La vida de Rosario y su lucha contra el cáncer, un paso de esperanza en Mazatlán
María del Rosario Fregoso Ornelas es sinónimo de resiliencia, su vida ha sido una constante lucha que ella enfrenta con alegría y optimismo


Originaria de Tecuala Nayarit, María del Rosario Fregoso Ornelas llegó con su familia a Mazatlán muy pequeña, desde los cinco años de edad reside en la colonia Rafael Buelna en el sector Urías de Mazatlán.
La vida de “Chayo” como la llaman sus amigos, desde el principio fue dura, con once hermanos y una situación económica precaria en casa. Le tocó trabajar desde pequeña, sus hermanos y ella pelaban y descabezaban camarón de madrugada en una congeladora de la zona.
Al mismo tiempo que estudiaba, Chayo ayudaba en el hogar y desde temprana edad sus padres le dieron la responsabilidad de encargarse de la casa y de sus hermanos.
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Sin embargo, las responsabilidades del hogar no fueron impedimento para que Rosario continuara con sus estudios, a pesar de que no tenía el apoyo deseado de sus padres, por la misma situación económica, ella busco la manera de prepararse y lo logró.
“Prácticamente desde los 8 años trabajé, gracias a Dios estudié también, tuve la oportunidad de ir a la primaria, a la secundaria, estudié preparatoria en el Cobaes 38 y después estudié un curso sabatino de secretariado comercial en El Rosario Sinaloa”, explica.
El inicio de una vida emprendedora
A los 16 años Rosario, que ya sabía lo que era trabajar, tuvo una idea emprendedora, su papá era ostionero y ella lo acompañaba desde sus 10 años a sacar los ostiones de la concha para venderle a quienes paseaban por la playa de la zona dorada.
Empezó a comprarle mercancía a su papá para revenderla y así logró ganar algo de dinero que le permitía mantenerse sin necesidad de depender de su familia.
“Ganando mi dinerito me metí a estudiar de nuevo, sí me gustaba la escuela, desgraciadamente no hubo recursos para que yo estudiara una carrera universitaria”, señala Rosario.
Madre a los 22 años
Después de la preparatoria Rosario estudió secretariado comercial y en municipio de El Rosario conoció al papá de su primer hijo.
A los 22 años se embarazó y aunque su pareja no se hizo responsable del bebé y sus padres la corrieron de su casa, Chayo una vez más salió adelante, con la determinación que la caracteriza desde niña y la responsabilidad de mantener a un pequeño que ahora dependía completamente de ella.
“Me vine con unos padrinos a Urías, tiempo después mi mamá me habló porque ella se iba a ir a Mexicali, me pidió que me hiciera cargo de la casa y de los que se iban a quedar aquí, así fue como regresé con ellos”, relata.
Con su embarazo avanzado Chayo entró a trabajar a una cartonera y luego a una refaccionaria. Después de tener a su bebé entró a trabajar a la cooperativa donde su papá era socio, pero por su carácter fuerte y al no aceptar abusos de autoridad pronto la dieron de baja de ese lugar.
Independencia y trabajo en la comunidad
Antes de que su hijo cumpliera un año Rosario decidió independizarse definitivamente, dejó de nuevo la casa de sus padres y rentó un lugar cerca, en la misa colonia.
Su hijo empezó a crecer y a estudiar mientras ella se dedicó al comercio, empezó a trabajar en la cooperativa de la escuela primaria Vicente Guerrero desde su fundación. En el mismo plantel se involucró en acciones de mejora para la primaria.
“Fui parte del comité (de padres de familia) pero yo no necesitaba tener un cargo para trabajar por algo para la comunidad, es parte de mi vocación, me gusta ayudar en lo que está en mis manos. Yo luché para que nos bardearan la escuela, pedimos apoyo en el Club de Leones”, recuerda.
Rosario también colaboró con la capilla católica de su comunidad y fue catequista en la iglesia, donde muchos niños, que ella misma preparó, la eligieron como madrina de primera comunión.
“Muchos niños hicieron la primera comunión y muchos me hicieron su madrina, tengo como unos 50 ahijados”, dice divertida.
