Ari: una estudiante que lucha por terminar su carrera de medicina en Mazatlán
Con tenacidad y una voluntad inquebrantable la joven de 22 años busca convertir la adversidad en una meta lograda: su título de medicina. Sin dejar de trabajar por su objetivo Ari continúa enfocada en sus estudios, su sueño de ser médico está cerca


Ariadna Aguiar Zermeño ha aprendido en los últimos meses lo importante que es trabajar para lograr metas haciendo frente a circunstancias adversas y la bendición que significa tener el apoyo de una familia unida por un objetivo.
La joven de 22 años de edad, estudiante del último semestre de la licenciatura en medicina de la Universidad Autónoma de Durango en Mazatlán, enfrenta una situación complicada que la ha hecho crecer, madurar, convertirse en emprendedora y seguir enfocada en ser la buena estudiante que desde niña ha sido.
Ari, como la llaman de cariño en su círculo cercano, creció en una familia de maestras y con una mamá reportera. Su mundo siempre estuvo rodeado de libros y materiales didácticos, desde pequeña le gustaba la lectura, la poesía y la oratoria. 
En su mente no estaba la idea de ser doctora, pero en la preparatoria vivió una experiencia que la hizo sentir la necesidad de saber cómo actuar en una situación de emergencia para ayudar a alguien más.
“Viví un acontecimiento con una compañera que convulsionó y cuando eso pasó nadie sabía qué hacer, eso me marcó mucho, dije si tengo la oportunidad de saber qué hacer en ese tipo de situaciones voy a optar por eso y fue así como decidí por medicina”, recuerda.
El inicio de un camino hacia la medicina
Ari entró a la universidad todavía en modalidad virtual ya a finales de la pandemia de COVID 19. Durante esa época la familia de la joven empezó a tener algunos problemas económicos, pero eso no impidió que ella entrara a clases como estudiante de medicina.
La mamá de Ari recién había dado a luz a su hermana menor y su papá es diabético desde hace tiempo, por lo que Ariadna tardó un mes más en entrar a clases presenciales cuando sus compañeros empezaron a asistir a las aulas.
Desde que empezó la universidad Ariadna decidió empezar a vender algunos artículos para ayudarse con sus gastos personales y de transporte.
Su papá se hacía cargo de pagar la escuela, sin embargo, los problemas financieros que venían arrastrando desde la pandemia empezaron a mermar la capacidad de pago, sin que la joven se enterara de la situación. 
“Mi mamá no estaba trabajando, mi papá tenía muy poco salario entonces como pudieron fueron ayudándome con el tema de la universidad, pero llegó un punto en el que mi papá se enfermó no iba todos los días a trabajar y se fueron atrasando con el pago de la colegiatura”, dice con sentimiento.
El problema llegó a un punto en el que personal de la universidad habló con Ariadna para hacerle saber del retraso en el pago de poco más de dos semestres, situación que podría afectarle ahora que está a punto de empezar su internado.
“Estoy en quinto año el último de universidad, son cinco años de carrera, uno de internado y uno de servicio social los últimos dos se cursan en hospital y usualmente en la universidad tú te puedes ir con esa deuda hasta el internado, pero este año es diferente, si tienes una deuda no puedes llegar al internado y se te va a pausar todo en tu carrera”, explica.
Emprendiendo para cumplir un sueño
A partir de ese día Ariadna y su mamá, Yesenia, decidieron luchar en lugar de rendirse o pausar los estudios de la joven, que ya de por sí hacía lo posible por generar recursos para sus gastos.
“Yo ya vendía cositas para ganar algo para mí para mis pasajes, entonces empecé a vender de todo vendo mapas estelares que son cuadritos personalizados, vendo también libritos para colorear y vendo burritos en la universidad”.
La familia de Ari se unió para apoyarla, en una lluvia de ideas surgió la de ir a vender ropa y otros artículos al Tianguis de la Flores Magón y así lo hizo con donaciones de familiares y amigos. 
También empezó a vender pozole los fines de semana y pines de medicina a sus compañeros, junto con una amiga hace vasos personalizados y finalmente vio una buena oportunidad de generar ingresos vendiendo chucherías durante el desfile del domingo de Carnaval.
Este negocio en el que invirtió una buena cantidad de recursos no dio los resultados esperados y fue un duro golpe en el ánimo de Ari y su mamá.
“En Carnaval la verdad me fue mal no me gustaba decirlo porque quería ver lo positivo de la situación, pero siendo sinceros no me fue como esperaba no recuperé la inversión que yo puse y tuve que vender todo aparte”.

Así, Ariadna empezó a vender toda la mercancía sobrante en su escuela y los fines de semana en el malecón y en parques de la ciudad.
“Vendo chucherías, churritos, gomitas y los fines de semana voy a la calle y vendo botanas recorro todo el malecón y algunos parques”, explica.
El apoyo incondicional de mamá
Aunque la situación es complicada, Yesenia, mamá de Ari, asegura que no hay tiempo de lamentarse o rendirse, siempre están buscando nuevas formas de conseguir el recurso que aún falta para cubrir el adeudo y asegurar que la joven termine su carrera y empiece el internado.
“Desde el día que supimos de la situación fue de decir qué hacemos, cómo vamos a salir adelante porque tenemos el tiempo medido. Para mí Ari es un orgullo, es tenacidad, resiliencia, fuerza y es mi ejemplo la pone todas las ganas y no se rinde”, dice orgullosa.

Así, madre e hija iniciaron una nueva estrategia, organizaron un desayuno para recaudar fondos y empezaron a invitar a familiares y amigos a acompañarlas el próximo domingo 7 de junio en el restaurante La Costa Marinera.
“El boleto de adulto cuesta 300 y el niño 150 lo estoy realizando para poder pagar mis estudios, el platillo incluye chilaquiles, machaca, frijoles, café, jugo pan dulce y fruta y el de niño incluye dos hotcakes y un vasito de chocomilk”, dice entusiasmada.
Sin dejar de trabajar por su objetivo Ari continúa enfocada en sus estudios, su sueño de ser médico está cerca y el apoyo incondicional de su madre la hace creer que lo va a lograr.
“Mi mamá ha sido el apoyo más importante y mi familia porque a pesar de que se veía imposible ellos me dicen que sí se puede, que no descuide la escuela, poco a poco lo vamos a ir sacando y creo que haciéndole a todo el final del día sí se va a poder y nada más queda continuar”, asegura con la voz entrecortada.

Yesenia, por su parte, visualiza a su hija cumpliendo su meta y desde ahora se siente una madre orgullosa de tener una doctora en casa.
“Sí se va a poder en mi mente yo ya la veo graduada, con el título, no tenemos los recursos en el momento, pero yo sé que se va a lograr”, dice con determinación.
Agradecidas con todas las personas que se han sumado a su causa, que han apoyado de una u otra forma a recaudar recursos para que Ari continúe estudiando, ambas hacen una vez más el llamado a la comunidad.
Quienes gusten apoyar a Ari y asistir al desayuno pueden adquirir boletos comunicándose directamente con ella al Whats App 6691023999. 
Ariadna Aguiar Zermeño está a punto de cerrar el capítulo más difícil de su carrera, en el que aprendió a levantarse tras cada golpe, sosteniendo su meta con estudio y determinación.
Hoy, su internado no es un sueño lejano, es una próxima meta que se construye con el apoyo de su familia y con la fuerza de quienes deciden no rendirse.
Que su historia sea un recordatorio contundente: cuando hay tenacidad, el “no se puede” se convierte en “se está logrando”.












