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Culiacán, Sinaloa. - A sus 98 años, Don Alfonso Noriega Medina sigue demostrando que la dignidad se lleva en el corazón y que una vida construida con trabajo, valores y perseverancia puede seguir inspirando a quienes tienen la oportunidad de conocerlo.

Cada jornada empieza cuando todavía no sale el sol. Con paciencia prepara su triciclo, reúne sus frutas y verduras y emprende su recorrido por distintas colonias del sur de Culiacán, impulsado por la misma convicción que ha guiado su camino durante décadas: mantenerse activo, ganarse el sustento con honestidad y seguir adelante mientras sus fuerzas se lo permitan.

A sus 98 años, Don Alfonso Noriega Medina sigue recorriendo las calles de Culiacán con la misma fuerza que lo ha acompañado durante toda su vida: la del trabajo honesto y la perseverancia. Foto: Juan Madrigal
A sus 98 años, Don Alfonso Noriega Medina sigue recorriendo las calles de Culiacán con la misma fuerza que lo ha acompañado durante toda su vida: la del trabajo honesto y la perseverancia. Foto: Juan Madrigal

A sus 98 años, Don Alfonso sigue trabajando con dignidad en Culiacán

Lo suyo no es una vida marcada por la resignación. Es el reflejo de la perseverancia de un hombre que encontró en el trabajo una forma de vivir con orgullo y que, sin buscar reconocimientos, se ganó el cariño de quienes lo ven ofrecer cebollas, pepinos, tomates, limones, plátanos, papas, aguacates, cilantro y otros productos frescos.

Desde pequeño aprendió que el esfuerzo era parte del camino. Originario de Elota, creció junto a su padre entre labores del campo, donde descubrió el valor de sembrar, cuidar la tierra y esperar con paciencia los frutos del trabajo.

Aquellas jornadas bajo el sol formaron el carácter de un hombre acostumbrado a luchar por sus sueños con sus propias manos.

Hace más de 13 años comenzó a vender frutas y verduras por diferentes sectores de Culiacán. Al principio recorría las colonias con una sencilla carretilla; con el paso del tiempo, gracias a su constancia, logró adquirir el triciclo que hoy sigue siendo su compañero de batalla.

La sonrisa de Don Alfonso reflejó la emoción de recibir el cariño de una comunidad que reconoce la historia de un hombre trabajador. Foto: Juan Madrigal
La sonrisa de Don Alfonso reflejó la emoción de recibir el cariño de una comunidad que reconoce la historia de un hombre trabajador. Foto: Juan Madrigal

Su familia y hasta sus clientes siempre han buscado protegerlo. Incluso un familiar que vive en Estados Unidos le ha ofrecido apoyarlo económicamente para que deje de trabajar. Pero Don Alfonso responde con la tranquilidad de quien encuentra satisfacción en mantenerse activo. “Mientras Dios me dé fuerzas, seguiré trabajando”, suele decir.

Sin embargo, el paso de los años también deja sus señales. Este mes, las altas temperaturas y el cansancio hicieron que Don Alfonso permaneciera varios días sin poder salir a vender. Por primera vez en mucho tiempo, empujar diariamente su triciclo representó un reto mayor.

Él mismo comenzó a considerar una alternativa: ofrecer sus productos desde su vivienda, consciente de que su cuerpo ya no responde con la misma energía de antes.

Sin imaginarlo, justo cuando más lo necesitaba, la solidaridad llegó hasta su puerta para recordarle que incluso quienes dedican toda una vida a salir adelante también merecen recibir apoyo y cariño.

Conmovido por la sorpresa, Don Alfonso agradeció a quienes hicieron posible este gesto que llegó como un alivio en un momento difícil. Foto: Juan Madrigal
Conmovido por la sorpresa, Don Alfonso agradeció a quienes hicieron posible este gesto que llegó como un alivio en un momento difícil. Foto: Juan Madrigal

El esfuerzo y la dedicación del adulto mayor llegaron al corazón del grupo Haciendo Magia Culiacán, cuyos integrantes decidieron convertir la admiración en una acción concreta.

Como parte de la Magia número 107, acudieron hasta su domicilio en la colonia CNOP para entregarle una sorpresa que difícilmente olvidará.

Primero adquirieron toda la mercancía que tenía lista para vender. Después le entregaron un apoyo económico que fue posible gracias a la solidaridad de decenas de personas que quisieron tenderle la mano a Don Alfonso.

Pero aquel gesto representaba mucho más que una ayuda económica. Era una muestra de cariño. Era el reconocimiento a casi un siglo de esfuerzo, honestidad y dedicación.

