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La historia de José Enrique Acuña Cota comenzó en Los Mochis y continuó en el sector Santa Fe de Culiacán, donde desde hace 12 años tiene su hogar. Con el respaldo de su familia, pero también con disciplina, autoexigencia y una constante búsqueda de oportunidades, el joven sinaloense ha construido una trayectoria académica y profesional que ahora lo llevará a estudiar un doctorado en Ingeniería Industrial en Georgia Tech, en Estados Unidos.
José Enrique llegó a Culiacán hace 18 años. Desde entonces, su formación académica ha estado marcada por la búsqueda de oportunidades y el convencimiento de que la educación puede abrir caminos que parecían lejanos.
Al ingresar a la preparatoria concursó por una beca en el Tecnológico de Monterrey y obtuvo un apoyo del 50 por ciento para estudiar la preparatoria multicultural. Posteriormente consiguió una beca para continuar su formación en Ingeniería Industrial y de Sistemas. 
La oportunidad significó también una responsabilidad. José Enrique reconoce que durante sus estudios llegó a exigirse demasiado en busca de las mejores calificaciones y rendimiento académico.
“Creo que es una mezcla tanto de lo que tiene que ver con el impulso que me da mi familia de siempre perseguir mis sueños y también un impulso que internamente yo tenía”, explica.
Su objetivo era sencillo, aunque ambicioso: buscar las mejores oportunidades educativas y dar lo mejor de sí en cada una de ellas.
Impacto de las becas en su formación profesional
Detrás de esta trayectoria está una familia que hizo de la educación una prioridad. Su madre, Glenda Noreli Cota Ávila, fue ama de casa y estuvo al cuidado de sus hijos. Su padre, Felipe Acuña Puente, dedicó largas jornadas al trabajo para que José Enrique y su hermano pudieran tener las oportunidades educativas que necesitaban.
José Enrique recuerda que su padre comenzaba a trabajar desde temprano y regresaba por la noche. Su madre procuraba que sus hijos estuvieran bien centrados en su enfoque de vida, dedicación y alejados de malos hábitos. Ese esfuerzo familiar se convirtió en una referencia para su propia vida.
“Me gusta autoimpulsarme y sentir que estoy cumpliendo con todo lo que mis papás han invertido o se han esforzado por mí”, señala.
En su casa, agrega, siempre se buscó aprovechar al máximo los recursos disponibles para que sus hijos tuvieran una buena educación. 
Oportunidades educativas y su conexión con el MIT
Durante su carrera de Ingeniería de Sistemas en el TEC de Monterrey, Campus Sinaloa, comenzó a realizar prácticas profesionales en Coppel, donde tuvo la oportunidad de incorporarse al área de analítica avanzada de la cadena de suministro. Ahí pudo aplicar conocimientos de matemáticas, estadística e idiomas adquiridos durante su formación académica.
Actualmente se desempeña como científico de datos Master en Coppel, una posición que alcanzó después de avanzar todas las etapas en la estructura profesional del área de ciencia de datos. Para mantenerse vigente en un campo que cambia constantemente, José Enrique convirtió el autoestudio en parte de su rutina. Estadística, programación, machine learning e inteligencia artificial forman parte de los conocimientos que continúa desarrollando.
Aunque no cursó una maestría tradicional, realizó un programa en línea de MicroMaster en estadística del MIT y ha mantenido una formación permanente mediante cursos, lecturas y actualización profesional.
Su experiencia en Coppel también abrió una puerta hacia el mundo académico internacional. A través de proyectos relacionados con analítica avanzada y gracias a su dominio del inglés, José Enrique tuvo la oportunidad de colaborar con el Massachusetts Institute of Technology, conocido como MIT. 
La experiencia le permitió establecer vínculos con doctores y estudiantes de doctorado de esa institución, quienes posteriormente lo alentaron a aplicar a programas doctorales en Estados Unidos.
El vínculo incluso lo llevó a participar como expositor en una actividad del laboratorio de ciencia de datos del MIT, donde impartió una masterclass de aproximadamente tres horas sobre aplicaciones de machine learning e inteligencia artificial en un entorno empresarial.
Para José Enrique, aquella experiencia representó no sólo una oportunidad profesional, sino también la posibilidad de compartir los conocimientos que había adquirido en su trayectoria.
El siguiente paso: Georgia Tech
Con el impulso de sus contactos académicos, una recomendación laboral de Coppel y cartas de recomendación de doctores del MIT, José Enrique comenzó el proceso para aplicar a distintos programas de doctorado. Como parte de la preparación presentó evaluaciones como el GRE y el IELTS, además de reunir los requisitos académicos necesarios. 
El resultado llegó el 6 de febrero, cuando recibió la carta de admisión al programa de Doctorado en Ingeniería Industrial de Georgia Tech. La admisión contempla también apoyo económico para su estancia, incluyendo manutención y financiamiento durante el doctorado.
Su área de interés está relacionada con la aplicación de conceptos matemáticos y estadísticos para resolver problemas de distintos sectores, entre ellos manufactura, cadenas de suministro y toma de decisiones. El doctorado representa así la continuación natural de una trayectoria que comenzó con la Ingeniería de Sistemas, pasó por la ciencia de datos y ahora se encamina hacia la investigación.
Regresar para compartir lo aprendido
Aunque todavía no define completamente qué hará después del doctorado, José Enrique tiene varias posibilidades sobre la mesa. Por un lado, Coppel le ha planteado la posibilidad de regresar a la empresa al concluir su formación. Por otro, colegas y amigos del MIT lo han impulsado a considerar una carrera académica en Estados Unidos.
Pero existe un propósito que permanece presente: utilizar sus conocimientos para contribuir con México y, particularmente, con Sinaloa.
Entre sus intereses está aplicar sus investigaciones para mejorar aspectos como la logística y la transportación, además de impulsar a otros jóvenes para que puedan acceder a becas y oportunidades educativas. Su propia historia le ha demostrado que una oportunidad puede cambiar el rumbo de una vida cuando existe la preparación para aprovecharla.
En su mensaje para los jóvenes sinaloenses, José Enrique considera que la educación debe ser una prioridad para quienes buscan ampliar sus posibilidades de futuro.
Su recomendación para otros jóvenes es aprovechar tanto los conocimientos técnicos como las humanidades y los idiomas extranjeros, herramientas que, asegura, pueden abrir puertas hacia mejores oportunidades.
“La educación es algo muy importante, de la que salen muchas oportunidades y no hay que desaprovechar”, expresa.
Desde el sector Santa Fe de Culiacán, aquel joven originario de Los Mochis que comenzó su trayectoria concursando por una beca profesional, se prepara ahora para cruzar nuevamente fronteras, esta vez para estudiar un doctorado en una universidad de prestigio internacional.
Su historia no se presenta como un destino terminado, sino como una nueva etapa de aprendizaje y, posiblemente, como el comienzo de una ruta para que otros jóvenes sinaloenses también encuentren oportunidades a través de la educación.










