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"Sentí que volví a nacer": Margarita vence al cáncer a los 74 años y sigue tejiendo comunidad desde Culiacán

Conoce la emotiva historia de Margarita Quevedo, quien a sus 74 años y tras vencer un agresivo linfoma, demuestra cómo el tejido y el servicio comunitario se convirtieron en el estambre que reconstruyó su salud

26 mayo, 2026
Tras superar el cáncer, Margarita Quevedo demuestra a sus 74 años que el tejido y el servicio comunitario son el mejor estambre para sanar el alma. | Imágenes de Francisco Castro
Tras superar el cáncer, Margarita Quevedo demuestra a sus 74 años que el tejido y el servicio comunitario son el mejor estambre para sanar el alma. | Imágenes de Francisco Castro

Culiacán, Sinaloa.- Hay vidas que se construyen con la paciencia y la dedicación de un bordado a mano. La de Margarita Quevedo Espinoza, de 74 años, es una de ellas.

Nacida en la calidez de Recoveco, Mocorito, Margarita aprendió que los hilos no solo sirven para confeccionar prendas, sino para unir voluntades y sanar el alma.

Siendo apenas una niña, se mudó a vivir con sus abuelos. En aquel hogar hospitalario, que solía funcionar como una casa de acogida para los maestros rurales que llegaban a Recoveco a impartir clases, Margarita descubrió su vocación

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Margarita Quevedo junto a Rosy, su inseparable hija, quien ha estado con ella en todo momento y fue soporte esencial en su lucha contra el cáncer.
Margarita Quevedo junto a Rosy, su inseparable hija, quien ha estado con ella en todo momento y fue soporte esencial en su lucha contra el cáncer.

Entre comidas compartidas y pláticas vespertinas, unas maestras de primaria le mostraron el uso del “gancho”. Su madre sabía tejer un poco, pero al ser una familia numerosa, el tiempo escaseaba.


A los 16 años, el destino la trajo a Culiacán, la ciudad que adoptó como su hogar definitivo y donde, a los 21 años, contrajo matrimonio con Roberto Sainz en 1972. Juntos formaron un hogar sólido en la colonia Lázaro Cárdenas, viendo crecer a sus cuatro hijos: dos varones y dos mujeres. 

Hoy, con 53 años viviendo en la misma casa y cobijada por el cariño de seis nietos, Margarita recuerda el tejido no solo como un pasatiempo, sino como el eje conector de su existencia.

El diagnóstico que detuvo el tiempo

La templanza de esta sinaloense se puso a prueba en junio de 2017. A los 65 años, recibió un diagnóstico médico que transformaría su realidad: Linfoma no Hodgkin, un tipo de cáncer que afecta los ganglios linfáticos. 

El impacto inicial trajo consigo la incertidumbre y el miedo natural a las complicaciones de una enfermedad de tal magnitud. Sin embargo, la red de apoyo familiar se activó de inmediato; Roberto y sus hijos se convirtieron en su principal soporte.

El camino hacia la recuperación fue complejo y demandó una enorme fortaleza física y emocional. Entre julio y noviembre de 2017, Margarita fue sometida a dolorosas cirugías en el abdomen, la espalda y la axila debido a los tumores ganglionares. 

En enero de 2018 comenzaron las quimioterapias, seguidas de 20 sesiones de radioterapia diarias, trayecto en el que uno de sus hijos la trasladaba con devoción.

Las secuelas del tratamiento se hicieron notar: pérdida de peso, falta de apetito y la caída del cabello que la llevó a usar turbantes y pelucas.


A pesar de la sensación de "flotar" al salir de cada sesión y de enfrentar nuevas rondas de quimioterapia en 2019 y 2020, Margarita nunca soltó el gancho ni el estambre

En los momentos más agudos de la enfermedad, cuando el cuerpo pesaba, el tejido se transformó en su terapia silenciosa, una actividad que mantenía su mente ocupada y sus manos conectadas con la vida.

Para Margarita, el verdadero valor del tejido se encuentra en la socialización y en el afecto. Aquí durante una tarde de tejido con un grupo de amigas en conocido café de la ciudad.
Para Margarita, el verdadero valor del tejido se encuentra en la socialización y en el afecto. Aquí durante una tarde de tejido con un grupo de amigas en conocido café de la ciudad.

El tejido como medicina para el alma y la comunidad

Para Margarita, tejer jamás fue un negocio; siempre ha sido un acto de amor y generosidad. "Nunca he hecho cosas casi para vender, todo lo regalo entre la familia", comparte con una sonrisa para Tus Buenas Noticias. 

Su destreza es tal que sus piezas han cruzado fronteras, llegando incluso a manos de un empresario extranjero de la industria textil en Estados Unidos, quien lucía con orgullo los gorros y bufandas creados por "Maggie", como le dicen de cariño.

Su talento la llevó a ser maestra en la emblemática "Casita del Estanque" durante casi una década, donde compartía el espacio entre hilos y recetas de cocina. Pero su mayor orgullo radica en su labor comunitaria: por más de 20 años ha sido maestra voluntaria en el DIF número 5 de la colonia Lázaro Cárdenas.

Actualmente, mantiene activos tres grupos de tejedoras, incluyendo a sus entrañables amigas con quienes comparte tardes enteras, y mantiene el vínculo con aquellas que han tenido que migrar a otras ciudades.

Volver a nacer con ganas de servir

El proceso de vigilancia médica posterior al tratamiento requirió años de constancia, con estudios especializados cada seis meses. 

Finalmente, en octubre de 2025, tras realizarse un último estudio especializado en la Ciudad de México acompañada por su hija Rosy —quien también fue su alumna y asistente de clases—, llegó la noticia tan esperada: la doctora la declaró oficialmente liberada del cáncer.

"Sentí como si volviera a nacer", relata Margarita con profunda emoción para Tus Buenas Noticias.


Al compartir la buena nueva en el DIF y con sus grupos de costura, los abrazos y las lágrimas de felicidad no se hicieron esperar. Esta victoria médica, lejos de invitarla al descanso, ha renovado sus energías y sus propósitos de vida. 

A sus 74 años, Margarita Quevedo Espinoza es un testimonio viviente de resiliencia. Su mensaje para las personas adultas mayores es claro: no hay que quedarse encerrados en la rutina del hogar. Las manualidades y el contacto con la comunidad son ventanas hacia la salud integral. 

Hoy, con el corazón lleno de gratitud y las manos listas para el siguiente proyecto, Margarita asegura que esta experiencia le ha dejado "más ganas de servir y de ayudar a la gente", demostrando que, mientras haya un hilo de esperanza, siempre se puede seguir tejiendo una hermosa historia.




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