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Para Ti

Con las primeras luces del amanecer, cuando gran parte de la comunidad de Cajón Ojo de Agua “El Cerro”, en Rosario, apenas comienza a despertar, María de Jesús Rivas Parra, mejor conocida entre vecinos y amigos como “Quechu”, ya está lista para iniciar una jornada más de trabajo frente a su hornilla de leña.

La elaboración artesanal de tortillas de harina y maíz se ha convertido en su principal fuente de ingresos y en el sustento que le permite salir adelante junto a su hija Isabel, una joven con discapacidad que requiere de su atención prácticamente de manera permanente.

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Con fe en Dios, esfuerzo diario y la fuerza de sus manos como principal herramienta, “Quechu” ha logrado mantener vivo un oficio tradicional que durante generaciones ha formado parte de la identidad de las comunidades rurales de Rosario.

Su rutina comienza desde muy temprano y se extiende hasta después del mediodía. Durante esas horas prepara, cocina y ofrece tortillas recién hechas para quienes buscan acompañar con ellas el desayuno o la comida.

Una enseñanza que nació en la infancia

La historia de María de Jesús es similar a la de muchas mujeres de las zonas rurales, quienes aprendieron desde pequeñas las labores relacionadas con la cocina tradicional gracias a las enseñanzas de sus madres y abuelas.

Aunque no recuerda con exactitud cuándo comenzó a vender tortillas, sí tiene presente que desde niña aprendió a elaborarlas de manera artesanal, una habilidad que con el paso de los años se convirtió en una alternativa para generar ingresos.

En sus inicios, además de preparar tortillas de harina, recorría las calles de la comunidad para vender también buñuelos, un tradicional postre elaborado a base de tortillas de harina fritas en aceite.

Aquellos recorridos representaban largas jornadas bajo el sol, pero también la posibilidad de llevar algo de dinero a casa. Con el tiempo, las circunstancias familiares hicieron necesario un cambio en la manera de trabajar.

El amor de madre la llevó a establecerse en un punto fijo

La necesidad de permanecer cerca de su hija fue determinante para que María de Jesús dejara de recorrer las calles y optara por instalarse de manera permanente en la calle principal de su comunidad.

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Desde ese lugar continúa ofreciendo sus productos a vecinos de Cajón Ojo de Agua “El Cerro” y también a personas provenientes de comunidades cercanas que ya conocen el sabor de sus tortillas.

“Se presentó la necesidad de ya quedarme en un punto fijo, porque tengo una niña con discapacidad, no puedo dejarla mucho tiempo sola, ya está grandecita, pero de una u otra manera tengo que estar pendiente de ella y estando aquí me lo permite”


La decisión le permitió combinar dos de las responsabilidades más importantes de su vida: generar ingresos para el hogar y mantenerse al pendiente de su hija.

Aunque reconoce que las ganancias no son elevadas, María de Jesús asegura sentirse agradecida por la respuesta que ha recibido de los consumidores. Cada venta representa una ayuda para adquirir los insumos necesarios y continuar trabajando día tras día.

“Gracias a Dios la gente me ha respondido aquí, poco, pero sí saco para surtir la harina, la masa, la leña”


El sabor de la tradición permanece vivo

A pesar de que actualmente existen herramientas modernas que podrían facilitar su trabajo y reducir el esfuerzo físico, María de Jesús ha decidido conservar el método tradicional que distingue a sus tortillas.

Su principal aliada continúa siendo la hornilla de leña, elemento que, asegura, le da un sabor especial a cada pieza que sale del comal. Mientras muchas cocinas han migrado al uso de gas LP y equipos más modernos, “Quechu” mantiene viva una práctica que ha pasado de generación en generación.

“Si se fijan, todo es a la leña, todo es al momento, al día, la gente no puede decir que ya las tenemos hechas de días, todo es de ahorita”


Esa frescura es precisamente una de las características más valoradas por quienes consumen sus tortillas, elaboradas al instante y siguiendo técnicas tradicionales. Además del sabor, los clientes reconocen el esfuerzo y la dedicación que implica preparar cada tortilla completamente a mano.

Una jornada sin descanso

El trabajo de María de Jesús no conoce de días libres. De lunes a domingo se mantiene al frente de su negocio, iniciando actividades desde que comienza a amanecer.

Las horas transcurren entre la preparación de la masa, el encendido de la leña y la elaboración constante de tortillas para atender la demanda de quienes llegan a comprar. Generalmente permanece trabajando hasta las dos o tres de la tarde, momento en que concluye la producción del día.

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A lo largo de la jornada también encuentra tiempo para convivir con los vecinos y responder con una sonrisa a quienes pasan por su establecimiento y la saludan. Su carisma y sencillez la han convertido en una persona apreciada dentro de la comunidad.

Lejos de pensar en retirarse, María de Jesús asegura que continuará elaborando tortillas mientras la salud y las fuerzas se lo permitan. Su motivación principal sigue siendo el bienestar de su hija y el respaldo que recibe de quienes diariamente consumen sus productos.




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