¡Del campo a la mesa!, Gerardo Iribe convierte su Corolla 86 en un puesto de verdura fresca en el Centro de Culiacán
Cada mañana un Toyota Corolla modelo 86 se convierte en punto de encuentro entre el campo y la ciudad. Ahí en pleno Centro de Culiacán, se ha convertido en un refugio para las amas de casa.

Cada mañana un Toyota Corolla modelo 86 se convierte en punto de encuentro entre el campo y la ciudad.
En la esquina de Domingo Rubí y Rafael Buelna, justo cuando el Centro empieza a agarrar ritmo, aparece un carro que no pasa desapercibido.
No por nuevo ni lujoso, sino por lo contrario. Es un Toyota Corolla modelo 1986, bien cuidado, firme, convertido en mostrador improvisado. Desde su cajuela salen elotes, garbanzo tierno y verduras que todavía traen el olor del campo.
“Ofrecemos la verdura que se produce aquí en las cercanías del estado y la ciudad de Culiacán. Todo regional completamente”, dice Gerardo Iribe, el vendedor que acomoda su mercancía con calma.
Gerardo viene del Ejido Recobeco, cerca de Pericos, entre la México 15 y la carretera Costera. “De allá venimos, vamos y venimos todos los días”, dice para Tus Buenas Noticias.
La historia detrás del Corollita de Gerardo

No siempre estuvo aquí. Durante 25 años trabajó en Los Cabos, es Contador público, con empleo formal y prestaciones. Pero un cambio administrativo lo obligó a empezar de nuevo.
“Tuve que dejar de trabajar con seguridad social y ahora tengo la necesidad de subsistir y arrancar un negocio”, cuenta sin drama, como quien acepta la vida tal y como viene.
El Corolla es parte de esa nueva etapa. “Tengo como cinco años con él. Es modelo 86, ya se puede decir que es un clásico… me encanta el carro”, dice con una sonrisa. No es solo transporte: es herramienta de trabajo.
Verduras frescas directas del campo a la ciudad

Gran parte de lo que vende sale directo de su tierra. “Este garbanzo es de mi parcela”, comenta con orgullo.
La frescura no es discurso, es realidad. “Esto se cortó ayer en la tarde”, explica mientras muestra el elote. “Todo está recién cortadito y es de primera calidad”. No hay intermediarios ni bodegas de por medio. Del surco al carro, y del carro a la mesa.
Ahí, en medio del tráfico, su puesto nos muestra que el campo sigue vivo, que todavía hay quien madruga para traer alimento fresco, y que la dignidad también se vende… aunque no tenga precio.












