El Pitón de Las Quintas es la enorme chimenea que pocos conocen y que guarda el origen industrial de Culiacán
Entre residencias y restaurantes de Las Quintas permanece en silencio “El Pitón”, uno de los últimos vestigios del primer ingenio azucarero de Sinaloa y símbolo de una época que transformó para siempre a Culiacán

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Hay lugares que forman parte del paisaje cotidiano de Culiacán y que, de tanto verlos, pareciera que olvidamos preguntarnos qué historia esconden.
Uno de ellos es “El Pitón” de Las Quintas. Esa enorme chimenea de ladrillo rojizo que se levanta cerca del restaurante Los Arcos, rodeada hoy de residencias y calles transitadas, es mucho más que una vieja estructura abandonada.
Es uno de los últimos vestigios de la primera etapa industrial de Sinaloa y una prueba silenciosa de que Culiacán, desde hace más de un siglo, ya era una tierra de trabajo, visión y progreso.
El primer ingenio azucarero de Sinaloa
De acuerdo con la información histórica de Jaime Félix Pico, ahí funcionó el ingenio azucarero “La Aurora”, considerado el primero establecido en Sinaloa.
Fundado en 1876 por la familia Redo, el lugar llegó a producir cientos de toneladas de azúcar y aguardiente cada año, además de generar empleo para cientos de trabajadores.
Muy cerca también operaba “El Coloso”, una fábrica textil que producía manta, mezclilla y telas que abastecían a distintas regiones del país.
Ambas industrias fueron impulsadas por la poderosa familia Redo De la Vega, una de las más influyentes económicamente y políticamente durante el Porfiriato en Sinaloa.
Aquella zona que hoy conocemos como Las Quintas fue, en realidad, el primer corredor industrial de Culiacán.
Por ahí corrían canales de agua provenientes del río Tamazula, había huertas, trabajadores, telares y maquinaria moderna para la época. La ciudad comenzaba a transformarse mientras el país avanzaba hacia una etapa de industrialización impulsada por el gobierno de Porfirio Díaz.
El legado del ingenio azucarero La Aurora en Sinaloa

Pero la historia también cambió con la Revolución Mexicana. En 1911, durante la toma de Culiacán por fuerzas revolucionarias, tanto La Aurora como El Coloso fueron incendiados y quedaron reducidos a ruinas.
Con el tiempo, casi todo desapareció. Casi todo. Porque “El Pitón” sigue ahí. De pie. Silencioso. Resistiendo el paso de los años entre el crecimiento urbano y la vida moderna de la ciudad.
Quizá lo más triste es que muchos pasan frente a él sin conocer su importancia. No existe una placa, un letrero o una explicación que le cuente a las nuevas generaciones qué representa ese enorme monumento de ladrillo que aún domina el paisaje de Las Quintas.
Y sin embargo, ahí permanece, recordándonos que Culiacán no solamente tiene historia agrícola o comercial, sino también industrial. Que esta ciudad fue levantada por gente visionaria, trabajadora y emprendedora mucho antes de convertirse en la capital moderna que hoy conocemos.
Porque a veces el orgullo de pertenencia también nace de entender lo que hubo antes de nosotros.








