Cooperativa de Maricultores de La Sirena: impulsando la ostricultura y fortaleciendo el estero al sur de Mazatlán
Un trabajo técnico que se convierte en beneficio local: así avanza la ostricultura en La Sirena de la mano de biólogos marinos y pescadores que incentivan el desarrollo a través de la ciencia y la colaboración de la mano de la comunidad para sostener el ecosistema


El estero de La Sirena, alberga en la zona sur de Mazatlán un proyecto de ostricultura que el biólogo marino Daniel Flores lidera desde la presidencia de la Cooperativa de Maricultores de La Sirena.
Hace tres años Daniel tuvo la idea de empezar este proyecto para acercarse a la actividad que estudió y que no ejercía al trabajar en el Comité Estatal de Sanidad Vegetal.
Dos de sus compañeros biólogos marinos apoyaron su iniciativa de entre más de 20 biólogos, algunos jubilados y otros en funciones, a los que les planteó el proyecto.
Así decidieron conformar una cooperativa y tramitar los permisos necesarios para iniciar con la actividad de ostricultura, el objetivo original es producir ostión japonés de placer, meta que se ha complicado debido a la falta de apoyo gubernamental a los laboratorios implicados en la producción y desarrollo de semillas de esta especie de ostión en la entidad. 
“El gobierno no está apoyando a los laboratorios implicados en este desarrollo y producción porque están mandando todo el presupuesto que tienen a inspección y vigilancia”, señala.
Sin embargo, los biólogos y un grupo de pescadores de la zona, a quienes les interesó el proyecto iniciaron los trámites de un proceso que ha sido laborioso y algo tardado, pero en el que confían será benéfico para la comunidad.
“Conseguir el permiso no es fácil ni la labor que se hizo con Conapesca que son muchos requisitos, pero logramos obtener el permiso de cultivo de fomento, son 95 cooperativas en Sinaloa, de Altata hacia el norte están 94 y de Altata hacia el sur solo nosotros”, explica.
En busca de ampliar oportunidades productivas para la comunidad
Con diez socios en total, la Cooperativa de Maricultores de la Sirena continúa en su esfuerzo por conseguir semilla para cultivar ostión japonés. Mantienen el contacto con empresas privadas que producen semilla de esta especie en Baja California y confían en que este año podrán empezar a trabajarlo en Mazatlán. 
“En La Paz están produciendo ostión japonés y probablemente para este año en la temporada de octubre-noviembre podamos conseguir nosotros semilla para poder colocarlos y establecer realmente un cultivo como marca, como es el objetivo desde un inicio de la cooperativa”, señala Daniel.
Entre tanto, el biólogo empezó en el área de 4 hectáreas de agua que les asignó Conapesca un proyecto rústico sustentable para repoblar el sistema estuarino de La Sirena con ostión de placer corteziensis, la especie endémica de la región.
Para ello, los integrantes de la cooperativa construyeron un módulo de desarrollo con polines y jabas en las que han colocado alrededor de 500 unidades de esta especie para que se desarrollen y reproduzcan, proceso que está por cumplirse en los próximos meses. 
Esta área rodeada de cuatro especies de mangle, en especial de mangle rojo es ideal para que las larvas de ostión se adhieran y empiecen a desarrollarse.
“Iniciamos este proyecto de ser reproductores, el ostión se engorda y para junio que termina el proceso evolutivo inicia su reproducción, empiezan a desovar toda la larva se va a quedar en esta zona donde no tenemos problemas de sólidos es una zona limpia en ese aspecto”, asegura.
Cada 25 días los ostiones se miden, se pesan y se limpian, se reacomodan en las jabas si es necesario y se desechan las unidades que presentan algún problema.
El biólogo levanta la información en formatos que les permiten llevar un control de datos con apoyo de un maestro de la facultad de Ciencias del Mar que se unió al proyecto gracias a las colaboraciones que tanto la cooperativa como la institución tienen en campañas de limpieza.
“Ponemos los ostiones a 30 centímetros del piso porque es muy común que haya muchos caracolitos que se suben al ostión, lo barrenan y lo empiezan a consumir o cuando menos le inyectan bacterias, estamos trabajando esa parte, el ostión que tenemos está libre de esos patógenos y enfermedades”.

Trabajo y aprendizaje para los pescadores
En este proceso los pescadores de esa zona del estero, que realizan capturas de otras especies, han aprendido sobre el cultivo de ostión y la importancia de la especie, así como el respeto a los tiempos de veda para permitir la madurez del producto.
“En esta labor con los pescadores de la zona ellos también aprenden y a futuro buscamos una participación más amplia en la cooperativa. Ellos trabajan sus artes de pesca y en sus ratos libres recolectan ostión debido a este proyecto y nos lo traen, tenemos unas 500 o 600 piezas ahí en el módulo”, explica.
El biólogo asegura que mientras el proyecto de ostión de placer japonés se concreta, esta iniciativa para repoblar el estero los mantiene ocupados. Incluso trabajan en un proyecto para cultivo y engorda de jaiba.
La zona también es idónea para sembrar almejas chocolatas y callo de hacha, sin embargo, el objetivo de la cooperativa es claro en cuanto a lograr primero adquirir semilla de ostión japonés.
El trabajo profesional de quienes integran la Cooperativa de Maricultores de La Sirena ha permitido a este proyecto obtener los permisos necesarios y cumplir con las normativas, las visitas de sanidad acuícola y Coepriss han transcurrido sin incidentes. 
En medio de los retos que enfrenta el sector acuícola, la historia de la Cooperativa de Maricultores de La Sirena muestra una ruta distinta: la de convertir el conocimiento en beneficio comunitario.
Lo que inició como una inquietud personal de un biólogo marino hoy se traduce en organización, constancia y trabajo técnico para recuperar el estero y abrir oportunidades para quienes viven de él.
Más allá del proceso administrativo y de la espera por semilla de ostión japonés, el proyecto ya está dando resultados: repoblar el sistema estuarino con la especie endémica, fortalecer capacidades entre pescadores y promover prácticas responsables con respecto a las vedas.
Esta historia es una invitación a mirar el desarrollo desde lo local, donde la ciencia, la colaboración y la comunidad se juntan para sostener el ecosistema y con ello, el futuro de quienes dependen de sus recursos.









