De pequeña pastelería en CDMX a un imperio con más de 170 sucursales: La historia de El Globo
La empresa fue fundada en 1884 por una familia italiana en colaboración de Giovanni Laposse, un francés experto en repostería. Aunque las cosas no siempre fueron fáciles para los emprendedores, eventualmente lograron establecer un imperio pastelero que a día de hoy se mantiene fuerte


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En el competitivo mundo de la repostería mexicana, pocas historias combinan tradición, resiliencia y crecimiento como la de Pastelería El Globo, que comenzó con una familia y un pequeño local en la capital, el cual gracias a sus buenos productos y estrategia de venta, logró convertirse en un imperio nacional.
Y es que a finales del siglo XIX, abrir una pastelería implicaba crear un espacio de encuentro para las familias, siendo este espíritu más su posición estratégica del Centro Histórico lo que impulsó el emprendimiento. No obstante, no todo fue fácil siempre, ya que incluso se vieron obligados a cerrar temporalmente durante una temporada.
A día de hoy, más de un siglo después, esa misma iniciativa es sinónimo de éxito, dado que el negocio logró reinventarse, expandirse y consolidarse en todo el territorio nacional, con más de 170 sucursales en 24 ciudades mexicanas, convirtiéndose en una de las panaderías favoritas de los mexicanos. Conoce la historia de El Globo.

¿Cómo surgió Pastelería El Globo?
La pastelería El Globo es una empresa con casi 150 años de historia que nació en la Ciudad de México, entre las calles que hoy conocemos como Madero e Isabel la Católica, y vivió grandes eventos que marcaron al país. Su nombre, inspirado en el globo aerostático, reflejaba una visión innovadora desde sus inicios.
La empresa fue fundada en 1884 por una familia italiana de apellido Tenconi en colaboración de Giovanni Laposse, un francés experto en repostería. Una de las etapas más determinantes del emprendimiento fue la Revolución Mexicana, que obligó a la pastelería a cerrar temporalmente sus puertas.
No fue hasta 1923 que reabrieron sus puertas, pero esta vez detrás del Palacio de Bellas Artes. Desde entonces, la marca comenzó un proceso sostenido de crecimiento, acompañando la expansión de la Ciudad de México y adaptándose a las necesidades de sus clientes, un aspecto fundamental de la compañía.

Su fama no solo se debe a la exquisitez de sus productos, sino también a su papel como testigo de la evolución de la capital mexicana y a su capacidad para adaptarse a los nuevos tiempos sin perder su esencia. A lo largo de generaciones, ha sido parte de celebraciones familiares, cumpleaños y momentos especiales.
La empresa continuó creciendo con la venta de pasteles y entrando en la década de los 60s, tuvieron su primera tienda dentro de un centro comercial, para más tarde implementar autoservicio y otros productos con crema y frutas. En cierto punto, El Globo se integró a Grupo Sanborns como parte de una estrategia de expansión.
Así, para 2005 ya tenía 174 sucursales en 18 ciudades y 4 plantas regionales, además de ser adquiridos por Grupo Bimbo por 1.350 millones de pesos. Al año siguiente, El Globo adquirió la marca El Molino. Actualmente, tiene presencia en 24 ciudades del país, siendo una de las cadenas más importantes.

Pastelería El Globo en la actualidad
La marca se distingue por mantener altos estándares de calidad en sus productos, así como por su constante innovación. El Globo es un lugar obligado para cualquier visitante a CDMX, ya sea para disfrutar de un delicioso desayuno, café con pan o postre especial. Es un sitio que ofrece una experiencia única e inolvidable.
En general, los panes tradicionales, como las conchas, los cuernitos, panques y trenzas, tienen un costo promedio de 35 pesos; sin embargo, todo dependerá de la pieza escogida; mientras que los pasteles cuestan entre 400 pesos y 500 pesos, según los sabores e ingredientes.
Más allá de las cifras, el verdadero valor de la marca radica en su conexión con los consumidores. Aunque las primeras sucursales del Centro Histórico ya no existen, El Globo continúa acompañado a las familias mexicanas en momentos cotidianos y celebraciones importantes, construyendo una relación basada en la confianza y el sabor.











