Don Israel sigue cosiendo monturas a mano mientras un oficio entero desaparece en Cosalá
Don Israel Corrales Peña todavía fabrica monturas artesanales en Cosalá, Sinaloa, pero teme que la talabartería desaparezca porque cada vez menos jóvenes quieren aprender el oficio.


Cosalá, Sinaloa.- Mientras las monturas industriales dominan el mercado, Don Israel Corrales Peña mantiene viva una tradición artesanal que desaparece lentamente en la sierra de Sinaloa. Sus manos todavía cosen cuero como hace décadas.
Así resiste la talabartería artesanal en Cosalá
En Cosalá, Sinaloa, las sillas de montar todavía se fabrican a mano. No salen de fábricas ni de máquinas industriales. Salen de un pequeño taller donde Don Israel Corrales Peña trabaja el cuero con paciencia, herramientas antiguas y técnicas aprendidas desde la adolescencia.
A sus más de cinco décadas dedicadas al oficio, Don Israel se convirtió en uno de los últimos talabarteros de la región.
“Yo iba nomás a ver cómo trabajaban. Me gustaba mucho y así fui aprendiendo”, recuerda.
Hoy, mientras las tiendas venden monturas producidas en serie, él continúa elaborando piezas artesanales que pueden durar toda la vida.
Don Israel aprendió el oficio desde los 13 años
El artesano contó que comenzó a interesarse en la talabartería cuando observaba trabajar a Arcadio García, un maestro talabartero originario de El Rodeo.
Con el tiempo empezó realizando tareas pequeñas hasta dominar completamente la fabricación de monturas.
Actualmente confecciona:
- Sillas de montar tipo Catrina
- Monturas Charritas
- Cintos rústicos
- Cachas para machete
- Fustes y accesorios de cuero
Cada silla puede tardar hasta tres días en terminarse debido a los detalles artesanales y materiales utilizados.

Las monturas artesanales de Cosalá todavía llegan a la sierra
Don Israel utiliza vaqueta de res, fieltro, guayule y piezas elaboradas manualmente.
La piel llega desde comunidades como:
- El Recodo
- San Ignacio
- La Noria
Sus principales clientes son habitantes de la sierra que aún utilizan caballos para trabajar o trasladarse.
Una montura cuesta alrededor de 4 mil 800 pesos, aunque asegura que el precio apenas alcanza para recuperar el enorme trabajo invertido.

Las motocicletas y la sequía están acabando con el oficio
El talabartero explicó que la llegada de motocicletas y el alto costo de mantener animales redujeron drásticamente las ventas.
“Ya muchos dejaron de usar bestias porque sale caro mantenerlas”, lamentó.
A esto se suma la falta de interés de las nuevas generaciones.
Antes había varios talabarteros en Cosalá. Hoy quedan muy pocos.
“Se va a acabar uno y se va a acabar todo”
Don Israel asegura que el mayor temor no es vender menos, sino que el oficio desaparezca para siempre.
“La verdad los hijos ya no quieren seguir con estas tradiciones”, expresó.

Aunque algunos familiares lo ayudan ocasionalmente, reconoce que nadie quiere continuar de lleno con el trabajo artesanal.
Para él, la talabartería representa identidad, cultura y memoria de la sierra sinaloense.
“La talabartería no se extingue a gritos. Se extingue a puntadas”, dice con resignación.







