Rostros que no deben olvidarse: el mural del Centro Cultural de Costa Rica
Lo que comenzó como un proyecto colectivo entre maestros de artes se convirtió en el retrato más completo que tiene Costa Rica, Sinaloa, de sí misma: un mural en el Centro Cultural que crece, que espera y que nunca deja de contar.


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En la entrada del Centro Cultural de Costa Rica, Sinaloa, hay un mural que no es solo pintura. Es memoria colectiva plasmada en colores, un homenaje silencioso a quienes han dado motivos de orgullo a su comunidad.
Detrás de ese esfuerzo está Juan José Leyva, director del centro, quien ha impulsado este proyecto con la convicción de que los pueblos también necesitan verse reflejados en sus paredes.

Imágenes que cuentan historias
"Tratamos de recopilar a esos personajes que han puesto en alto el nombre de nuestro pueblo", explica Leyva. Y vaya que lo han logrado. El mural reúne figuras del deporte, el arte, la ciencia y las profesiones, construyendo un retrato de identidad que invita a las nuevas generaciones a detenerse, preguntar y conocer su historia.
El proyecto nació alrededor de 2018 o 2019, cuando el centro cultural acababa de abrir sus puertas. En aquel entonces varios maestros se sumaron para dar vida a esa primera etapa, la más extensa de todas. Con el tiempo, el mural fue creciendo por partes, casi como el pueblo mismo.

Pintorescos personajes de Costa Rica
Entre los rostros que lo habitan destacan los de Gonzalo Carrillo Facio y su compañero conocido como "Colega" Sámano, dos futbolistas que marcaron época en el Costa Rica FC, equipo que compitió en la primera fuerza del fútbol regional.
Junto a ellos, el mural también guarda otras escenas que definen la identidad del pueblo: un trío musical que ha amenizado generaciones de fiestas y reuniones.
Además de los cortadores de caña y el emblemático ingenio azucarero, símbolo del trabajo que durante décadas ha sostenido a la región. Son piezas que, igual que el fútbol, hablan de lo que ha sido y sigue siendo Costa Rica.

Costa Rica y su pasado contado a través de pinturas
El mural ya está ahí, a la vista de quien quiera verlo. Y mientras tanto, sigue cumpliendo su propósito más sencillo y más profundo: que alguien se detenga, lo mire y pregunte quién es ese señor. Esa pregunta, en sí misma, ya es un pedacito de memoria que se salva.









