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Del laboratorio al aula: la fórmula de la maestra Sarahí Sabinas para inspirar en Culiacán

Sarahí Sabinas transformó su pasión por la química en una vocación docente que hoy inspira a jóvenes de Cobaes. Con 15 años de trayectoria, su historia mezcla ciencia, familia y aprendizaje con sentido humano

12 mayo, 2026
Del laboratorio clínico a las aulas de Cobaes en Culiacán, Sarahí Sabinas convirtió su amor por la química en una vocación que impulsa a jóvenes a experimentar, descubrir y acercarse a la ciencia. | Imágenes de Francisco Castro
Del laboratorio clínico a las aulas de Cobaes en Culiacán, Sarahí Sabinas convirtió su amor por la química en una vocación que impulsa a jóvenes a experimentar, descubrir y acercarse a la ciencia. | Imágenes de Francisco Castro

Culiacán, Sinaloa.- Sarahí Jathnael Sabinas Figueroa no enseña química: la contagia. En cada práctica de laboratorio, en cada experimento que realiza junto a sus alumnos, hay una convicción que trasciende fórmulas y reacciones: la ciencia también se siente. 

Lo que para ella comenzó como una fascinación adolescente por entender lo invisible —ese mundo microscópico que explica la vida misma— se ha convertido en el motor de una vocación que hoy, quince años después, sigue encendiendo curiosidad en generaciones de estudiantes.

Sarahí acumula cerca de 15 años como maestra de laboratorio de química en Cobaes, tras iniciar como interina en 2011 y obtener su plaza en 2016.
Sarahí acumula cerca de 15 años como maestra de laboratorio de química en Cobaes, tras iniciar como interina en 2011 y obtener su plaza en 2016.
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De Puebla a Sinaloa: raíces que marcan el camino

Nacida en Puebla, pero criada desde los tres años en Guamúchil, Sinaloa, Sarahí creció entre referentes educativos: sus padres, maestros de profesión, sembraron en ella disciplina y sentido de responsabilidad. Sin embargo, su historia no siguió el guión esperado. 

Lejos de optar por la docencia, decidió estudiar Química Farmacéutica Bióloga en la Universidad Autónoma de Sinaloa, convencida de que su lugar estaba en el análisis clínico.


Ese sueño la llevó a mudarse de Guamúchil a Culiacán a los 18 años, un cambio que marcó su independencia y consolidó su proyecto profesional.

La ciudad se convirtió en el espacio donde afianzó su formación, donde conoció también a quien sería su compañero de vida y donde empezó a trazar un futuro que, aunque parecía definido, aún guardaba giros inesperados.

Un giro inesperado: del laboratorio al aula

Tras egresar de la universidad, regresó a Guamúchil para incorporarse a un laboratorio de análisis clínicos, donde rápidamente asumió un rol de responsabilidad. Sin embargo, en 2011 llegó una oportunidad que cambiaría su rumbo: un interinato como maestra de laboratorio de química en el sistema Cobaes.

Aunque no planeaba ser docente, Sarahí cursó una maestría en Docencia en Ciencias de la Salud que transformó su forma de enseñar y fortaleció su impacto en el aula.
Aunque no planeaba ser docente, Sarahí cursó una maestría en Docencia en Ciencias de la Salud que transformó su forma de enseñar y fortaleció su impacto en el aula.

Sarahí aceptó el reto sin experiencia docente.“Sabía química, pero no sabía cómo enseñarla”, recuerda.


Los primeros meses no fueron sencillos: jóvenes inquietos, falta de estrategias y la sensación de no tener el control del grupo.

Lejos de rendirse, decidió profesionalizar su vocación. Cursó una maestría en Docencia en Ciencias de la Salud, combinando trabajo y estudio durante tres años.

Esa formación le permitió transformar su práctica: incorporar estrategias didácticas, mejorar su comunicación y conectar con sus estudiantes desde lo cotidiano.

Enseñar haciendo: el poder de la experiencia

Hoy, a la edad de 40 años y con cerca de 15 en la docencia, Sarahí ha consolidado un estilo basado en la práctica. En el laboratorio de Cobaes 22, los alumnos no solo escuchan: experimentan, cuestionan y descubren.

Para ella, la clave está en involucrar a los jóvenes: relacionar la ciencia con su vida diaria, usar materiales atractivos y fomentar la participación activa.

“Muchos aprenden haciendo, no solo escuchando”, explica la vecina de Rincón Real, del sector Santa Fe.


Ese enfoque ha rendido frutos. Ha impulsado proyectos de investigación escolar que han llevado a sus alumnos a competencias estatales y nacionales, despertando vocaciones científicas que trascienden el aula.

La maestra Sarahí ha impulsado proyectos de ciencia que llevaron a estudiantes a competencias nacionales.
La maestra Sarahí ha impulsado proyectos de ciencia que llevaron a estudiantes a competencias nacionales.

Huellas que trascienden generaciones

Entre las mayores satisfacciones de su carrera está ver a sus estudiantes continuar en el camino de la ciencia. Recuerda especialmente a una alumna que, tras participar en un proyecto escolar, decidió estudiar química y hoy cursa un doctorado en investigación.

También hay recompensas más cotidianas, pero igual de significativas: como el día que un exalumno, trabajando en una nevería, le regaló una doble porción de helado en agradecimiento. “Era la clase que más me gustaba”, le dijo.

Para Sarahí, esos momentos confirman que su impacto va más allá de los contenidos académicos.


Ciencia en casa: una vocación compartida

Su vida personal también gira en torno a la ciencia. Su esposo, Jorge Inzunza, es químico, y juntos han formado una familia donde la curiosidad es protagonista.

Madre de tres hijos, ha procurado acercarlos al conocimiento desde un enfoque lúdico: experimentos, concursos y actividades que despierten su interés sin imponerles un camino.

Mientras su hija mayor eligió un rumbo distinto en el diseño digital, sus hijos pequeños exploran la ciencia, el deporte y el arte con entusiasmo.

Una maestra que deja huella

Aunque en un inicio no imaginó ser docente, hoy Sarahí reconoce que encontró un espacio donde convergen sus pasiones.

Más que ser recordada como una figura de autoridad, aspira a ser vista como una guía: alguien que despertó la curiosidad, que hizo accesible lo complejo y que mostró que la ciencia también puede ser emocionante.

Porque, al final, su historia confirma algo sencillo pero poderoso: a veces el camino no es el que planeas, pero sí el que te permite transformar vidas, incluida la tuya.




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