Navol Plant es el sueño de Lázaro que nació en Navolato entre macetas, sacrificios y esperanza
Lázaro Payán se ha convertido en uno de los vendedores de plantas más queridos del centro de Navolato, donde hoy inspira con su historia de esfuerzo y sencillez.

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En una de las esquinas más transitadas del centro de Navolato, justo entre el movimiento diario de carros, clientes y comerciantes, hay un pequeño espacio lleno de color que muchas personas ya reconocen de inmediato.
Ahí está Lázaro Payán Cuadras.
Conoce a El Señor de las Plantas de Navolato

Rodeado de bugambilias, plantas medicinales, flores y macetas, saluda a quien pasa con la tranquilidad de alguien que aprendió a crecer igual que las plantas que vende: poco a poco, con paciencia y resistiendo los tiempos difíciles.
Muchos lo conocen simplemente como “el señor de las plantas”.
Y aunque hoy es uno de los vendedores más conocidos del centro de Navolato, detrás de cada planta que acomoda hay una historia de sacrificios, noches largas y sueños que comenzaron desde abajo.
Lázaro tiene 47 años y asegura que nunca imaginó que las plantas terminarían cambiándole la vida.
Durante muchos años trabajó en una gasolinera en turnos nocturnos. Entraba a las 10 de la noche y salía hasta las 6 de la mañana. Dormía de día, vivía cansado y apenas podía convivir con su esposa y sus cuatro hijos.
“No tenía vida”, recuerda y comparte para Tus Buenas Noticias.
En busca de nuevas oportunidades encontró una nueva forma de vida

El dinero no alcanzaba y la necesidad de sacar adelante a su familia comenzó a empujarlo a buscar nuevas oportunidades.
Fue entonces cuando empezó a ver videos de superación y a preguntarse qué podía hacer para construir algo propio.
Y sin darse cuenta, la respuesta siempre había estado frente a él.
Las plantas.
Desde niño le gustaban las flores. Creció en el Caimancito, en una casa donde su abuela y su mamá llenaban el patio de plantas y árboles.
“La gente decía que parecía selva”, cuenta entre risas.
Un cambio de vida

Pero hubo una persona clave que terminó cambiándole el rumbo por completo: don Francisco Hermosillo, un hombre mayor que le enseñó a sembrar y cuidar una parra de uva.
“Por culpa de una parra de uva comenzó todo”, dice con cariño.
Don Francisco lo motivó a aprender sobre injertos, reproducción y cuidados de plantas. Al principio, Lázaro dudaba. Le daba vergüenza vender y hablar con la gente.
Pero poco a poco fue descubriendo que tenía facilidad para conectar con las personas y, sobre todo, buena mano para las plantas.
Cuando don Francisco falleció, sus hijos lo llamaron para entregarle algo muy especial. “Mi papá te dejó una herencia”, le dijeron.
Lázaro pensó que hablaban de dinero o alguna pertenencia importante.
Pero no. “La herencia eran las plantas”.
Desde entonces comenzó a vender poco a poco, primero desde su casa y luego de manera ambulante. Más tarde llegó al centro de Navolato, donde ya tiene cinco años instalado sobre la Rosales e Hidalgo, junto a la paletería La Michoacana.
Lázaro no solo vende plantas, también enseña sobre sus cuidados

Su negocio se llama “Navol Plant”.
Aunque empezó pequeño, hoy muchas personas lo reconocen por nombre y hasta lo buscan directamente cuando necesitan una planta, un consejo o ayuda para cuidar sus jardines.
“Es bueno vender, pero también saber lo que tienes”, explica.
Y eso justamente fue lo que lo hizo diferente.
Lázaro no solamente vende plantas. También enseña cómo cuidarlas, cómo reproducirlas y qué necesita cada una para sobrevivir.
Con el tiempo fue consiguiendo proveedores, aprendiendo más del oficio y comprando poco a poco lo que necesitaba para crecer. Incluso logró adquirir una camioneta gracias al ahorro de su trabajo.
Pero quizá lo más bonito de su historia es que nunca dejó de pensar en su familia.
Todo lo que hace tiene un objetivo claro: darles una vida mejor a su esposa y a sus cuatro hijos.
“Todo esto es por ellos”, comparte.
Su esposa, quien es contadora, también lo apoya en el negocio cuando puede. Juntos sueñan con algo más grande: tener algún día un vivero completo en Navolato.
Uno con secciones de flores, frutales, plantas medicinales y espacios para reproducción.
“Quiero que la gente llegue directamente a nuestro vivero”, dice ilusionado.
Mientras ese sueño llega, Lázaro sigue todos los días en la esquina donde ya muchos lo conocen. Ahí acomoda plantas, conversa con clientes y demuestra que a veces las historias más valiosas nacen de personas sencillas que decidieron no rendirse.
Porque entre macetas, flores y tierra mojada, este hombre de Navolato encontró algo mucho más grande que un trabajo.
Encontró una nueva oportunidad de vida.
























