Pero antes de convertirse en ayuntamiento, fue pueblo de indios, alcaldía, tierra de rancherías y campo cañero.

Su nombre, de raíz híbrida cahita-náhuatl, significa lugar donde abundan las tunas o nopales. Y en ese suelo fértil, donde el trabajo del campo marcó generaciones, surgió el hombre que encabezaría su primera administración municipal: Antonio Yamaguchi Hernández.

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Este 01 de marzo de 2026, don Antonio perdió la vida en Navolato, rodeado de su familia. Se fue en su tierra, en el municipio que ayudó a construir desde su cimiento institucional.

Antonio Yamaguchi Hernández, figura clave en la historia de Navolato

Antonio Yamaguchi Hernández ofreció su primer discurso como presidente municipal el 31 de diciembre de 1983.
Antonio Yamaguchi Hernández ofreció su primer discurso como presidente municipal el 31 de diciembre de 1983.

Cuando Navolato se separó de Culiacán mediante el Decreto 212, publicado el 27 de agosto de 1982 en el Diario Oficial del Estado de Sinaloa, comenzaba una nueva etapa.

El 31 de diciembre de 1983, Antonio Yamaguchi Hernández dio su primer discurso como presidente municipal electo. No era un político improvisado. Era un hombre de raíces campesinas, conocedor de las necesidades del pueblo y de la fuerza productiva del campo.

Su periodo comprendió de 1984 a 1986. Fueron años fundacionales. No había una estructura municipal sólida. Todo estaba por hacerse: oficinas, reglamentos, organización administrativa, servicios públicos. Había que darle identidad a un municipio que durante siglos dependió de Culiacán.

Don Antonio entendía que gobernar no era solo ocupar un cargo, sino sentar bases. Impulsó gestiones para fortalecer los servicios públicos, ordenar el crecimiento de la cabecera municipal y atender las comunidades rurales que históricamente habían estado en segundo plano.

Su visión fue clara: si Navolato quería consolidarse, debía empezar por dignificar la vida de su gente.

Un legado que perdura: la historia de Navolato desde 1984

Don Antonio Yamaguchi trabajó para dignificar al pueblo y ha dejado un legado perdura al día de hoy entre la gente de Navolato.
Don Antonio Yamaguchi trabajó para dignificar al pueblo y ha dejado un legado perdura al día de hoy entre la gente de Navolato.

Navolato tenía una historia profunda. Desde 1531, tras la fundación de Culiacán, el pueblo quedó bajo su jurisdicción. Fue rebautizado como San Francisco de Navolato y dependió de la alcaldía mayor de San Pedro.

En el siglo XVIII ya se reconocían comunidades como San Pedro Toboloto, Bachimeto, Sataya, Otameto y La Vuelta. Más tarde, en 1852, fue alcaldía de la municipalidad de Culiacán.

La economía tuvo un parteaguas con el ingenio La Primavera, que inició operaciones el 11 de febrero de 1893. Aquel emporio azucarero marcó generaciones y dio identidad a la región cañera. Con el tiempo, el ingenio desapareció y solo quedaron sus ruinas como testigo de lo que fue.

La historia de la familia Yamaguchi también está ligada al sector cañero. El padre de don Antonio, Antonio Yamaguchi González, fue un líder nacional cañero reconocido, cuya memoria honra la popular Colonia Cañera. Esa raíz agrícola forjó en el hijo un carácter de cercanía con los productores y con la clase trabajadora.

Por circunstancias del destino, tras el fallecimiento del padre —quien había sido nombrado como primer alcalde— asumió la responsabilidad el hijo, Antonio Yamaguchi Hernández. Y cumplió. No solo ocupó el cargo, lo ejerció con el compromiso de quien entiende que el municipio era una conquista histórica.

Ser el primero no es sencillo. No hay precedentes, no hay manual. Todo inicio implica incertidumbre. Don Antonio tuvo que organizar el nuevo gobierno municipal, establecer prioridades y dar estabilidad en una etapa de transición. Su gestión permitió que Navolato comenzara a caminar con rumbo propio.

Después vendrían otros presidentes municipales, cada uno con su etapa y sus retos. Pero la historia siempre recordará que el primer nombre en la lista es el suyo.

Hoy, al despedirlo, Navolato no solo pierde a un expresidente municipal. Despide a un hombre que estuvo presente en el momento exacto en que el municipio empezó a escribir su propia historia. Un ciudadano de arraigo campesino que entendió que el progreso no llega solo: se gestiona, se construye y se defiende.

Se fue rodeado de su familia, pero también acompañado del reconocimiento de su pueblo. Porque hay cargos que duran tres años, y hay legados que duran generaciones.

Y en Navolato, cuando se hable del origen del municipio libre, siempre habrá un nombre que encabece la lista: Antonio Yamaguchi Hernández.

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