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Yadira llegó de Chiapas, se quedó sola con tres hijos y hoy vende mangonadas en Culiacán para salir adelante

Yadira Morales Montes encontró en unas sencillas paletas de mango una forma de sostener a sus hijos y sanar el corazón. Cada tarde llega al parque Fiu Fiu en Alturas del Sur con su hielera y una enorme voluntad de no rendirse.

29 mayo, 2026
Yadira Morales vende mangonadas en el Parque Fiu-Fiu en Alturas del Sur. Llegó a Culiacán desde Chiapas y ahora busca sustento para sacar adelante a sus tres hijos.
Yadira Morales vende mangonadas en el Parque Fiu-Fiu en Alturas del Sur. Llegó a Culiacán desde Chiapas y ahora busca sustento para sacar adelante a sus tres hijos.

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Hay mujeres que aprenden a ser fuertes porque la vida no les deja otra opción. Yadira Morales Montes es una de ellas.

Cada tarde llega al parque Fiu Fiu de Alturas del Sur con una hielera, tres niños pequeños y una sonrisa que intenta mantenerse firme, incluso cuando por dentro todavía acomoda los pedazos de una vida que cambió de golpe hace apenas unos meses.

Tiene 34 años, es originaria de Chiapas y desde hace dos años vive en Culiacán, un lugar al que llegó siguiendo el sueño de formar una familia junto al padre de sus hijos. Pero la vida tomó otro rumbo.

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Una oportunidad para empezar de nuevo

La elaboración de las mangonadas resultó ser un refugio para Yadira, luego de una separación.
La elaboración de las mangonadas resultó ser un refugio para Yadira, luego de una separación.

Hace apenas tres meses atravesó una separación que la obligó a empezar de nuevo.

"Debido a la separación dije: tengo que hacer algo… como para distraerme", cuenta con una voz tranquila, aunque inevitablemente cargada de emociones.

Y así nacieron las mangonadas.

No hubo cursos, no hubo recetas secretas, no hubo grandes inversiones. Solo hubo calor, necesidad y ganas de salir adelante.

"Una tarde hacía mucho calor y dije: ‘¿Por qué no hago algo?’ Empecé haciendo las mangonadas para la casa, pero los vecinos me preguntaron si las vendía y ahí se me ocurrió empezar", relata para Tus Buenas Noticias.


Desde entonces, Yadira comenzó a colocar un pequeño letrero afuera de su casa, ubicada por Cima del Cazadero en Alturas del Sur. Después, con el tiempo, empezó también a llevar su hielera al parque mientras sus hijos juegan.

Ahí permanece algunas tardes, observándolos correr mientras ella vende sus paletas congeladas de mango a solo diez pesos.

La acompañan siempre sus tres pequeños: una bebé de un año, un niño de tres y otro de diez años.

Mientras ellos juegan, ella trabaja.

Mientras ellos ríen, ella intenta sanar. "Lo ocupo como terapia", dice sinceramente.

Porque detrás de cada mangonada hay mucho más que hielo y mango. Hay una mujer intentando reconstruirse, una madre que nunca había trabajado sola porque durante años fue ama de casa.

Hay una mujer joven que dejó Chiapas para empezar una vida nueva y ahora tiene que aprender a salir adelante lejos de su tierra y de su familia.

"Siempre fui ama de casa. Trabajos sí teníamos, pero familiares. Ya cuando me separé, pues tiene que buscarle uno a la vida", expresa.


Y aun así, no habla desde el enojo, habla desde el amor por sus hijos. Por ellos decidió quedarse en Culiacán, aunque extrañe su hogar.

"Más que nada por ellos, porque quieren mucho a su papá", comparte.



Una forma de sanar y sostener a su familia

En medio de tantas dificultades, Yadira intenta mantenerse fuerte. Dice que vender le ayuda a distraerse, a no quedarse encerrada pensando, a sentir que poco a poco puede volver a empezar.

Y quizá eso es lo más admirable de su historia, Porque cuando muchas personas podrían rendirse, ella sale cada tarde con una hielera y esperanza.

Con miedo, sí. Con cansancio, también. Pero sin dejar de luchar.

Yadira enfrenta la vida con valentía y esfuerzo

Historias como la de Yadira reflejan la realidad de muchas mujeres que silenciosamente sostienen hogares enteros mientras intentan sanar emocionalmente. Mujeres que no aparecen en grandes titulares, pero que todos los días hacen actos enormes de valentía.

Hoy, en Alturas del Sur, sus mangonadas no solo refrescan las tardes, también representan el esfuerzo de una madre que decidió convertir el dolor en fuerza para sus hijos.

Y quizá, entre cada persona que le compre una mangonada, también pueda encontrar un poco de apoyo, solidaridad y esperanza para seguir adelante.

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