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Joaquín Aragón el maestro joyero con 35 años creando piezas únicas e historias que perduran en Mazatlán

Oro, plata y piedras preciosas en joyas hechas a la medida, con un estilo que nunca repite diseños y acompaña en promesas, celebraciones y recuerdos. Joaquín Aragón es ejemplo de creatividad, detalle y perseverancia en el mundo de la joyería en Mazatlán

6 mayo, 2026
El maestro joyero Joaquín Aragón con más 50 años de experiencia lleva 35 años de trabajo ininterrumpido en Mazatlán
El maestro joyero Joaquín Aragón con más 50 años de experiencia lleva 35 años de trabajo ininterrumpido en Mazatlán

Hace 35 años el maestro joyero Joaquín Aragón llegó a Mazatlán procedente de su tierra Acapulco, Guerrero. En ese entonces tenía 27 años y llevaba ejerciendo el oficio de la joyería alrededor de 13 años en su puerto, donde empezó a trabajar en ese giro por invitación de un tío.

Joaquín recuerda que su interés por la joyería nació desde muy pequeño, pues su abuelo era fundidor de metales, un negocio parecido artesanalmente a la creación de joyas, pero en piezas mucho más grandes.

“Mi abuelo tenía una fundición de metales y yo empecé a ver su trabajo desde niño. La joyería y la fundición de metales es algo parecido solamente que la joyería es en pequeño y los metales en grande, hacíamos desde piezas para barco hasta utensilios domésticos y muchas cosas entre bronce y aluminio”, explica.


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A los 14 años, un tío que trabajaba la joyería lo invitó a empezar como ayudante en el negocio donde laboraba. Joaquín inició en un taller pequeño barriendo, limpiando las mesas, yendo a los mandados y viendo trabajar a los joyeros.

Joaquín aprendió a trabajar la joyería con diversas técnicas, al llegar a Mazatlán ya tenía más de una década de experiencia
Joaquín aprendió a trabajar la joyería con diversas técnicas, al llegar a Mazatlán ya tenía más de una década de experiencia

El joven aprendió en Acapulco de muchos maestros joyeros con distintas especialidades, lo que le permitió conocer de diferentes técnicas para la creación de todo tipo de joyas.

“Tuve muchos maestros y prácticamente aprendí de todos, cada uno tenía una especialidad, algunos trabajaban diseños en cera, había quienes eran cadeneros, los que eran caladores que hacían nombres en plaquitas, gente que hacía montaduras a mano y muchos ramos que abarca la joyería”, explica.


En más de 10 años trabajando en joyerías del puerto guerrerense Joaquín conoció a muchas personas, algunas de ellas clientes sinaloenses que compraban joyería en Acapulco.

200 anillos que se convirtieron en 35 años en Mazatlán

Uno de esos clientes lo invitó a venir a Mazatlán por una temporada, cuando en Acapulco el giro de la joyería no tenía una buena racha.

“Llegué a Mazatlán porque en Acapulco se acabó el auge de la joyería, se empezó a decaer, me ofreció trabajo una persona que tenía una joyería aquí, supuestamente iba a hacer 200 anillos y me regresaba para mi tierra y esos 200 anillos se convirtieron en 35 años”, dice en entrevista con Tus Buenas Noticias.


La invitación de in cliente para hacer 200 anillos en Mazatlán se convirtió para Joaquín en la oportunidad de empezar una nueva etapa de su vida en este puerto
La invitación de in cliente para hacer 200 anillos en Mazatlán se convirtió para Joaquín en la oportunidad de empezar una nueva etapa de su vida en este puerto

Al llegar a Mazatlán el joven empezó a trabajar en una joyería grande en la Zona Dorada, frente al Hotel Las Flores, ahí estuvo sus primeros 11 años en el puerto, creando trabajando en todo tipo de joyas en oro y plata.

Después Joaquín, quien se estableció definitivamente en Mazatlán, se casó con una pata salada y formó una familia en este puerto, decidió probar suerte con su propio taller de joyería.

