Jorge Arreola es el guardia que se volvió parte de la prepa de la UAS en La Palma
Con más de dos décadas en seguridad escolar, ha construido vínculos con generaciones de estudiantes, convirtiéndose en una figura cercana en la vida cotidiana del plantel.

Desde 2005, Jorge Arreola Ayala ha sido el primer rostro que reciben los estudiantes cada mañana. Entre disciplina, cercanía y largos trayectos diarios desde Culiacán, su historia es la de un hombre que encontró en su trabajo una forma de pertenecer.
Cada mañana, antes de que el sol termine de asomarse, Jorge Arreola Ayala ya va en camino.
Sale de Culiacán poco después de las seis, toma el camión y recorre la distancia que lo separa de La Palma, Navolato, para llegar puntual a su lugar de trabajo: la puerta de la preparatoria Genaro Vázquez Rojas de la UAS.
¿Cómo se convirtió Jorge en parte de la comunidad educativa?

Ahí, desde 2005, se ha convertido en una presencia constante. No solo es el encargado de la seguridad. Es también quien recibe a los alumnos, quien escucha, quien orienta, quien pone orden cuando hace falta y quien, sin proponérselo, termina siendo parte de la historia de cientos de jóvenes.
Originario del sector cercano al mercado de abastos en Culiacán, Jorge recuerda que la primera vez que le dijeron que debía trasladarse a La Palma ni siquiera sabía dónde quedaba.
Buscó el lugar en el mapa, con curiosidad y algo de incertidumbre. No imaginaba entonces que ese sitio desconocido se volvería parte esencial de su vida.
Con los años, el pueblo y la escuela lo sorprendieron. Encontró un ambiente distinto, más cercano, donde como él mismo dice, los estudiantes son "más nobles". Esa diferencia marcó su forma de trabajar: a veces estricto, a veces flexible, siempre atento a lo que cada situación requiere.
Desde su posición en la entrada, Jorge lo ve todo. Es el primer punto de contacto: ahí llegan los alumnos con permisos, dudas, quejas o simplemente a saludar.
Esa interacción constante le ha dado algo más que rutina: le ha dado sentido. "A cualquiera le gusta sentirse importante en su trabajo", reconoce, sabiendo que su papel, aunque discreto, es clave en la dinámica diaria.
Detalles sobre la vida diaria de Jorge Arreola en La Palma

El tiempo ha pasado rápido. Tanto, que hoy comienza a ver a las hijas de quienes fueron de sus primeros alumnos. Es ahí donde mide los años, entre generaciones que cambian, pero que siguen cruzando la misma puerta donde él permanece.
Su trabajo también implica sacrificios. Todos los días invierte tiempo y dinero en el traslado. Aun así, no se detiene. Se describe como alguien que no puede estar quieto, que disfruta mantenerse activo, resolviendo, organizando, trabajando.
Aunque le gustaría acercarse a Culiacán para mejorar su calidad de vida, no oculta que La Palma ya forma parte de él. Aquí encontró un ritmo, una forma de relacionarse y un espacio donde su labor va más allá de vigilar.
Jorge no habla de grandes logros ni de reconocimientos. Su historia se construye en lo cotidiano: en abrir y cerrar puertas, en escuchar, en poner límites y también en generar confianza. En estar.
Impacto de Jorge en los estudiantes de la preparatoria Genaro Vázquez Rojas
Y así, entre camiones madrugadores, jornadas largas y cientos de estudiantes que pasan frente a él cada día, Jorge Arreola Ayala sigue cumpliendo con su trabajo, con la misma constancia de hace más de 20 años.
Porque hay historias que no buscan protagonismo, pero que sostienen, silenciosamente, la vida diaria de toda una comunidad.








