La familia Lizárraga y 75 años de Café El Marino en Mazatlán: persistir para trascender
Una historia familiar con arraigo en el puerto y expansión por el mundo, consolidada por tres generaciones con esfuerzo, visión y perseverancia. Café El Marino es ejemplo del éxito derivado de décadas de trabajo arduo y talento en Mazatlán


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El aroma de café que invade la entrada sur de Mazatlán desde hace décadas tiene un origen arraigado en la comunidad y una historia de trabajo arduo que demuestra que la cultura del esfuerzo lleva a grandes resultados que requieren dedicación y perseverancia.
La fábrica de Café El Marino en el acceso de la ciudad es un indicativo de la llegada a un puerto próspero, donde la industrialización del café nació de la mano de una familia cuyo sello ha sido una visión positiva de desarrollo y superación.
La historia de esta empresa que hoy exporta café a tres continentes y tiene presencia en todo el noroeste, occidente y las principales ciudades de México inició con Ricardo Lizárraga Granados, un niño nacido en 1926 en la comunidad de El Verde, Municipio de Concordia, al sur de Sinaloa.
A muy corta edad Ricardo empezó a trabajar en el campo y luego en las minas de Durango, para ayudar al sustento de su familia, fue a la edad de 14 años que llegó a Mazatlán ayudado por un tío y fue en este puerto donde después de unos años inició el que sería un negocio familiar que ha trascendido generaciones y fronteras. 
A su llegada a la ciudad Ricardo, que estudió hasta el cuarto grado de primaria, pero sabía trabajar y tenía el “don de gentes”, inició como empleado en una tienda de telas y luego entró al mundo del comercio.
“Él tuvo dos mayoreos a los 16-17 años uno que se llamaba la Faja de Oro y otro que se llamaba la Gaceta Comercial que eran abarrotes en los mercados en los cuales él compraba granos, arroz y hacía sus propios empaques esto marca su inicio y le da muchas tablas para que después inicie en el negocio del café”, explica su nieto Javier Lizárraga López Puerta, actual Director Comercial de Café El Marino.
La oportunidad de su vida vino unos años después, en 1950 José Montes, un español que conocía a Ricardo gracias a su actividad como comerciante, lo involucró en el mundo del café.
“La historia cuenta que este señor Montes cobra una vieja cuenta que tenía y le pagan en especie con un molino y un tostador. Entonces él ya conocía a mi abuelo del mayoreo y dice éste se me hace un buen gallo para meterlo al mundo del café y así formalmente se funda Café El Marino en octubre 12 de 1950”, explica.
Lo que nació como un pequeño expendio de café en el cruce de Zaragoza y General Damy, en el centro de Mazatlán, pronto se expandió gracias a la visión y el trabajo sin descanso de Ricardo.
Primero en los barrios y rancherías de Mazatlán, luego en otros municipios y la capital del estado, Café El Marino, llamado así con el fin de que la marca se identificara con quienes se hacían a la mar, fue ganando terreno y prestigio. 
“Había otras marcas importantes en esa época y ahí ya entra su persistencia, sus ganas de trabajar y sus habilidades porque en poco tiempo termina consolidando su marca de café”, asegura con orgullo.
Con los años dos de los hermanos de Ricardo, Enrique y Faustino se unieron a la empresa y contribuyeron a su crecimiento, esta generación fundadora de Café El Marino logró entrar con su producto al mercado internacional, en 16 años ya habían logrado iniciar exportaciones a Estado Unidos.
“En el 66 Café El Marino fue la primera empresa mexicana en exportar en todas sus presentaciones y fue gracias a un viaje que hizo mi abuelo a Estados Unidos a tocar puertas porque había comprado un nuevo tostador y tenía mucha capacidad de sobra que necesitaba llenar”.
