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Bernardo Vega hizo de las comunidades más alejadas su salón de clases y dejó un legado que sigue vigente.

San Ignacio, Sinaloa. Con la serenidad que dan los años y la satisfacción del deber cumplido, Bernardo Vega Villegas, quien hace apenas unos días cumplió 95 años, mira hacia atrás y encuentra una vida marcada por la enseñanza, el esfuerzo y el servicio. Durante 65 años dedicó su vida a la educación pública, formando generaciones de niños en las comunidades más apartadas del municipio de San Ignacio.

Su historia comenzó cuando apenas tenía alrededor de 22 años, en el mineral de San Vicente, en la sindicatura de Contraestaca. Sin contar todavía con un título profesional, inició como maestro rural impulsado por el consejo de su hermano y por el deseo de salir adelante, pese a las limitaciones económicas de su familia.

"Yo dependía de una familia pobre. Tenía muchas ganas de estudiar, pero no había recursos. Cuando surgió la oportunidad de ser maestro rural, la aproveché y descubrí que esa era mi vocación", recuerda.

Sentado junto con esposa Aurora Carlos Alarcón, con quien se casó muy joven, recuerdan anécdotas cuando ella lo acompañaba a las comunidades
Sentado junto con esposa Aurora Carlos Alarcón, con quien se casó muy joven, recuerdan anécdotas cuando ella lo acompañaba a las comunidades

El impacto de Bernardo Vega en la educación rural

A lo largo de su carrera recorrió comunidades como La Ciénega, Coacoyol, Los Humayes, Acatitán, San Agustín, Huaracha, El Chilar y Camacho, donde permaneció 14 años y se ganó el respeto de toda la población.

En aquellos años, llegar a las escuelas era una verdadera aventura. Muchas veces caminaba desde San Ignacio hasta las comunidades serranas con un morral al hombro.

"La gente nunca me dejaba caminar solo. Cuando sabían que iba para la comunidad salían por mí con un caballo. Ese cariño y ese respeto nunca los voy a olvidar", relata.

Su trabajo iba mucho más allá de enseñar a leer y escribir. Gestionaba pupitres, materiales, mejoras para las escuelas y buscaba que ningún plantel careciera de lo indispensable.

Recuerdos de exalumnos que valoran su enseñanza

Después de años como docente rural, fue director de la escuela Emiliano Zapata, en la cabecera municipal, además de desempeñar responsabilidades sindicales y administrativas.

Afirma que siempre procuró mantener disciplina y respeto en las aulas.

"Yo quería que hubiera respeto para los alumnos y también para los maestros. Si una escuela necesitaba algo, yo iba hasta Culiacán para conseguirlo. Nunca me quedaba con los brazos cruzados", comenta.

Su trayectoria le permitió establecer relaciones con autoridades educativas y personajes de la vida política, aunque asegura que nunca dejó de sentirse, ante todo, maestro.


Don Bernardo Vega, con un poco de nostalgia observa las antiguas fotografía de cuando educó en algunas aulas de la zona serrana
Don Bernardo Vega, con un poco de nostalgia observa las antiguas fotografía de cuando educó en algunas aulas de la zona serrana

La importancia del compromiso docente en comunidades lejanas

Junto a su esposa, Aurora Carlos Alarcón, originaria de La Ciénega, formó una familia de diez hijos, entre ellos hay maestros normalistas y de telesecundaria, además de un médico pediatra, un ingeniero civil y un químico.

El orgullo de reencontrarse con sus alumnos

Aún hoy, antiguos estudiantes que viven en distintas partes de México e incluso en Estados Unidos regresan a San Ignacio para visitarlo.

"Vienen y me dicen: 'Profe, usted me enseñó a leer y escribir'. Eso es lo más grande que puede recibir un maestro", expresa con emoción.

Recuerda que cuando detectaba a un niño con talento buscaba convencer a sus padres para que continuara estudiando y no abandonara la escuela por el trabajo del campo.

Entre sus exalumnos hay maestros, médicos, ingenieros, empresarios y profesionistas que aún reconocen la influencia que tuvo en sus vidas.

"El maestro debe servir donde lo necesiten"

Retirado oficialmente desde 2014, Bernardo Vega considera que la educación ha cambiado y que hace falta recuperar parte del compromiso que distinguía a los docentes de su generación.

"Si un maestro estudió con sacrificio, debe ir a trabajar donde lo manden, aunque sea una comunidad lejana. Ese sacrificio debe convertirse en servicio", afirma.

A sus 95 años, el profesor Bernardo Vega Villegas conserva una memoria privilegiada y el cariño de generaciones de exalumnos que recuerdan su vocación por la enseñanza y su compromiso con las comunidades de San Ignacio.

Durante su carrera destacó por el trabajo realizado en la comunidad de Camacho, donde permaneció 14 años y ganó el respeto de sus habitantes. Más tarde dirigió la escuela Emiliano Zapata, en la cabecera municipal, etapa en la que se distinguió por gestionar personalmente apoyos y mejoras para los planteles.

Tras concluir su labor como supervisor escolar también se desempeñó como Oficial Mayor del Ayuntamiento de San Ignacio, aunque asegura que siempre mantuvo como prioridad apoyar a las escuelas y a los estudiantes.

Al reflexionar sobre la educación, considera que antes existía un mayor compromiso del magisterio con las comunidades y exhorta a las nuevas generaciones de docentes a ejercer su profesión con entrega, incluso en las localidades más apartadas.

Hoy, una escuela primaria lleva su nombre como reconocimiento a una trayectoria de 65 años dedicados a la educación, un legado que permanece en las aulas, en las comunidades que recorrió y en miles de alumnos para quienes ser maestro significó mucho más que impartir clases: fue una forma de servir y transformar vidas.

En la imagen aparece con un grupo nutrido de alumnos de la comunidad de Camacho, donde sirvió por 14 años
En la imagen aparece con un grupo nutrido de alumnos de la comunidad de Camacho, donde sirvió por 14 años
Preguntas y respuestas
Yolanda Tenorio
Yolanda Tenorio

Yolanda Tenorio es una periodista con más de 15 años de experiencia narrando historias que importan y que muchas veces no encuentran eco en los grandes titulares. Ingresó a El Debate de Mazatlán el 21 de febrero de 2008 como corresponsal, y desde entonces ha sido testigo y cronista del pulso serrano: comunidades marcadas por el abandono, la violencia o la migración, pero también por su cultura, dignidad y riqueza humana.

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Su pasión por el periodismo se manifiesta especialmente en el género de la crónica, así como en los reportajes especiales que retratan con sensibilidad a los pueblos olvidados y los personajes que resisten con orgullo. Es una periodista que escucha, que camina los pueblos y que sabe encontrar las historias donde otros solo ven silencio.

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