Marisela es la sobadora de la Plazuela Obregón que alivia el cuerpo y el alma
Desde hace 25 años, Marisela Audelo se instala entre las jardineras de la Plazuela Obregón para sobar dolencias y aliviar tensiones.

A simple vista, parece una mañana cualquiera en la Plazuela Obregón. El ir y venir de la gente, el ruido de los autos, el sonido de los pájaros en los árboles.
Pero en una de las jardineras, a un costado de Catedral, hay una escena que se repite todos los días: una mujer de manos firmes y sonrisa tranquila alivia el dolor de alguien más.
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La sobadora de la Plazuela de Catedral

Es Marisela Audelo, mejor conocida como Doña Mari, la sobadora que desde hace 25 años ha hecho de este espacio su consultorio al aire libre.
Sin carteles, sin citas previas, sin intermediarios. 'Nomás lleguen', dice con sencillez. Su trabajo se ha dado a conocer de boca en boca, porque quien pasa por sus manos no solo encuentra alivio físico, sino también un consejo oportuno o unas palabras de aliento.
La gente la recomienda por buena sobadora

'Yo no me anuncio, la misma gente me recomienda', comenta con humildad para Tus Buenas Noticias. Y no es difícil entender por qué.
Con solo 50 pesos, Doña Mari ayuda a personas con dolor de ciática, escoliosis, torceduras y tensión muscular. 'Cobra barato', dicen sus clientes, pero ella lo tiene claro: 'Yo no vengo a hacer un negocio, vengo a ayudar, a servir'.
Descubrió su vocación por ayudar a otros

Nació en un pueblo de Sonora que ya no existe, Mocusa, un lugar que desapareció cuando construyeron una presa. 'Nos tuvimos que mover porque mi papá trabajaba en eso, en las obras hidráulicas', recuerda. Su infancia fue de constantes mudanzas, hasta que su familia se estableció en Culiacán.
Aquí creció y aquí también descubrió su vocación. Aprendió técnicas de sanación con un maestro llamado René May, pero con el tiempo desarrolló su propio método.
'Uso codos, rodillas, y tengo mis propios aparatos para dar masajes', explica. Aunque algunos dicen que tiene un don, ella prefiere no ponerle nombre. Solo sabe que le gusta lo que hace y que le sale natural.
¿Cómo encontrarla?

'Para mí no es cansado, yo puedo dar terapias todo el día y me siento bien. Hasta me voy a bailar dos horas después', dice entre risas.
A Doña Mari se le puede encontrar de lunes a viernes, de 10 de la mañana a 4 de la tarde. No usa teléfono, no maneja redes sociales, no hace citas. Su presencia en la plazuela es su única publicidad.
Además del masaje, ofrece algo que no se cobra: palabras de aliento. 'A veces llegan personas deprimidas, con la autoestima baja, y aparte del masaje, yo les digo: aprenda a sonreír. Eso es lo primero'.
Un estilo de vida sencillo que transmite paz
Su manera de ver la vida es sencilla: 'Cada quien se busca su problema, y cada quien ve cómo salir', dice con convicción. Quizá por eso, a sus 71 años, transmite una paz que contagia. '¿En serio tiene 71? Se ve bien joven', le dicen a menudo. Ella solo sonríe.
Y así, entre las sombras de los árboles y el sonido de la ciudad, Doña Mari sigue haciendo lo suyo: sobar dolencias, aliviar tensiones y, sin proponérselo, regalar un poco de tranquilidad a quienes pasan por sus manos.