Francisco Meza y su amor por Culiacán lo convirtieron en el plomero de confianza de cientos de familias desde Bugambilias
La historia de Francisco que empezó como ayudante a los 17 años, llegó a la ciudad sin conocer a nadie y, con disciplina y amor por su oficio, construyó una clientela fiel que hoy lo respalda desde Culiacán


Hay historias que no aparecen en espectaculares ni se vuelven virales en redes sociales, pero que sostienen silenciosamente la vida cotidiana de una ciudad.
A sus 52 años, este plomero que hoy atiende entre 150 y 200 clientes en Culiacán recuerda con claridad el momento en que todo comenzó. Tenía apenas 17 años cuando entró como ayudante en una obra.
No soñaba con dedicarse a la plomería; simplemente estaba dispuesto a trabajar. Sin embargo, lo que empezó como una oportunidad casual terminó despertando en él una vocación inesperada.
Descubrió que le gustaba resolver lo complicado. Entender por dónde debía correr el agua, calcular pendientes exactas, evitar errores que pudieran afectar toda una instalación. No era un trabajo improvisado: era precisión, técnica y responsabilidad.
Esa exigencia técnica fue la que lo atrapó y lo formó durante años en obras y fraccionamientos, donde participó en instalaciones completas de redes hidráulicas en sectores como Aguaruto, San Javier y hasta el mismo sector Bugambilias.
La plomería, para Francisco Meza, nunca fue solo un oficio manual: fue un ejercicio constante de precisión, cálculo y responsabilidad que lo formó durante más de 30 años.

Empezar de nuevo en una ciudad que no lo conocía
Aunque hoy su nombre circula de boca en boca entre cientos de familias, Francisco no nació en Culiacán. Es originario de Baja California Sur y trabajó durante años en Los Cabos, en plena expansión turística. Había obra, había movimiento, había ingresos importantes.
Pero su historia dio un giro cuando decidió mudarse a Culiacán junto a su esposa y su hija. La salud de la pequeña fue determinante: el clima aquí le ayudó a mejorar. Lo que sería un cambio temporal terminó convirtiéndose en 14 años de vida y arraigo.
Yo llegué sin conocer a nadie, y Culiacán me abrió las puertas. Aquí la gente es muy buena, muy noble. Por eso le tengo tanto cariño a esta ciudad.”, menciona con mucho cariño por la ciudad.
El inicio fue difícil. Llegó sin clientes, sin contactos y sin un nombre que lo respaldara. Trabajó primero como ayudante y después en una gasolinera mientras buscaba la forma de independizarse. Cuando finalmente lo hizo, la realidad fue modesta: su primera semana ganó apenas 800 pesos. Sin embargo, nunca dejó que eso lo desanimara.
Recorría el sector Valles del Sol en bicicleta buscando oportunidades. Su esposa hacía pequeños papelitos con su número telefónico y los repartía. Así comenzaron a llegar las primeras reparaciones: fugas pequeñas, cambios de llaves, instalaciones sencillas. Durante casi dos años, ese sector lo sostuvo.
Con el tiempo, la constancia hizo lo suyo. Pasaron tres o cuatro años antes de sentirse verdaderamente establecido, pero poco a poco su trabajo empezó a recomendarlo por sí solo.

Construir confianza más allá de las tuberías
Hace siete años se consolidó formalmente como trabajador independiente bajo el nombre Servicio de Plomería Meza. Convertirse en su propio patrón implicó asumir riesgos: no hay sueldo fijo, no hay aguinaldo ni vacaciones pagadas. Si no trabaja, no gana.
Aun así, eligió la libertad de responder directamente por su trabajo. Prefiere trabajar por proyecto terminado, convencido de que lo importante no es el tiempo invertido, sino la calidad del resultado. Esa mentalidad lo ha llevado a realizar instalaciones extensas en comunidades y fraccionamientos.
Su sello personal es el respeto. Respeto por el cliente, por la casa que lo recibe y por el oficio que ejerce. Si rompe una pared, la repara; si debe pintar completo para que el acabado quede impecable, lo hace. No concibe entregar algo a medias.
Más que instalar tuberías, Francisco ha construido algo mucho más sólido: una reputación basada en respeto, constancia y amor por su trabajo. Hoy muchos clientes lo esperan porque saben que su trabajo es detallado, que no improvisa y que deja todo mejor de como lo encontró.
Después de más de tres décadas de experiencia, Francisco entiende que no solo ha trabajado con agua y drenaje. Ha construido confianza en una ciudad que al principio no lo conocía, pero que hoy lo reconoce.
A Culiacán lo amo. Aquí crecí como trabajador independiente, aquí me dieron la oportunidad cuando nadie me conocía. La gente me sostuvo y eso no se olvida.”
A unos años de pensar en la jubilación, no se imagina haciendo otra cosa. La plomería no ha sido solo su sustento; ha sido su forma de vida y su más grande pasión además de su familia.
Y en cada casa donde el agua fluye correctamente, permanece la huella de aquel joven de 17 años que un día decidió ayudar en una obra… y terminó encontrando el oficio que lo acompañaría toda la vida y la ciudad que lo abrazó.










