Maestra Lupita Pimentel, entre las aulas, la maternidad y una vida dedicada a transformar generaciones
La docente de Conalep recibió el Mérito a Docente de Excelencia 2026 a nivel estatal tras casi tres décadas acompañando jóvenes dentro y fuera del aula en Culiacán


Culiacán, Sinaloa.- Desde niña, Lupita Pimentel tenía claro qué quería ser. Mientras otras niñas jugaban a muchas cosas, ella jugaba a dar clases. Creció en la colonia agrícola México, en Angostura, Sinaloa, admirando profundamente a sus maestros y soñando con algún día dedicarse a enseñar.
Hoy, después de casi 30 años formando generaciones en Conalep, recibió el reconocimiento Docente de Excelencia 2026 a nivel estatal, un homenaje que resume décadas de trabajo, empatía y amor por la educación.
Recuerda especialmente a la maestra Irma López, en primaria, y al maestro Peraza, en secundaria, quienes despertaron en ella la idea de que la educación podía cambiar vidas.
Yo decía: cuando sea grande quiero ser como ellos”, comparte.
Aunque el sueño siempre estuvo presente, el camino no fue sencillo. Proveniente de una familia humilde, Lupita llegó a Culiacán a los 15 años con la responsabilidad de estudiar, trabajar y también abrir camino para sus hermanos menores.
Aunque inicialmente cursó Contabilidad y Administración, la docencia siempre terminaba encontrándola. La primera vez que le ofrecieron dar clases todavía era muy joven, pero rechazó la oportunidad porque sentía que no estaba preparada. Tiempo después llegó una nueva oportunidad en la Facultad de Contabilidad y Administración de la UAS.
Me preguntaron si quería ser maestra y yo dije: ‘Es algo que he deseado toda mi vida’”.
Así comenzó impartiendo clases cuando apenas tenía poco más de 20 años. Aunque al inicio sentía nervios por tener alumnos mayores que ella, descubrió rápidamente que enseñar era mucho más que transmitir conocimientos.

Una maestra que aprendió a escuchar
Con el tiempo, Lupita encontró en la psicología otra de sus grandes pasiones. Siempre quiso estudiarla, pero durante años tuvo que priorizar el trabajo y la responsabilidad de apoyar económicamente a sus hermanos menores. Y fue hasta que sus hijos crecieron cuando decidió retomar ese sueño pendiente.
Les dije: ‘Si ustedes entran a la universidad, yo también voy a estudiar lo que siempre soñé’”.
Así, mientras sus hijos cursaban sus carreras, ella también ingresó a Psicología. Más adelante llegaron diplomados, maestrías y especializaciones enfocadas en orientación emocional y desarrollo humano.
Actualmente, además de impartir clases, también trabaja como orientadora educativa, una labor que le permitió entender que muchos jóvenes solo necesitan sentirse escuchados.
Hay alumnos que no ocupan que les resuelvas la vida. Solo necesitan que alguien los escuche cinco minutos”.
Por eso considera que ser docente también implica acompañar emocionalmente a los estudiantes. “Somos maestros, orientadores, psicólogos… somos un poquito de todo”.
Con emoción recuerda a exalumnos que años después regresan para agradecerle o contarle que eligieron convertirse en docentes inspirados en ella.

Entre la maternidad y las aulas
Hablar de Lupita también es hablar de maternidad. Madre de tres hijos —dos de ellos maestros—, aprendió a equilibrar trabajo, estudio y familia con organización y mucho amor.
Siempre buscó acomodar sus horarios para convivir más tiempo con ellos. En casa organizaba reuniones familiares a las que llamaban “juntas”, espacios donde podían hablar de emociones, preocupaciones y decisiones importantes. “Les decía: ‘Somos un equipo’”.
Mientras criaba a sus hijos, continuó preparándose profesionalmente y nunca dejó de estudiar. Muchas veces pasaba de las aulas al trabajo y del trabajo a casa para ayudar con tareas y seguir construyendo el futuro de su familia.
Hoy, sus hijos admiran profundamente la manera en que logró sacar adelante tantas responsabilidades al mismo tiempo. Y ese ejemplo se ve claramente en Jhoseline, quien continuó su legado y también imparte clases en el mismo centro educativo.
A sus casi 60 años, Lupita continúa tomando cursos y preparándose constantemente. Está convencida de que nunca es tarde para aprender y de que la educación necesita cada vez más empatía.
Detrás de un cinco o un seis hay una historia”, reflexiona.
Después de casi tres décadas en las aulas, Lupita sigue entrando al salón con la misma ilusión de aquella niña de Angostura que soñaba con ser maestra.
Y aunque hoy acumula reconocimientos y generaciones formadas, asegura que lo más valioso siguen siendo las personas que ha acompañado a lo largo del camino.

Los beneficios de la docencia con empatía
- La empatía fortalece la relación entre maestro y alumno.
- La psicología ayuda a entender emociones y conductas.
- Escuchar a los jóvenes mejora su bienestar emocional.
- Un docente empático genera confianza en el aula.
- La orientación emocional favorece el aprendizaje.
- Comprender el contexto evita juzgar a los estudiantes.
- La educación emocional ayuda a prevenir problemas.
- Los alumnos aprenden mejor cuando se sienten acompañados.