A los siete años de que naciera su primer hijo Rosario decidió tener a su segundo hijo, así su familia creció y ella como madre soltera continuó trabajando sin descanso para sacarlos adelante.
El comercio, vocación que le ha dado mucho
Rosario empezó a vender dulces afuera de su casa que está justo frente al Jardín de Niños Rafael Buelna, con el ingreso que obtenía le alcanzaba para vivir con sus hijos.
Al tiempo Chayo empezó a participar en campañas políticas, así logró que un alcalde al que ella apoyó le ayudara con un permiso para venta afuera de las oficinas centrales de la Junta de Agua Potable, donde ha ejercido el comercio desde hace 20 años.
“Mi hijo tenía siete años cuando llegamos a Jumapam a vender, nos íbamos en la ruta del camión con la mercancía, como pude alguien me ayudó a llevar una mesa pesada y poco a poco compré vitrinas, una sombrilla y empecé a pagar una auriga porque cada vez llevaba más productos”.
Este emprendimiento le permitió a Chayo construir una vivienda digna para ella y para sus hijos. Además, buscó otras oportunidades, que con sus contactos en la política se dieron un poco más fácil.
Consiguió el permiso de vender en las audiencias públicas, luego en donde entregaban los apoyos del programa oportunidades, también en la playa o donde hubiera eventos que le representaran una buena ganancia.
“En las oficinas de oportunidades que ahora son del bienestar era una semana de venta que valía la pena, vendía paquetes de cuatro tacos guisados, tacos dorados, tostadas de carne, ceviche de camarón, de cochito, de calamar, aguas frescas, aguas naturales, refrescos, fruta y dulces, mi niño chiquito me acompañaba”, dice.
El reto más grande
Toda una vida de desafíos no preparó a Chayo para el reto más grande que hoy enfrenta: el cáncer de mama. En 2023 fue diagnosticada y a partir de entonces ha estado en tratamiento, lo que le impide ir a trabajar a su puesto.
“Yo agarré el toro por los cuernos, yo ya sabía que con el tratamiento se me iba a caer el pelo, que me iban a quitar mi busto, lo que nunca pensé es que iba a estar sin poder trabajar, lo primero que pensé fue: me voy a morir de hambre”, dice.
Pero en el momento más complicado su hijo mayor fue quien la apoyó y le aseguró que todo iba a estar bien. Chayo empezó su tratamiento en marzo de 2024, recibió 4 quimioterapias muy fuertes, luego otras doce sesiones semanales; le hicieron una mastectomía y recibió 20 sesiones de radio terapia.
Aunque al principio no resintió físicamente, tuvo un accidente a raíz del cual empezó a tener mayor malestar. Su visión se afectó y hasta el día de hoy no tiene la fuerza suficiente para regresar a trabajar.
La alegría de vivir
Chayo es resiliente, a cada prueba le busca una solución con optimismo, es dueña de una fortaleza emocional única, se sabe adaptar a cada situación que la vida le presenta y enfrenta los desafíos con determinación.Cada año, desde muy joven, hace fiesta en su cumpleaños porque le gusta celebrar la vida, le gusta bailar toda la noche en las fiestas retro y jugar lotería. Su participación en la política es parte de su gusto por compartir con su comunidad y tratar de ayudar a los demás.
Pero sobre todo Chayo tiene fe, confía en que saldrá adelante de esta dura prueba.
“Dios me ha dado la fortaleza para seguir luchando y salir adelante, siempre agradezco, Dios no nos manda pruebas que no podamos soportar”, asegura.
Rosario agradece el apoyo de su familia y de su comunidad, con eventos de beneficencia y donaciones ha logrado mantenerse mientras está imposibilitada de regresar al trabajo, pero se mantiene optimista y confía en que pronto regresará a su actividad como comerciante.
En cada batalla que enfrentamos, la esperanza se convierte en nuestra armadura, y Chayo nos enseña que, con fe y determinación, siempre hay un nuevo amanecer. Haz que su amanecer sea soleado, ayúdala hoy.
Teléfono de contacto: 6699189380.