Era decirle a Don Alfonso que su ejemplo ha sido visto, que su trabajo ha dejado una marca y que una comunidad decidió acompañarlo después de tantos años de ofrecer servicio con sencillez.

Integrantes de Haciendo Magia Culiacán llevaron la Magia número 107 hasta la colonia CNOP, donde sorprendieron a Don Alfonso con apoyo y muestras de cariño. Foto: Juan Madrigal
Integrantes de Haciendo Magia Culiacán llevaron la Magia número 107 hasta la colonia CNOP, donde sorprendieron a Don Alfonso con apoyo y muestras de cariño. Foto: Juan Madrigal

Conmovido por el momento, Don Alfonso —conocido también como Don Ponchito entre vecinos y clientes— expresó: “Este dinerito me cayó del cielo. Tengo más de tres días que no salgo a trabajar porque me enfermé”.

En esas palabras se reflejaba la emoción de un hombre que pocas veces ha pedido ayuda, pero que esta vez recibió el respaldo de personas que quisieron regresarle un poco del cariño que él ha entregado durante años.

Agradeció a quienes llegaron hasta su hogar y a todas las personas que hicieron posible reunir el apoyo que hoy representa un alivio y una nueva motivación para continuar.

Para Janeth García, coordinadora de Haciendo Magia Culiacán, la experiencia dejó una enseñanza especial.

“Aún tenemos el corazón vibrando de emoción por lo vivido en la Magia número 107. Ver la mirada de gratitud, el alivio en los hombros cansados de quien trabaja de sol a sol y la sonrisa de saberse valorado es un recordatorio de lo hermoso que es dar sin esperar nada a cambio”.


El encuentro con Don Alfonso muestra la fuerza de una comunidad que entiende que la solidaridad puede transformar momentos difíciles en oportunidades para acompañar y reconocer.

Más que una ayuda económica, la visita representó un reconocimiento a casi un siglo de esfuerzo, honestidad y dedicación. Foto: Juan Madrigal
Más que una ayuda económica, la visita representó un reconocimiento a casi un siglo de esfuerzo, honestidad y dedicación. Foto: Juan Madrigal

Su ejemplo representa también a muchos adultos mayores que continúan trabajando no porque esperen lástima, sino porque durante toda su vida han encontrado en el esfuerzo una manera de avanzar. Personas que ofrecen sus capacidades, su experiencia y su voluntad para salir adelante con dignidad.

Ellos nos recuerdan que el verdadero valor de una persona no está en la cantidad de años que tiene, sino en la forma en que ha vivido cada uno de ellos: con honestidad, responsabilidad y esperanza.

Lo ocurrido con Don Alfonso deja una valiosa enseñanza: cuando una comunidad observa, escucha y decide actuar, pueden suceder grandes cosas.

La solidaridad deja de ser un concepto y se convierte en una realidad capaz de iluminar la vida de alguien que ha dedicado casi un siglo a trabajar.

La verdadera magia estuvo en cada persona que aportó, en cada gesto de empatía y en cada muestra de reconocimiento hacia un hombre que nunca dejó de sembrar esfuerzo.

Cuando Don Alfonso vuelva a tomar su triciclo y continuar su recorrido, lo hará con la misma humildad que lo ha caracterizado, pero ahora con la certeza de que no camina solo.

Cada fruta y verdura que Don Alfonso ofrece representa una historia de esfuerzo, constancia y amor por salir adelante con sus propias manos. Foto: Juan Madrigal
Cada fruta y verdura que Don Alfonso ofrece representa una historia de esfuerzo, constancia y amor por salir adelante con sus propias manos. Foto: Juan Madrigal

Don Alfonso y su triciclo: una historia de trabajo, orgullo y esperanza

Detrás de cada pedalazo habrá una comunidad que lo acompaña, lo admira y le recuerda que después de tantos años entregando trabajo y dedicación, también llegó el momento de recibir solidaridad.

Porque los héroes no siempre llevan capa. Llevan un triciclo lleno de frutas y verduras, unas manos marcadas por el esfuerzo y una sonrisa sincera.

A sus 98 años, Don Alfonso Noriega Medina todavía tiene mucho que enseñarnos. Porque la dignidad nunca envejece.


Preguntas y respuestas
Juan Madrigal
Juan Madrigal

Licenciado en Administración de Empresas, con más de 15 años dedicado al periodismo impreso y digital en Sinaloa, México, con enfoque en problemáticas urbanas y sociales. Actualmente, suma su experiencia orientando su trabajo al periodismo para la paz, con énfasis en el periodismo constructivo.

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