Renata Cuéllar dejó su música y su vocación en generaciones de Navolato
Maestra en la Secundaria Simón Bolívar, dedicó su vida a la enseñanza y a la música.

La vida de Renata Cuéllar Zazueta estuvo marcada por la educación, la música y el compromiso con su Navolato.
Nació en el seno de una familia arraigada a la vida cultural y social del municipio. Fue hija del doctor Fortino Cuéllar y de Rina Zazueta, y desde temprana edad mostró una inteligencia musical que definiría su camino.
Creció rodeada de música, tomando clases de instrumento por nota y desarrollando un talento que con el tiempo compartiría con generaciones enteras.
Vivió su infancia junto a sus hermanas Rina y Lourdes, dentro de la conocida dinastía Cuéllar, una familia con fuerte presencia en la historia local.
Parte de esa historia se forjó en la casa que hoy alberga la Casa de la Cultura de la UAS, espacio que fue hogar de sus padres y que simboliza el vínculo de Renata con el arte y la educación.
Vocación docente y legado en la educación artística

Su vocación docente se consolidó en 1976, cuando ingresó como maestra de Educación Artística a la entonces nueva Escuela Secundaria Federal, hoy Simón Bolívar. Ahí permanecería durante casi tres décadas, hasta su jubilación en 2003, dejando una huella profunda en la formación artística y humana de sus alumnos.
Renata Cuéllar fue una mujer preparada. Estudió Administración de Empresas, y más tarde se formó profesionalmente en Educación Artística en el Instituto Nacional de Bellas Artes. Su preparación se reflejaba en el aula, donde la música no era solo una materia, sino una forma de expresión y disciplina.
Quienes fueron sus alumnos la recuerdan por su carácter firme y sensible, por la manera en que hacía de la flauta, del canto y de cada nota una experiencia compartida. Su mirada atenta, su exigencia acompañada de respeto y su amor por la enseñanza marcaron a muchas generaciones.
Impacto en la comunidad y despedida
Tras su reciente fallecimiento en Navolato, su ausencia se siente en las aulas, en los recuerdos y en la memoria de quienes aprendieron con ella. Su vida fue testimonio de que la educación y el arte pueden transformar, acompañar y dejar huella.
Hoy, Navolato despide a una maestra que enseñó con música, disciplina y corazón. Su legado permanece.











