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Culiacán, Sinaloa. - Hubo un tiempo en que los niños de la colonia Lázaro Cárdenas aceleraban el paso al llegar a aquella esquina. El abandono había convertido el lugar en un sitio que preferían dejar atrás, especialmente cuando iban rumbo a la escuela.

Niñas y niños transforman una esquina de la Lázaro Cárdenas en Culiacán
Ahora sucede lo contrario. Los pequeños se acercan, juegan y miran con orgullo una pared que guarda algo de ellos. Se llama Todo florece con amor y nació de una idea sencilla: reunir a las familias alrededor del arte para darle un nuevo significado a un rincón que durante años permaneció olvidado.
La iniciativa fue impulsada por la organización Codo a Codo, en coordinación con el proyecto Vamos Pintando, con la participación del artista Mashiel Valdez, quien creció en este mismo sector popular.
La propuesta tomó un sentido especial al involucrar a quienes serán parte de la nueva vida del centro comunitario: las niñas y los niños.

Mashiel les pidió que imaginaran un mundo y lo dibujaran. Cada uno plasmó en el papel aquello que soñaba, pensaba o quería expresar. Después, algunos de esos trazos, rostros y formas llegaron a la pared para convertirse en parte de una obra que ahora pueden reconocer como propia.
Entre quienes participaron estuvieron los hermanos Ashley y Jesús.
Ashley Nicole conoce de cerca lo que representa ese cambio. Antes sentía temor al pasar por ahí rumbo a la escuela; ahora espera que el centro comunitario sea un sitio al que ella y otros pequeños puedan acudir para aprender, jugar y pasar buenos momentos.
“Quedó muy bonito el mural, pero me pone más feliz que el centro comunitario será un lugar donde acudiremos más niños a aprender y pasar ratos divertidos”, comentó.

Su entusiasmo no se quedó entre los pequeños. Los niños invitaron a otros vecinos a participar y, mientras Mashiel avanzaba con sus pinceles, familias del sector se sumaron a las labores para acondicionar el inmueble y prepararlo para una nueva etapa.
De esa manera, el proyecto dejó de ser solamente una intervención artística y comenzó a convertirse en una tarea compartida.
Para la niña Nayeli Abigail, la jornada también significó descubrir una nueva manera de mirar aquella esquina. Lo que durante mucho tiempo permaneció olvidado ahora forma parte de una iniciativa pensada para propiciar encuentros, aprendizaje y convivencia entre las familias.

Jesús Alexander encontró una motivación especial en la actividad. Le gusta dibujar y disfrutó cada momento junto a Mashiel y los demás participantes. Su entusiasmo también animó a otros pequeños a acercarse, imaginar y plasmar su creatividad.
Y mientras los dibujos tomaban forma, también crecía entre ellos una responsabilidad sencilla pero importante: cuidar aquello en lo que habían participado.
Para Mashiel, regresar a este sector tuvo un significado especial. Aquí creció, caminó por sus calles y construyó parte de sus propios recuerdos. Esta vez volvió con sus pinceles para compartir su talento con las nuevas generaciones y dejar una obra en la que también quedaron plasmadas sus ideas.

Así, Todo florece con amor reunió pasado y presente en una misma pared: los recuerdos de quien creció en estas calles y la imaginación de quienes ahora comienzan a construir los suyos.
Durante la inauguración, Cristina Castro, representante de Codo a Codo, informó que continuarán las acciones dirigidas especialmente a niñas, niños y adolescentes, de la mano del presbítero Manuel Sauceda Navarro, a quien agradeció su respaldo.
La intención es impulsar talleres y actividades en el centro comunitario, además de escuchar las propuestas de los propios habitantes. La meta es que las familias encuentren ahí un punto de encuentro para aprender, convivir y participar en acciones que contribuyan a construir paz.
Como parte de la celebración también se realizó un bazar. Lo recaudado será destinado a continuar con las mejoras del inmueble y hacer posible que más actividades lleguen a las familias del sector sur de la capital sinaloense.

Quizá por eso, las palabras de Ashley resumen lo que realmente representa este proyecto. Para ella, lo más valioso no está solamente en los colores que ahora alegran la pared, sino en saber que pronto muchos niños podrán llegar para aprender, jugar y compartir.
Antes, aquella esquina invitaba a pasar de largo. Ahora, los pequeños pueden detenerse y encontrar en ella algo que les pertenece: sus dibujos, sus ideas y el recuerdo de haber participado para hacerla diferente.
Ese es el cambio que va más allá de la pintura: cuando un niño se reconoce en lo que existe a su alrededor, también inicia a sentirse parte de ello y a querer cuidarlo.
Eso es Todo florece con amor: una obra que nació de los pinceles y de la imaginación de los niños, pero que empieza a echar raíces en la vida de la colonia Lázaro Cárdenas.



































