Yajaira Camacho convirtió la empatía en una red de apoyo para pacientes con cáncer en Sinaloa
Hace casi seis años llegó a Encauza con la intención de ayudar. Hoy acompaña a cientos de familias sinaloenses en medio del miedo, la incertidumbre y la lucha contra el cáncer.

Hay personas que encuentran un trabajo. Y hay otras que encuentran una causa.
Para Yajaira Camacho Rodríguez, esa causa apareció cuando menos lo esperaba, pero terminó cambiándole la vida.
Tenía experiencia en mercadotecnia, administración y años trabajando en el área de salud. Había aprendido sobre organización, liderazgo y estrategia. Pero nunca imaginó que terminaría dedicando sus días a acompañar personas con cáncer en uno de los momentos más difíciles de sus vidas.
Acompañamiento a pacientes con cáncer

Hoy, es directora de Encauza, una institución que brinda apoyo y acompañamiento a pacientes con cáncer de mama, cervicouterino y próstata en Sinaloa. Pero detrás del cargo hay una mujer que aprendió que ayudar también duele, desgasta y transforma.
Antes de llegar a Encauza trabajó en Salud Digna, en una etapa en la que la institución apenas comenzaba a crecer. Ahí, muy cerca de los temas médicos y de los pacientes, empezó a ver una realidad que la marcaría profundamente: personas que, aun en servicios accesibles, no podían pagar estudios o tratamientos.
“Llegaba gente pidiendo ayuda porque no tenía para atenderse”, cuenta para Tus Buenas Noticias.
Yajaira siempre había sido una mujer sensible al dolor ajeno. Pero entrar al mundo del cáncer le mostró algo todavía más complejo: ayudar no siempre es sencillo.
“Uno piensa que ayudar es fácil, pero no lo es. Hay personas que necesitan ayuda y no saben recibirla. Otras que se sienten solas, perdidas o derrotadas”, explica.
Un proyecto para ayudar a otros

Su vida dio un giro cuando escuchó hablar de un proyecto llamado Pro Mujer con Cáncer de Sinaloa, hoy conocido como Encauza. La historia la tocó profundamente y decidió levantar la mano.
Fue Adriana Rojo Zazueta, actual presidenta del patronato, una de las personas que creyó en ella y le abrió las puertas para integrarse al proyecto. Desde entonces, ambas comenzaron una etapa de reconstrucción y transformación de la institución.
Lo que encontró fue un panorama duro: pacientes abandonando tratamientos por falta de dinero, mujeres que viajaban desde comunidades lejanas sin saber siquiera a dónde acudir y familias completas derrumbándose emocional y económicamente tras un diagnóstico.
Junto al equipo de Encauza recorrió hospitales, habló con oncólogos, entrevistó pacientes y entendió algo fundamental: muchas personas no dejaban de tratarse por falta de ganas, sino porque simplemente no podían costear un traslado, un medicamento o una biopsia.
Ahí nació gran parte del modelo actual de Encauza.
El cáncer no es sinónimo de muerte
Hoy la institución ayuda con medicamentos, estudios, transporte, hospedaje y acompañamiento emocional. También cuenta con talleres de psicooncología y programas para lograr diagnósticos oportunos, algo vital cuando se trata de cáncer.
Porque Yajaira lo repite constantemente: el cáncer no siempre significa muerte.
“El 80 por ciento de los cánceres pueden curarse si se detectan a tiempo”, asegura.
Sin embargo, el miedo sigue siendo enorme. Muchas personas llegan pensando que su vida terminó. Otras retrasan estudios por temor al resultado. Algunas incluso abandonan tratamientos porque ya no soportan el desgaste físico o económico.
Yajaira ha aprendido a caminar junto a ellos. Ha visto pacientes recuperarse, volver a sonreír y reencontrarse con sus familias. También ha vivido pérdidas que le han dejado huella.
Esas experiencias, dice, le han cambiado todavía más la manera de entender la enfermedad.
“Ahora veo el cáncer también desde la resiliencia. Hay pacientes que dicen que esta prueba les ayudó a valorar la vida y a reconstruirse”, comparte.
Encauza atiende actualmente alrededor de 100 nuevos pacientes al mes en Sinaloa y la mayoría son mujeres con cáncer de mama. Aun así, Yajaira insiste en que todavía falta mucho por hacer, especialmente en prevención y diagnóstico temprano.
Después de casi seis años al frente de esta labor, Yajaira habla de Encauza no como un empleo, sino como parte de su vida. “Abrazo esta causa como propia”, dice con orgullo. Y quizás ahí está la diferencia.
Porque mientras muchas personas ven cifras, estadísticas o diagnósticos, ella sigue viendo seres humanos que necesitan algo más que un tratamiento: necesitan que alguien les diga que todavía hay esperanza.





















