Pedro Márquez, con sus chicharrones da el sabor oaxaqueño al tianguis de Villa Juárez
Desde hace más de 40 años, Pedro Márquez preserva en Villa Juárez las tradiciones culinarias mixtecas con la venta de chicharrones, carnitas, cecina y tasajo en el tianguis local

Desde hace más de 40 años, Pedro Márquez preserva en Villa Juárez las tradiciones culinarias mixtecas con la venta de chicharrones, carnitas, cecina y tasajo en el tianguis local.
Desde hace más de cuatro décadas, el aroma del chicharrón recién preparado, de las carnitas, y la cecina asada forman parte del paisaje cotidiano del tianguis de Villa Juárez, en Navolato. 
Detrás de ese sabor que reúne a jornaleros, familias y comerciantes está la historia de Pedro Márquez Vázquez, un hombre originario de Oaxaca que encontró en Sinaloa trabajo, arraigo y una forma de vida.
Pedro Márquez, un ejemplo de migración y trabajo en Sinaloa.
Don Pedro, de 66 años, pertenece a la comunidad mixteca. Llegó junto con su familia desde Oaxaca cuando apenas era niño, en medio de las grandes migraciones de trabajadores agrícolas del sur del país hacia los campos sinaloenses durante las décadas de los 60 y 70.
“Mis padres al venir, vivían en los campos agrícolas de alrededor de Villa Juárez, y en los años 70 nos trajeron decidimos quedarnos aquí a vivir en esta sindicatura. Ya en los 80 prácticamente me dediqué al negocio de las carnitas y los chicharrones”, relata mientras atiende su puesto conocido como “Chicharroncitos Márquez”.

Su historia es también la historia de cientos de familias indígenas que se establecieron en Villa Juárez y que con el paso del tiempo transformaron la comunidad en un mosaico cultural donde conviven mixtecos, triquis, zapotecos, mazahuas, otomíes, popolucas y muchas otras etnias.
La historia de un hombre que preserva la cultura mixteca en el tianguis.
Pedro Márquez recuerda que hace décadas fue uno de los fundadores del tianguis de Villa Juárez y de la Unión de Vendedores de Puestos Fijos y Semifijos del Municipio de Navolato, organización que ayudó a dar orden y permanencia a los comerciantes del lugar.
“Cuando se nos cedió este espacio (uno de los dos tianguis de Villa Juárez) donde estamos, ya quedamos establecidos como zona para tiangueros y aquí seguimos hasta la fecha”, comenta orgulloso.

Cada domingo, su puesto se convierte en uno de los más visitados. Ahí vende carnitas, chicharrones, costillitas, chorizo, chilorio, machaca de res y otros derivados del puerco.
Además de cecina de res y tasajo, alimentos tradicionales del sur del país que siguen siendo buscados especialmente por familias originarias de Oaxaca y Guerrero.
El tasajo, explica, puede prepararse de distintas maneras: asado al carbón, frito o cocido con frijoles y hoja de aguacate. “Es lo típico de allá”, dice con nostalgia. 
Aunque el trabajo en el campo agrícola es temporal y muchos jornaleros regresan a sus estados durante parte del año, Don Pedro permanece en Villa Juárez atendiendo el negocio que sostiene a toda su familia. Su esposa, Guillermina León, también trabaja en el tianguis vendiendo ropa y calzado.
“De esto vivimos”, afirma.
En temporada alta llega a emplear hasta ocho personas, muchas de ellas integrantes de la iglesia cristiana a la que pertenece. Mientras acomoda la mercancía y saluda a clientes de toda la vida, asegura sentirse agradecido con Sinaloa por las oportunidades que encontró.
“Venimos buscando trabajo y sobrevivir. Aquí no se hace uno rico, pero siempre hay un ingreso cada semana para la familia”, expresa.
Aunque todavía visita ocasionalmente su pueblo en Oaxaca, reconoce que su vida ya quedó sembrada en Villa Juárez, donde creció su familia integrada por sus hijos David, Joel, Epitasio y Daniel Márquez León. 
El impacto de la gastronomía oaxaqueña en la comunidad de Villa Juárez.
Entre el bullicio del tianguis, el gigantesco cazo friendo las carnitas y el sonido de los clientes que llegan cada fin de semana, Don Pedro continúa preservando su negocio familiar. En él perpetúa las tradiciones culinarias y culturales de sus raíces mixtecas en tierras sinaloenses.
Pedro es un ejemplo de migración, temple y trabajo honesto haciendo ciudadanía en un pueblo que lo adoptó como hijo. Villa Juárez es la herencia multicultural que miles de migrantes tienen por casa. Ahí nomás sus chicharrones truenan. Le dan el sabor oaxaqueño a la comunidad.









