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El kiosco de la Plazuela La Tambora, testigo silencioso de generaciones, vuelve a lucir su blanco original. Bajo su barandal, muchas familias han compartido tardes de charla, ferias patronales y primeros noviazgos; en sus bancas, los abuelos han contado historias que hoy siguen vivas en la memoria colectiva de la sindicatura de Costa Rica, Sinaloa.
Regresando el sentido de pertenencia
A finales del mes de julio ese espacio querido comenzó a recuperar su brillo. Manos voluntarias limpiaron, lavaron y retiraron capas de pintura vieja, para después vestir de blanco el barandal, las bancas y los árboles que dan sombra a quienes ahí se reúnen.

Más que una obra de mantenimiento es un gesto de cariño hacia un lugar que pertenece a todos.
La Plazuela La Tambora, en el corazón de la ciudad de Costa Rica no es solo un punto en el mapa: es el lugar donde la comunidad se encuentra, donde los niños juegan mientras los mayores conversan, donde se celebran fiestas y se viven despedidas.
Rehabilitarla es apostar desde la sociedad y la administración municipal, por la convivencia, por el encuentro cotidiano que fortalece los lazos entre vecinos, ahí la relevancia e importancia de que este espacio fuera embellecido.

Manos que vuelven a la vida un lugar especial
En esta labor de rehabilitar este espacio público en la calle principal de la sindicatura, participó, además de personal de la sindicatura de Costa Rica, también un grupo de jóvenes de voluntariado de la empresa Corteva, que se sumó con entusiasmo a la limpieza y pintura del sitio.

Ahora, la invitación es a cuidar lo que con esfuerzo se ha recuperado, pues este espacio también es responsabilidad de quienes lo disfrutan. Por ello, la emblemática Plazuela La Tambora vuelve a ser, para los pobladores de Costa Rica y sus alrededores, un símbolo de identidad y unión.











