Carnaval de Mazatlán: 128 años de tradición, alegría e identidad
La evolución del Carnaval de Mazatlán ha forjado un legado cultural que se transmite por generaciones de mazatlecos que aman su máxima fiesta y la celebran año con años en cada rincón del puerto con alegría de corazón.


El Carnaval de Mazatlán no solo es la “fiesta de la carne” que se celebra cada año cinco días antes del miércoles de ceniza, es la máxima fiesta mazatleca, la tradición más arraigada en las familias “pata saladas” que con orgullo transmiten de generación en generación el amor y la pasión por el Carnaval.
La historia de la fiesta se remonta a una tradición europea, que al llegar a México, se arraigó en el puerto. Los primeros 70 años fue como una celebración natural y espontánea, algo caótica, que durante el siglo XIX se nombró los “Juegos de Harina”.
Los mazatlecos divididos en dos grupos representaban a los barrios en una lucha callejera festiva con música y otros elementos como los cascarones y bolsitas de harina, y en el anonimato que daban las máscaras se entregaban a la fiesta. 
Fue el 1898 cuando la autoridad municipal, al ver que las prohibiciones entorno a los excesos de la fiesta de la harina no tenían resultados, decidió poner orden y proponer una fiesta más organizada e incluyente.
“Se desterró la harina, se sustituyó por el confeti y la serpentina y se hizo una procesión de gente disfrazada y con vehículos para compartir el festejo en la ciudad, así pudo más el sentido incluyente de la autoridad encausando la fiesta con orden y estructura e incorporando a todos”, explica el Cronista de la Ciudad, Enrique Vega Ayala.
El Rey del Carnaval: la primera figura de la realeza carnestolenda
Originalmente en 1898 con la reestructuración de la fiesta uno de los elementos que se incorporó en el desfile fue un mariscal, quien iba al frente de la procesión e incorporaba el tono chusco y la narrativa del carnaval que pretendía con humor sacarse los trapitos al sol en los martes de coplas.
Se pensó en una figura mazatleca que tuviera buen discurso y humor, y lo incorporaron como Rey del Carnaval.
El primer ungido como “rey de la locura” fue Gerardo de la Vega, quien presidió la primera procesión de carros y bicicletas adornadas que reunió a los mazatlecos en las calles de la Plazuela Machado.
Aunque fue la primera figura de la realeza carnestolenda, el Rey fue intermitente y para los años 30´s empezaba a decaer, pues las Reinas del Carnaval ganaron fuerza y relevancia en la fiesta.
“Hasta los 60´s empieza a reaparecer la figura porque había auto proclamados, reyes feos que querían ser los mariscales de la fiesta, figuras centrales del carnaval sin corona oficial del comité”, señala Vega Ayala.
Entonces se introdujo en la historia del Carnaval la contienda por el Rey del Carnaval que adquirió el título de Rey de la Alegría hasta la década de los 80´s.
“A finales de los 60 el primero en lanzarse al reinado del Carnaval fue el ‘Tío Pifas’ un locutor de nombre Adolfo Güemes, que trabajaba en La Rancherita de Mazatlán”.

La historia de los reyes del carnaval ha tenido altibajos a partir de entonces, sin embargo, la participación de figuras públicas importantes, como artistas y personajes queridos por la comunidad ha logrado darle realce de nuevo a esta figura que hoy por hoy es entrañable dentro de la fiesta.
La Reina del Carnaval: belleza que representa la fuerza de las mujeres mazatlecas
En 1900, dos años después de que el Carnaval se reorganizara, surgió la necesidad de que las mujeres tuvieran mayor participación en la fiesta y se logró a través de la figura de “consorte” del Rey.
La primera acompañante del Rey del Carnaval que presidió junto con él la celebración fue Winnie Farmer, joven que para aceptar la invitación puso algunas condiciones en términos de respeto y sugirió que el desfile del martes fuera una cabalgata. 
“Cabalgata que ella presidió, por eso la foto más conocida de Winnie es vestida de amazona, y así se convirtió en la primera Reina del Carnaval, no en todos los años siguientes hubo señoritas que aceptaran participar, pero la presencia femenina fue ganando relevancia”, asegura el Cronista de la Ciudad.
Con el tiempo se encontró la fórmula en la que si había más de una interesada se hacía un concurso.
La Reina era electa mediante cupones que aparecían en el periódico, después se cambió al voto económico y luego al “corcholatazo”, hasta que en la década de los 70´s el formato de elección evolucionó emparejado a otros certámenes calificando el criterio y belleza de las participantes.
Las Reinas del Carnaval son la representación misma de la belleza mazatleca y el arraigo de una tradición que enaltece la participación femenina en la vida del puerto.
Juegos Florales: el arte y la cultura en el corazón del Carnaval
El arte y la cultura son símbolos distintivos del Carnaval de Mazatlán. Los sectores formalmente ligados a las bellas artes se involucraron en el desarrollo de la fiesta y generaron su aportación particular en la celebración.
“Con motivo de la reunión colectiva que implicaba la fiesta, se reunían los poetas los escritores y hacían veladas en las que se disfrutaba a su manera de la literatura”.
En 1906 se hizo un primer concurso de juegos florales con motivo de la celebración del centenario del origen de Mazatlán, pero fue hasta 1925 en la Exposición Nacional del Noroeste donde se pretendía impulsar la economía de Sinaloa después de la Revolución, donde se desarrolló el primer evento de Juegos Florales que desencadena lo que ahora es la tradición del Premio de Literatura Clemencia Isaura. 
El 1928 se integró este evento por primera vez a un Carnaval, pero fue hasta 1937 cuando se decidió que la candidata que ganara la segunda posición en la elección de reinas fuera coronada como soberana de los Juegos Florales.
El Premio Mazatlán de Literatura se instauró en 1965 y llegó para reforzar la importancia de las bellas artes en el Carnaval, cuya Reina de los Juegos Florales representa la fuerza cultural de la máxima fiesta mazatleca.
Reinados infantiles: fantasía y esperanza que engalanan la fiesta
Desde 1900 empezaron a hacerse los primeros concursos de niños disfrazados en el carnaval.
Para la década de los 20´s después de la Revolución familias de barrios mazatlecos se empezaron a organizar para hacer carrozas infantiles que fueron incluidas por el comité del Carnaval, práctica que duró hasta los 30´s.
Los desfiles infantiles se mantuvieron en la zona de Playa Sur y se realizaban en abril, después de concluido el Carnaval de los adultos.
A finales de los 60 la participación de los niños se oficializó en la fiesta, integrando la contienda al Reinado Infantil, que desde entonces es electa mediante votos económicos. 
La soberana infantil del Carnaval de Mazatlán es coronada y tiene participación en los desfiles de domingo y martes, logrando una presencia relevante de la niñez mazatleca en los festejos cuyo colorido y fantasía enamora a los más pequeños.
Con 128 años de historia, el Carnaval de Mazatlán no solo celebra la alegría y el colorido de sus tradiciones, es una institución que forma parte del conjunto de fenómenos y circunstancias que generan identidad y sentido de pertenencia en la población mazatleca.
A través de los años, esta fiesta ha evolucionado, convirtiéndose en un espacio donde cada voz cuenta y cada historia se celebra como un legado cultural que enaltece la identidad mazatleca, uniendo corazones y celebrando la vida en cada rincón del puerto.


















