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Culiacán, Sinaloa.- Hay niños que dejan de jugar cuando crecen. Maximiliano Verdugo Castro decidió hacer exactamente lo contrario: seguir jugando, pero de una forma diferente.
Todo comenzó con una conversación en casa. Tenía apenas 10 años cuando escuchó a sus papás decir que ya estaba creciendo y que poco a poco dejaría atrás los juguetes.
Aquellas palabras no lo hicieron sentir triste; al contrario, despertaron una idea que cambiaría el rumbo de sus tardes y, sin saberlo, también de su futuro.
Si ya no podía seguir comprando juguetes, entonces aprendería a hacerlos. La respuesta parecía sencilla, pero detrás de ella había una enorme curiosidad.
Días antes había visto un video donde una impresora 3D construía una pieza capa por capa hasta convertir un dibujo en un objeto real. Aquella máquina parecía casi mágica. Desde ese momento quiso entender cómo funcionaba.
No pasó mucho tiempo antes de comenzar a investigar. Buscó tutoriales, leyó información, vio decenas de videos y descubrió un mundo donde prácticamente cualquier idea podía convertirse en realidad con paciencia, creatividad y aprendizaje.
Con sus propios ahorros, entonces decidió comprar su primera impresora 3D.
Vi un video donde estaban usando una impresora 3D para hacer unas piezas y me llamó mucho la atención. Empecé a investigar y decidí comprarme mi primera impresora", recuerda.
Aquella compra no solo le permitió fabricar sus propios juguetes. También fue el inicio de Maxi 3D Impresiones, un emprendimiento que hoy, tres años después, continúa creciendo gracias a su creatividad.

Aprender a crear desde cero
La emoción de estrenar la impresora duró apenas unos minutos y después comenzaron los retos. La máquina necesitaba calibrarse constantemente, conocer sus materiales y entender por qué algunas piezas salían perfectas y otras terminaban convertidas en simples hilos de plástico.
Pero si algo caracteriza a Max es que nunca se rinde fácilmente, pues para él cada error se convirtió en otra invitación para aprender algo nuevo.
Cada pequeño tropiezo, era una excusa nueva para repasar tutoriales, investigar de nuevo y probar diferentes configuraciones hasta conseguir el resultado que buscaba.
Con el tiempo entendió que imprimir era solo una parte del proceso. Si realmente quería crear cualquier objeto, primero debía aprender a diseñarlo.
Así comenzó a utilizar programas especializados de modelado en tres dimensiones, donde cada proyecto nace como una idea en la computadora antes de convertirse, poco a poco, en un objeto real.
Su papá, Erick Verdugo, asegura que para él como padre, el mayor aprendizaje que ha obtenido su hijo no ha sido tecnológico, sino la disciplina que ha desarrollado.
Más de una vez observó cómo desarmaba completamente la impresora para reparar alguna falla, investigando por su cuenta hasta encontrar la solución.
Lo que más me sorprende es que todo lo ha aprendido él solo. Cuando algo falla busca información, hace pruebas y vuelve a intentarlo. Nunca se queda con la duda", comenta.
Su mamá recuerda especialmente una ocasión en la que la impresora sufrió un fuerte atasco de plástico.
Mientras ella observaba con preocupación cómo su hijo desmontaba pieza por pieza una máquina costosa, Max trabajaba con paciencia hasta dejarla funcionando nuevamente.
Fue en ese momento cuando ambos comprendieron que aquello ya no era solamente un pasatiempo. Era una pasión.

Un sueño que sigue creciendo capa por capa
Las primeras piezas que fabricó fueron para él. Quería comprobar que realmente podía hacer los juguetes que imaginaba.
Una espada llamó tanto la atención de sus compañeros de escuela que pronto comenzaron a preguntarle si podía imprimirles una igual y sin proponérselo, llegaron sus primeros clientes.
Después intentó vender un dragón articulado como juguete antiestrés. Aunque esa idea no tuvo el resultado esperado, le dejó una enseñanza importante: emprender también significa probar, equivocarse y volver a empezar.
Fue entonces cuando decidió enfocarse en productos personalizados.
Hoy, desde Maxi 3D Impresiones, fabrica llaveros con nombres, placas de identificación para mascotas, logotipos para empresas, accesorios para juegos de mesa, organizadores, figuras decorativas y piezas diseñadas especialmente para resolver las necesidades y desafiar la creatividad de cada cliente.

Cada pedido un nuevo desafío creativo
Como todavía tiene 13 años, son sus padres quienes administran la página de Facebook, responden los mensajes y organizan las entregas. Mientras tanto, Max dedica la mayor parte de su tiempo a diseñar y supervisar cada impresión.
Lejos de pensar que ya aprendió todo, siente que apenas comienza.
Sueña con estudiar ingeniería mecatrónica o informática para combinar la impresión 3D con la programación, desarrollar nuevos proyectos y hacer crecer su emprendimiento hasta llegar a muchas más personas.
Me gustaría dedicarme a esto porque diseñar me relaja y me gusta crear cosas nuevas", dice. Cuando habla de su futuro, no menciona límites. Habla de ideas.
Y cuando piensa en otros niños que, como él, sienten curiosidad por aprender algo diferente, comparte un consejo tan sencillo como poderoso:
Que lo intenten. Y si no funciona, que lo vuelvan a intentar."
La historia de Maximiliano demuestra que los sueños no siempre comienzan con un gran plan. Lo importante es atreverse a dar el primer paso, Max lo hizo cuando tenía apenas 10 años.
Hoy, con 13, sigue construyendo su futuro exactamente igual que cada una de sus creaciones: capa por capa, con paciencia, creatividad y la certeza de que las mejores ideas siempre encuentran la forma de hacerse realidad.

Algunos productos que ofrece Maxi 3D Impresiones
- Llaveros personalizados
- Placas de identificación para mascotas
- Logotipos en 3D para empresas
- Accesorios para juegos de mesa
- Organizadores personalizados
- Figuras decorativas
- Juguetes impresos en 3D
- Diseño e impresión de piezas personalizadas a la medida







