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Para Ti

 Durante la Cuaresma y Semana Santa, el centro de Culiacán luce distinto. Entre el ruido cotidiano, aparecen figuras que no hablan, pero dicen mucho.

Son los "fariseos", herederos de una de las expresiones culturales más profundas del noroeste del país.

En Sonora y Sinaloa, los indígenas mayos-yoeme recrean la pasión y muerte de Jesús.

Su llegada a Culiacán

Algunas personas encuentran a los
Algunas personas encuentran a los "fariseos" en las calles y sienten temor por las máscaras de pieles. Foto: Lino Ceballos.

Cada año llegan a Culiacán para danzar por sus calles, acompañados por el sonido del tambor, los tenábaris y los cascabeles que resuenan en brazos, piernas y cintura.

Su presencia impone. Visten pantalón y camisa, huaraches de tres puntas o tejidos, falda negra o blanca, sabanilla estampada, cobija con barbas y un pañuelo rojo que simboliza la sangre de Cristo. Portan máscara de piel de venado, cabra o cuero de vaca. No es un disfraz. Es identidad, es promesa, es disciplina.

La máscara transforma. Al cubrir su rostro, dejan atrás su nombre y asumen el papel de quienes persiguieron a Jesús. Representan el mal, la tentación y el pecado dentro de la Pasión. Por eso no pueden hablar. El silencio es parte esencial del ritual.

No emitir palabra es un acto de penitencia. Es autocontrol y respeto. La comunicación se da con gestos o con el sonido de los coyolis y tenábaris. Romper el silencio sería romper la promesa.

El compromiso espiritual

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Los "fariseos" se abstienen de los placeres durante 40 días y hacen una ofrenda por el sacrificio de Jesucristo. Foto: Lino Ceballos.

Durante 40 días se abstienen de placeres y asumen un compromiso espiritual que culmina el Sábado de Gloria, cuando se retiran y queman la máscara. Ese acto simboliza el triunfo del bien y el renacimiento espiritual. Recuperan su identidad. Recuperan su voz.

En el Centro de Culiacán, entre miradas curiosas y monedas que algunos les entregan para sus ofrendas, los fariseos nos recuerdan que esta ciudad también es raíz, memoria y herencia indígena viva.

Más allá de lo religioso, su presencia fortalece el sentido de pertenencia. Es una tradición que se transmite de generación en generación en el sur de Sonora y el norte de Sinaloa, y que aquí, en las calles del Centro, encuentra un espacio para seguir latiendo. Verlos pasar no es casualidad. Es un privilegio.

Porque mientras caminan en silencio, nos hablan de quiénes somos.

Preguntas y respuestas
Jacqueline Sánchez Osuna
Jacqueline Sánchez Osuna

Jacqueline Sánchez Osuna. Licenciada en Ciencias de la Comunicación y periodista sinaloense con 22 años de trayectoria. Desde 2020 forma parte de la primera generación de periodistas en América Latina especializada en Periodismo Constructivo. Su trabajo se centra en el Periodismo de Paz y Proximidad, documentando historias que visibilizan soluciones, fortalecen el tejido social y ponen en el centro a las personas y sus comunidades.

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