La esquina donde el tiempo se detuvo: La historia de la Casona de la Gabriel Leyva en Culiacán
Construida en 1931 para el empresario griego Constantino Georgelos, la Casona que hoy alberga la Librería Gonvill en la colonia Gabriel Leyva es un ícono arquitectónico que preserva la memoria urbana de Culiacán


En 1931, un catálogo de viviendas traído desde Estados Unidos y el sueño de un empresario griego se materializaron en una de las esquinas más elegantes de Culiacán.
Hoy, la Casona de la colonia Gabriel Leyva ya no resguarda los pasos de la familia Georgelos, sino los miles de historias que habitan en sus estantes.
Descubre cómo esta joya arquitectónica de Matías Ayala pasó de ser una residencia de vanguardia a convertirse en el refugio literario más icónico de la ciudad, la Librería Gonvill.

La historia detrás del muro
En la esquina de Álvaro Obregón y bulevar Dr. Manuel Romero, en la colonia Gabriel Leyva, una construcción detiene el paso y obliga a mirar hacia ella. No por ostentosa, sino por elegante.
La Casona que hoy alberga la Librería Gonvill es, como la define el Instituto Municipal de Cultura Culiacán (IMCC), “una belleza que recuerda otros tiempos”.
Un hogar con acento griego
La edificación fue construida en 1931 a encargo del empresario agrícola de ascendencia griega Constantino Georgelos.
De acuerdo con la publicación La vivienda popular en Culiacán: una expresión del patrimonio cultural arquitectónico del siglo XX, de los arquitectos Vicente Amaral Ibarra y Alma Pineda Almanza, la casa fue encargada al ingeniero Matías Ayala.

Georgelos, quien residía en Estados Unidos por sus negocios agrícolas, pasaba temporadas en Culiacán. En uno de esos viajes trajo consigo un catálogo con modelos de vivienda que se estilaban en aquel país.
Quería una casa moderna para su tiempo, inspirada en esas referencias internacionales. Ayala la construyó respetando esa visión, en una colonia fundada en 1923, en pleno fervor posrevolucionario.
Arquitectura de una época que buscaba identidad
Tras la Revolución Mexicana, el país impulsó estilos como el neocolonial y el neoprehispánico, mientras la iniciativa privada apostaba por el uso del cemento y el auge del Art Decó, símbolo de modernidad.
Estas corrientes marcaron el paisaje urbano de ciudades como Culiacán, de acuerdo con la publicación de los arquitectos Vicente Almaral y Alma Pineda.
La colonia Gabriel Leyva conserva algunos ejemplos valiosos de esa etapa. La casa Georgelos destaca por su estilo clásico con influencias de la arquitectura residencial estadounidense de la época, integrándose al contexto de una ciudad que comenzaba a redefinir su identidad urbana.
Frente a la hoy librería, el propio ingeniero Matías Ayala construyó su vivienda en estilo neocolonial, casa que fuera sede de la Asociación Ganadera de Culiacán y que hoy está en desuso. Dos visiones arquitectónicas dialogando de acera a acera.

Patrimonio vivo en Culiacán
La Casona de la Gabriel Leyva fue construida en una etapa donde en México era común reinterpretar lo clásico para transmitir prestigio, estabilidad y permanencia.
Entre las características que distinguen a esta joya arquitectónica destacan las siguientes:
- Simetría absoluta en la fachada: todo está perfectamente equilibrado.
- Columnas clásicas al frente, con proporciones formales y ordenadas.
- Frontón curvo y balaustradas decorativas, elementos típicos del lenguaje clásico reinterpretado.
- Arcos de medio punto en accesos y ventanas, que suavizan el rigor clásico.
- Composición monumental pero contenida, propia de edificios institucionales o sociales del siglo XX.
Hoy, la casona no solo resguarda libros: resguarda memoria. Cada muro y cada detalle ornamental cuentan una historia de migración, aspiración y modernidad.
Convertida en espacio cultural, la antigua residencia de Georgelos demuestra que el patrimonio no es una pieza de museo estática, sino una oportunidad viva para conectar generaciones.
En una ciudad que crece a ritmo acelerado, preservar este tipo de edificaciones no es nostalgia; es visión. Porque entender de dónde venimos también fortalece hacia dónde vamos.