Clientes locales y extranjeros que conoció durante más de 10 años trabajando en la zona turística lo buscaban para que les hiciera trabajos en su taller, por lo que el trabajo nunca faltó.

Su experiencia y detalle para trabajar le permitieron sostener a su familia con su propio negocio en el que sus dos hijas lo ayudaban desde pequeñas y donde la menor encontró su forma de vida, pues hoy trabaja en la creación de sus propias piezas de joyería.

“Aquí me casé y tengo dos hijas y una de ellas trabaja también la joyería, ahora está en pausa porque tiene un niño chiquito, pero ella elabora joyería yo le enseñé, me veían mis dos hijas de chiquitas y yo las intentaba poner a trabajar para que se entretuvieran y la menor fue la que aprovecho el conocimiento”, dice con orgullo.


Joaquín crea piezas únicas para sus clientes, aunque muchas joyas pueden ser similares cada una tiene el toque que las hace diferentes y especiales
Joaquín crea piezas únicas para sus clientes, aunque muchas joyas pueden ser similares cada una tiene el toque que las hace diferentes y especiales

Creaciones únicas en AD Jewelry Store

Después de años en su propio taller Joaquín decidió aceptar la invitación de un empresario que estaba por abrir una nueva joyería en el centro de la ciudad, en la calle Constitución justo frente a la Plazuela Machado.

Desde hace 5 años el maestro joyero tiene su taller en AD Jewelry Sotore, donde trabaja para sus clientes cautivos que son muchos mazatlecos y muchos extranjeros que lo conocen desde hace décadas.

“Me conocían prácticamente en todas las joyerías, entonces me invitaron a poner mi taller aquí y aquí estamos desde hace 5 años. Ya vienen mis clientes directamente a pedir sus trabajos, me piden de todo cada persona trae su inquietud y yo solamente les pido que me hagan un pequeño boceto, que me expliquen y yo lo hago realidad”, señala.


El detalle y la creatividad que Joaquín pone en cada pieza de joyería le ha valido a Joaquín el reconocimiento y confianza de sus clientes nacionales y extranjeros
El detalle y la creatividad que Joaquín pone en cada pieza de joyería le ha valido a Joaquín el reconocimiento y confianza de sus clientes nacionales y extranjeros

Para Joaquín no existen complicaciones cuando se trata de crear piezas de joyería. La magia de trabajar con detalle en piezas que para sus clientes significan historias y emociones, es su pasión.

“Se requiere tener concentración y ganas de hacer las cosas porque es mucho detalle y todas las piezas son especiales”, asegura.


Cada joya que trabaja Joaquín es diferente a la anterior, aunque tengan una intención o idea similar él se encarga de darle un detalle distintivo con su estilo. La joyería es hacer arte con precisión y para el maestro Aragón el ajuste, el color y la simetría se dan de manera natural.

“Nunca hago una pieza igual a otra, no son en serie, son piezas únicas, tengo mi propio estilo y mi forma de trabajar, todas las piezas son diferentes”, afirma.


Desde hace 5 años Joaquín tiene su taller en AD Jewelry Store, una joyería ubicada en el corazón del Centro Histórico frente a la Plazuela Machado
Desde hace 5 años Joaquín tiene su taller en AD Jewelry Store, una joyería ubicada en el corazón del Centro Histórico frente a la Plazuela Machado

En AD Jewelry Sotore Joaquín trabaja oro y plata, con pedrería como el ópalo, la amatista, la esmeralda, diamantes naturales y de laboratorio.

Con la creación de aretes, anillos y collares, el maestro joyero aplica creatividad y técnica en piezas que no son solo accesorios, sino promesas, celebraciones y recuerdos para las personas.

En la historia de Joaquín Aragón se ve algo más que el recorrido de un maestro joyero: se aprecia la fuerza del oficio, la constancia y el valor de transmitir conocimiento.  

Su experiencia demuestra que el trabajo artesanal puede seguir creciendo cuando se combina técnica, creatividad y una relación cercana con la comunidad.

En un puerto donde las historias se guardan en detalles, más personas encuentran en la joyería de Joaquín no solo una pieza bonita, sino una forma de construir identidad, empleo y futuro.


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