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Sobre la carretera que conecta Culiacán con Navolato, en San Pedro, hay un punto donde el aroma de la carne cocinándose invita a detenerse.
Entre el movimiento de los vehículos y la rutina diaria de quienes recorren ese camino, Ana Luisa Ventura atiende su pequeño negocio de carnitas estilo Michoacán, una actividad que poco a poco se ha convertido en parte de su historia.
Con 36 años, Ana Luisa ha vivido diferentes etapas que la llevaron hasta ese lugar. Nació en Chiapas, pero desde hace más de 16 años encontró en Sinaloa un hogar junto a su esposo, originario de San Pedro.
"Yo soy de Chiapas. Llegué para acá por mi esposo, él es de aquí", cuenta mientras continúa trabajando.
Un negocio de carnitas que le mejoró la vida
La historia de amor que cambió su rumbo comenzó en Sonora, donde ambos coincidieron mientras trabajaban. Ella era muy joven cuando empezó a construir su familia. "Tenía 17 años cuando estaba allá y a los 18 tuve mi primer bebé", recuerda.
Hoy es mamá de tres hijos. El mayor tiene 18 años y, aunque todavía es una mujer joven, Ana Luisa sabe lo que significa trabajar para sacar adelante a una familia.
Antes de dedicarse a las carnitas, tuvo un empleo estable en un Cedis de Walmart. Era un trabajo seguro, con un ingreso fijo, pero la vida le presentó la oportunidad de intentar algo diferente.
"No fue fácil porque yo sí tenía mi trabajo seguro, pero nos dimos una oportunidad", expresa con orgullo para Tus Buenas Noticias.
La idea de vender carnitas surgió poco a poco. Su familia ya tenía conocimiento sobre la preparación de este platillo y esa tradición terminó convirtiéndose en una nueva forma de generar ingresos. "Mi familia ya traía un poco del conocimiento y aquí terminamos de aprender más", explica con una sonrisa.
Aunque al inicio no tenían planeado dedicarse completamente a este negocio, las circunstancias los llevaron a intentarlo. "Nosotros empezamos a trabajar con una persona más, pero después se dieron las cosas y decidimos separarnos. Mejor empezamos nosotros por nuestra cuenta y ver qué tal nos funcionaba". Y les funcionó.
Un trabajo en base de esfuerzo y dedicación
Así comenzó esta etapa para Ana Luisa y su esposo. Con trabajo diario, fueron creando una clientela entre quienes pasan por la carretera y buscan algo para comer. En su puesto ofrecen carnitas, buche, cueritos y otros productos que preparan para sus clientes.
"Vendemos carnitas estilo Michoacán, tenemos buche, cueritos y cuando hay también chicharrones", dice.
Para ella, cada venta representa un apoyo importante para su hogar. "Ahorita es un apoyo a la economía, porque mi esposo es el que tiene el trabajo más estable y esto es una ayuda para nosotros", comparte con honra.
Como ocurre con muchos pequeños negocios, también han tenido temporadas difíciles. Ana Luisa recuerda que hubo momentos donde las ventas fueron mejores, pero eso no le quita las ganas de seguir adelante. "Sí nos había ido muy bien, pero ahorita está un poco bajo. Aun así seguimos trabajando", comenta.
Su jornada transcurre entre atender clientes, preparar pedidos y cuidar cada detalle para que quienes llegan vuelvan.
Detrás de cada taco hay una historia de adaptación, de una mujer que salió de Chiapas, construyó una familia en Sinaloa y encontró en una tradición aprendida desde casa una oportunidad para crecer.
Ana Luisa no sabía que aquel camino la llevaría a emprender, pero hoy reconoce que tomar esa decisión fue una manera de buscar nuevas oportunidades.
Cada día, al encender el fuego y comenzar la preparación de sus carnitas, sigue escribiendo una historia que habla de esfuerzo, familia y de la importancia de atreverse a comenzar algo nuevo. Porque muchas veces los sueños no llegan en el momento perfecto, sino cuando alguien decide trabajar por ellos.














