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En el Mercado Costa Rica, entre puestos de fruta fresca y el bullicio de los compradores, Juan Ignacio Parra Inzunza guarda la memoria de una familia que construyó su vida a punta de trabajo y madrugadas.
Todo comenzó en 1962, cuando su padre, conocido cariñosamente como "El Chino Parra" instaló unas modestas tablitas afuera del entonces Mercadito Viejo.

Los cimientos de una historia de más de seis décadas
"Había que madrugar a la 1 o 2 de la mañana", recuerda don Juan Ignacio sobre los viajes que su padre y sus hermanos mayores hacían hasta Culiacán, por carreteras difíciles y en carros viejos, para surtirse de fruta y verdura en el mercado Garmendia, único punto antes de que existiera el Mercado de Abastos.
En 1972 se construyó el actual mercado, y el negocio familiar se trasladó junto con la mayoría de los comerciantes del Mercadito Viejo. Juan Ignacio, el más pequeño de la primera generación de hermanos, cursaba entonces la secundaria.
Su padre, además del comercio, cultivó siempre su pasión por la agricultura, sembrando granos y hortalizas en pequeña escala.
Una encomienda que sigue en pie
Fue hasta 1985 cuando Juan Ignacio tomó las riendas del negocio, mientras su padre se dedicaba de lleno al campo. Bajo su dirección, la frutería fue diversificando su oferta: fertilizantes, granos, especias, plástico y abarrotes se sumaron poco a poco a la fruta y verdura originales.
El camino no ha estado libre de tropiezos. El cierre del ingenio azucarero en 1997 el cual empleaba a cientos de trabajadores y generaba miles de empleos indirectos en el corte y transporte de caña golpeó duramente la economía local.
Generó un descontrol en todo", recuerda. Después llegaron grandes cadenas comerciales que transformaron el paisaje del pequeño comercio.
Pese a ello, la fórmula de Juan Ignacio ha sido constante: "mantener una atención constante, mercancía fresca, buen precio, buen trato. Un trato directo con los clientes."

El homenaje al fundador del emblemático mercado
El mercado lleva hoy el nombre de su padre, Manuel Parra, en honor a quien fuera uno de sus fundadores. Falleció en 2003, y este año se cumplieron 23 años de aquel homenaje.
La frutería, en los locales 18-20, abre de 6 de la mañana a 6 de la tarde, los siete días de la semana, con contadas excepciones.
Detrás del sobrenombre familiar hay también una historia de raíces: el abuelo de Juan Ignacio llegó a Sinaloa a inicios del siglo XX, parte de la ola de inmigración china que se estableció en la región, muchos ligados a la minería.
Siempre han sido buenísimos para comerciar los chinos", dice con orgullo, heredero de ese talento que hoy sigue vivo en cada mañana de trabajo.









