El aula bajo un árbol en Culiacán: Marlui Curiel y su apuesta por la educación en el parque de Valle del Agua
La talentosa Marlui Curiel es una joven con dos carreras que cada domingo transforma un rincón del Parque Valle del Agua en un salón de clases gratuito de inglés y español para los niños de su comunidad


Culiacán, Sinaloa.- En el fraccionamiento Valle del Agua, al nororiente de Culiacán, el aprendizaje no necesita de cuatro paredes ni de aire acondicionado; le basta la sombra de un árbol y la voluntad de una vecina comprometida, la joven Marlui Curiel.
Cada domingo, de tres a cinco de la tarde, Marlui Curiel despliega un pizarrón y organiza sillas prestadas para ofrecer algo que ella considera un derecho, no un privilegio: educación de calidad.

Una chispa de equidad social
Marlui, de 28 años, es licenciada en Historia y actualmente estudia Lengua y Literatura Hispánicas en la UAS. Su iniciativa nació de una observación profunda sobre la desigualdad en México.
"La educación de calidad suele ser para las clases sociales más altas. Yo quiero darles a estos niños una oportunidad mejor de la que el mismo sistema les ofrece", afirma con convicción para Tus Buenas Noticias.
Dominar el español y abrirse camino en el inglés son, para ella, las llaves maestras que permitirán a estos pequeños "cambiar su propio mundo".
Con esta visión, contactó al comité de vecinos de Valle del Agua y, desde hace algunos meses, el parque se ha convertido en su centro de operaciones pedagógicas.

Enseñanza a ritmo personalizado
A diferencia de los métodos rígidos, Marlui apuesta por un aprendizaje personalizado. Bajo el árbol, el tiempo se detiene para observar las fortalezas de cada alumno.
"No voy a un solo ritmo. Me fijo en qué se les facilita para darles impulso y en qué se complican para detenerme", explica.
Así, ha detectado que Mateo tiene una habilidad especial para el inglés, permitiéndole avanzar a su propia velocidad, mientras que Carlitos destaca por su excelente ortografía. Este enfoque cálido y humano permite que los niños no se sientan forzados, sino motivados a descubrir sus propios talentos.
Un llamado a la comunidad
Aunque el proyecto ya cuenta con un núcleo de alumnos constantes que llegan puntualmente con su libreta y su silla, la maestra Marlui sueña con ampliar este círculo de saber.
Su labor es voluntaria y cuenta con el apoyo de vecinos que prestan el mobiliario, pero el ingrediente principal sigue siendo la participación familiar.
"Me gustaría poder darle clases a más niños", comenta Marlui, invitando a los padres de Valle del Agua a aprovechar este espacio.
En un mundo que a veces parece olvidar las periferias, historias como la de Marlui Curiel nos recuerdan que la educación más poderosa es aquella que nace de la empatía y se comparte, sencillamente, bajo la sombra de un árbol.












