Estuvo a punto de desaparecer, pero hoy vende miles de tenis al día: ellos son los dueños de Panam
Panam pasó de convertirse en un símbolo de las escuelas mexicanas a enfrentar una fuerte crisis frente a gigantes internacionales como Nike y Adidas. Descubre quiénes son sus dueños y fueron clave en su reinvención


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Durante décadas, los tenis Panam formaron parte de la vida de millones de mexicanos. Para muchos, fueron el calzado de las clases de educación física, los recreos y las caminatas escolares en los años 70, 80 y parte de los 90, e incluso se han mantenido vigentes hasta 2026.
Sin embargo, la historia de Panam no ha estado exenta de retos, ya que con el paso de las décadas y la llegada de marcas internacionales de calzado deportivo, llegó a estar en riesgo la permanencia de una de las firmas más emblemáticas del país.
Lo que parecía una marca destinada al olvido terminó por reinventarse para conquistar a nuevas generaciones. Detrás de la transformación de Panam se encuentra la familia Pérez y un grupo de directivos que apostaron por rescatar el valor cultural y comercial de la marca.
Los dueños que rescataron a Panam del olvido
Aunque Panam fue fundada en 1962, el cambio que redefinió su historia comenzó varias décadas después. Andrés y Nuri Pérez, socios de la compañía, detectaron que la marca todavía tenía un enorme potencial pese a la caída que sufrió tras el dominio de gigantes como Adidas, Converse y Nike en México.
La oportunidad de transformar el negocio surgió en 2012, cuando Andrés Pérez conoció a José Eduardo López, quien trabajaba en alianzas estratégicas de Adidas Originals. Ambos coincidieron en que Panam tenía todos los elementos necesarios para competir nuevamente: historia, identidad mexicana, calidad y una fábrica sólida.

A partir de ahí comenzó una profunda reestructuración de la marca. Eduardo López se integró al equipo estratégico y uno de los primeros cambios fue replantear completamente la distribución y la imagen de Panam.
Cómo Panam volvió a ponerse de moda
La primera apuesta para relanzar la marca no funcionó como se esperaba. Panam abrió una tienda en un centro comercial de Cuautitlán Izcalli, cerca de su fábrica, pero el concepto no logró conectar con el público adecuado.
Lejos de abandonar el proyecto, la empresa entendió que necesitaba acercarse a consumidores jóvenes y urbanos. Fue así como surgió la idea de abrir una nueva tienda en la colonia Condesa, en Ciudad de México, una zona clave para las nuevas tendencias y el consumo cultural.

Panam comenzó a invertir más en redes sociales, mejoró la calidad de sus campañas y apostó por una identidad basada en el orgullo mexicano, el diseño urbano y la nostalgia modernizada. Poco a poco, las nuevas generaciones comenzaron a descubrir una marca que muchos creían desaparecida.
Actualmente, Panam cuenta con alrededor de 220 tiendas en México, la mayoría bajo modelo de franquicia. Además, logró expandirse a tiendas departamentales y fortalecer sus ventas en línea.
La estrategia también evolucionó hacia nuevos diseños y líneas urbanas. La empresa dejó de enfocarse únicamente en el tenis clásico escolar y comenzó a lanzar botines, colaboraciones y colecciones con estilos más modernos.
Hoy la marca produce cerca de 400 mil pares mensuales y exporta parte de su producción a países como España, Alemania, Colombia y Costa Rica, además de buscar expandirse hacia Estados Unidos.
En su planta de Cuautitlán Izcalli se fabrican más de 15 mil tenis diarios, manteniendo una producción nacional que se ha convertido en parte importante de la identidad de la empresa.

Uno de los factores clave para el renacimiento de Panam fue entender que la marca no podía vivir únicamente de la nostalgia. Andrés y Nuri Pérez y su equipo apostaron por hablar el lenguaje de las nuevas generaciones, mezclando moda, música, cultura urbana y redes sociales.
La empresa también comenzó a lanzar hasta 600 modelos distintos por temporada, además de presentar nuevas colecciones con meses de anticipación, algo poco común en sus primeros años.
La historia de Panam es un ejemplo inspirador de cómo una marca tradicional puede reinventarse sin perder su esencia. Lo que comenzó como un calzado escolar terminó convirtiéndose en un símbolo de identidad mexicana que logró sobrevivir a la competencia internacional y reinventarse para conectar con nuevas generaciones.










