Vocación que transforma en Mazatlán: la historia de la maestra Margarita en el Preescolar Pradera Dorada
Con liderazgo y compromiso, Margarita Guzmán transformó necesidades en avances para la niñez con espacios para un aprendizaje con estabilidad y seguridad, su historia muestra que con vocación y organización las promesas se convierten en cambios reales para la comunidad


Ser maestra o maestro conlleva no solo una profunda vocación y amor por la enseñanza, ser maestro va más allá, es responsabilidad, compromiso y entrega al servicio de la niñez.
En 32 años como docente en Mazatlán, la maestra Margarita Guzmán ha tenido un camino lleno de aprendizajes y retos, pero sobre todo profundas satisfacciones personales y profesionales.
Muy joven decidió que quería ser maestra de preescolar y con apoyo de su familia lo logró. Al graduarse tuvo oportunidad de estar frente a grupo en cinco diferentes jardines de niños, en los que asumió con profesionalismo su rol como educadora. 
“Yo recorrí muchos jardines, el primer año estuve en Escuinapa cuando me dieron mi plaza, iba y venía durante un ciclo escolar, luego estuve en la Quinta Chapalita, luego me fui al Izaguirre a un costado de la cancha Germán Evers, después me voy al Jesús García y luego me voy a Santa Teresa”, explica.
Al terminar su ciclo en el Kinder de Santa Teresa, la maestra Margarita, ya con casi 18 años de experiencia como encargada de grupo, fue enviada al Preescolar Pradera Dorada, que apenas tenía un par de años de haberse fundado.
“Mi recorrido hasta llegar al Jardín de Niños donde actualmente laboro, no solo ha representado un crecimiento profesional, sino también una colección de experiencias y recuerdos entrañables. En cada escuela he dejado una parte de mí y, al mismo tiempo, me he tenido aprendizajes, historias y caritas que permanecen en mi memoria”, dice conmovida.
Durante estos años de contacto directo con los pequeños la maestra Margarita procuró que sus alumnos no solo adquirieran conocimientos, sino que se sintieran queridos, seguros y valorados.
Se preocupaba por su estado emocional, convencida de que un niño feliz aprende mejor.
“Disfrutaba buscar nuevas estrategias, investigar, innovar y hasta invertir en materiales que hicieran de cada aprendizaje una experiencia significativa. Sin duda, los niños han sido y siguen siendo mi mayor inspiración, y aunque hoy desempeño otra función, extraño profundamente esa cercanía diaria con ellos”, asegura.

Del aula a la dirección en Pradera Dorada
Pero al llegar a Pradera Dorada se presentó la oportunidad de asumir un nuevo rol en su carrera magisterial, le ofrecieron encargarse de la dirección a la par que atendía su grupo y así empezó un compromiso con la comunidad educativa que ha dirigido durante los últimos 14 años.
El plantel, que estaba apenas levantándose, en una de las zonas de mayor crecimiento poblacional de Mazatlán, tenía aulas de lámina y madera, así que requirió de muchas gestiones para empezar a ofrecer condiciones dignas para que los niños pudieran tomar clases.
“Me proponen quedarme con la dirección comisionada y estuve seis meses con las dos funciones como maestra con mi grupo, pero también haciéndome cargo de lo administrativo, a los seis meses ya me quedé solo con la dirección, pero no había un espacio físico para desempeñar ese trabajo”.
Al no tener las instalaciones adecuadas la directora realizaba la mayor parte del trabajo administrativo en casa, durante la jornada escolar supervisaba las actividades en las aulas que con apoyo de los padres se habían construido. 
Sin servicios básicos de agua y luz, escritorios, pizarrones, menos una computadora para el trabajo administrativo, Margarita decidió que lo más urgente era hacer las gestiones necesarias ante la SEPyC para la construcción de aulas.
“Hice gestiones ante el departamento de infraestructura, tuve suerte porque sé que hay escuelas que tienen que gestionar durante años, aquí en un ciclo escolar empezaron a construir primero dos aulas y luego se fueron construyendo de dos en dos cada ciclo hasta tener el plantel que tenemos ahorita”, dice satisfecha.
Los servicios de agua y electricidad también se gestionaron ante Jumapam y CFE, luego de estar conectados a una toma de la calle con una manguera para obtener agua y a las casas de los vecinos para poder encender los ventiladores.
Luego las gestiones cambiaron y los esfuerzos se dirigieron a obtener apoyo de la autoridad municipal para la construcción de una subestación y luego su ampliación para que el plantel no tuviera problemas con el abastecimiento de energía para los aires acondicionados en cada aula. 
Una vida enfocada en el bienestar de los estudiantes
Así, la labor de la maestra Margarita ha pasado por etapas en las que su responsabilidad ha cambiado, pero siempre se ha enfocado en procurar el bienestar de los niños.
“Mi responsabilidad ahora es aún mayor: guiar, organizar y coordinar a toda una comunidad educativa, siempre con un objetivo claro: el bienestar emocional e intelectual de nuestros alumnos”, asegura.
En 14 años como Directora del Preescolar Pradera Dorada Margarita ha logrado contribuir con trabajo y entrega a la construcción no solo de un plantel digno, sino de una comunidad escolar unida y participativa.
Al liderar un equipo de trabajo comprometido que trabaja en unidad en el que cada decisión se toma en función del bienestar de los niños, la maestra Margarita continúa impactando vidas desde otra perspectiva, pero con el mismo amor y vocación que la han acompañado desde el inicio.
“Hoy puedo decir con certeza que amo mi trabajo, que no lo cambiaría por ningún otro y que me siento plenamente satisfecha con el camino recorrido. Cada etapa ha tenido su valor, y todas juntas me han construido profesionalmente y como la persona que hoy soy” dice convencida.

La historia de la maestra Margarita Guzmán muestra que cuando la educación se acompaña con vocación y organización, los cambios dejan de ser promesas y se convierten en aulas, en servicios y, sobre todo, en oportunidades para la niñez.
Su trayectoria recuerda que el verdadero impacto no solo ocurre en el salón: también nace en las gestiones, en la unión de la comunidad y en la decisión constante de poner el bienestar de los niños en el centro.
En el Jardín de Niños Pradera Dorada, el liderazgo de la maestra Margarita convirtió necesidades en logros: más que construir un plantel, construyó condiciones para que los niños aprendan con seguridad, cariño y futuro.