Nuevas generaciones, nuevas metas alcanzadas
Ricardo consolidó alianzas comerciales, innovó en la industria y tuvo la oportunidad de ver a sus hijos entrar al negocio familiar y hacerlo crecer. En la década de los 80 la segunda generación de la familia Lizárraga tomó el timón del barco y marcó una nueva era de Café El Marino. 
“La empresa los primeros 40 años fue puro café que a fin de cuentas es un comoditie y cuando los precios internacionales del café están muy altos nos venden caro y nosotros no podemos pasar esos precios al consumidor final, entonces mi papá viendo la red de distribución que teníamos propuso el tema de hacer una comercializadora”, explica Javier.
Así con Javier Lizárraga Mercado al frente de la empresa nace una nueva empresa, Industrias Marino se sigue enfocando en la exportación y la producción de café y Café El Marino empieza la distribución.
“Empezaba el TLC y ven la oportunidad empezar a traer productos importados ya que no se iban a encarecer por los aranceles y en cuestión de 5-6 años también se convierte en una de las principales importadoras de productos alimentos en México”.
Junto con sus hermanos, Arturo y Juan Carlos, Javier logró transformar a Café El Marino de una empresa cafetalera a un conglomerado alimenticio. 
La fábrica que se erige en la entrada sur de Mazatlán, ha sido reconocida internacionalmente, es un ejemplo en sistemas, maquinaria y automatización, hoy en día es maquiladora de más de 60 marcas americanas y el 70 % de su producción son exportaciones.
“La planta es un ejemplo de la evolución que ha tenido la empresa, toda esa profesionalización y esa consolidación le ha tocado a la segunda generación”.
75 años de Café El Marino, de regreso al origen
En entrevista con Tus Buenas Noticias, Javier hace un recorrido por toda la historia de la empresa familiar difícil de resumir en unas cuantas líneas, pero que explica, sin lugar a dudas, su pasión por Café El Marino y su entrada natural al negocio que inició su abuelo hace 75 años. 
“En mi caso desde que crecí es algo que me ha apasionado mucho, yo fui muy cercano a mi abuelo y mucho de lo que él vivió lo fui absorbiendo desde chico, también con mi papá que siempre lo he admirado mucho, creo que a fin de cuentas siempre sentí el llamado de querer entrar al grupo y aportar mi granito de arena”, dice convencido.
Javier, su hermano Álvaro y sus primos Arturo y Lucila, son parte de la tercera generación de la familia que hoy dirigen la empresa, conscientes de las necesidades actuales del marcado y las complejidades del negocio, pero sobre todo con muchas ganas de seguir sentando bases para que Café El Marino permanezca vigente muchos años más.
“Tienes que llegar no solamente a ocupar un puesto, pero llegar a hacer cambios trascendentales para que la empresa pueda seguir su curso”, señala.
Además de buscar la diversificación en otras industrias y tomar acciones de reingeniería administrativa para encontrar áreas de oportunidad que lleven a la empresa a ser más competitiva, los jóvenes han abierto una puerta que se antoja natural para Café El Marino pero que hasta hace poco no se había explorado.
Con la apertura primero de Café Marino Expendio, ubicado en la propia fábrica en la entrada sur de la ciudad y ahora con El Marino Cafetería de Origen en pleno centro de Mazatlán, los jóvenes han decidido acercar la marca a la comunidad. 
“Queríamos un lugar donde el consumidor pudiera encontrar todas las presentaciones y convivir más de cerca con la marca, ofrecer una buena experiencia y estamos enfocados en eso”.
Hoy con mil colaboradores en sus empresas, Grupo Marino y la familia Lizárraga continúan buscando el arraigo en el puerto, las cafeterías les permiten regresar al origen de los pequeños expendios en los que Don Ricardo soñaba con llegar a los hogares de todo México y el extranjero con su marca.
Los valores familiares no solo han permeado por generaciones, sino que se comparten con colaboradores y clientes, porque Café El Marino busca retribuir a la comunidad todo su apoyo con empleos y productos de calidad.












