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La historia de Mayra Esthela Montoya Cortés en Escuinapa, Sinaloa, es una muestra de que los sueños pueden hacerse realidad cuando van acompañados de trabajo, disciplina y perseverancia.
A sus 32 años de edad, la joven estilista ha logrado consolidarse como una profesional de la cultura de belleza, aunque para llegar hasta donde está hoy tuvo que enfrentar desafíos que pusieron a prueba su fortaleza personal y profesional.
“Las cenizas no fueron mi final, fueron mi nuevo comienzo”
expresa para Tus Buenas Noticias al recordar uno de los episodios más difíciles de su vida: el incendio que hace poco más de un año dañó gravemente Infinity Beauty Salón, el negocio que construyó con años de esfuerzo y dedicación.

Su historia como emprendedora comenzó cuando apenas tenía 16 años. Desde pequeña, Mayra sentía una gran curiosidad por el mundo de la belleza y observaba cómo las estéticas siempre tenían clientas y movimiento constante. Aquello despertó su interés y la llevó a aprender por su cuenta.
A través de videos y tutoriales comenzó a practicar la aplicación de uñas, convirtiendo poco a poco esa actividad en una pasión. Lo que inició como un pasatiempo terminó transformándose en el proyecto de vida que definiría su futuro.
Al concluir el bachillerato llegó el momento de decidir qué camino profesional tomar. Fue entonces cuando comprendió que deseaba dedicarse de lleno al ramo de la belleza. Con el respaldo de sus padres inició su preparación formal en una escuela especializada de Mazatlán, donde adquirió los conocimientos necesarios para desarrollarse profesionalmente.
Sin embargo, mientras estudiaba recibió una noticia que cambiaría para siempre el rumbo de su vida: a los 18 años se convirtió en madre de Allison, quien desde entonces se transformó en su principal inspiración y motor para salir adelante.
El desafío de emprender siendo una madre joven
Convertirse en mamá a una edad temprana representó una enorme responsabilidad, pero también fue el impulso que necesitaba para esforzarse aún más. Con una pequeña de pocos meses de nacida, en febrero de 2014 decidió abrir su primer salón de belleza sobre la calle Francisco I. Madero, en la cabecera municipal de Escuinapa.
En aquel entonces su principal especialidad era la manicura, pero conforme pasaba el tiempo la demanda de otros servicios la obligó a continuar capacitándose para ampliar la oferta de atención a sus clientas.
Los primeros años no fueron sencillos. Como ocurre con muchos emprendimientos, hubo momentos en los que los ingresos eran escasos y las dificultades económicas parecían superar cualquier expectativa.
Mayra recuerda que durante varios años enfrentó la maternidad como madre soltera, una etapa que considera una de las más complejas de su vida.
“Estuve muchos años como mamá soltera y trabajando. Fue algo complicado porque a veces no tenía ni para un litro de leche, pero no dejaba de trabajar. Yo siempre estaba trabajando, siempre queriendo salir adelante y darle todo lo mejor a mi hija”
A pesar de las carencias, nunca dejó de luchar. Cada jornada de trabajo representaba una oportunidad para construir un mejor futuro para ella y para Allison.
Con el paso del tiempo, la constancia comenzó a dar resultados. Su salón de belleza fue creciendo y ganando reconocimiento entre las clientas, permitiéndole poco a poco alcanzar una mayor estabilidad económica.

Luego, la vida le regalaría un nuevo motivo para seguir adelante con el nacimiento de su hijo Agustín. Desde entonces, ambos se han convertido en la principal razón por la que continúa esforzándose día tras día.
Entre temporadas buenas y otras más complicadas, Infinity Beauty Salón logró consolidarse como un negocio reconocido, fruto de años de sacrificios, capacitación constante y largas jornadas laborales.
El incendio que puso a prueba sus sueños
Cuando parecía que finalmente había alcanzado una etapa de estabilidad, un acontecimiento inesperado volvió a cambiar su vida. El 1 de julio de 2025 quedó marcado para siempre en su memoria. Después de concluir su jornada laboral y regresar a casa, recibió una llamada telefónica de un vecino que le alertó sobre una situación alarmante.
“Mayra, dejaste algo encendido porque se te está quemando la estética”
En un primer momento pensó que se trataba de una broma. Sin embargo, al comprender que la situación era real, salió de inmediato rumbo a su negocio. Mientras conducía observó una enorme columna de humo elevándose a la distancia. Fue entonces cuando entendió que aquello que tanto trabajo le había costado construir estaba en peligro.
“En cuestión de minutos vi cómo el fuego estaba consumiendo el lugar que había construido con años de esfuerzo y trabajo, sacrificios y sueños. Sentí miedo, tristeza e incertidumbre porque cuando pierdes algo por lo que has luchado tanto es inevitable preguntarte qué sigue”
El incendio se originó en la parte trasera del local. Gracias a la rápida intervención de los Bomberos Voluntarios el siniestro logró ser controlado, evitando daños aún mayores. Sin embargo, el humo afectó prácticamente todo el establecimiento, haciendo imposible continuar trabajando de manera inmediata.
La situación la obligó a cerrar temporalmente las puertas de su negocio y replantear el rumbo que seguiría.
“Tocó iniciar de cero. Ese día tenía más trabajo y tuve que hablar a las clientas para reagendar las citas. Toda esa semana tenía agenda llena. Fueron meses donde emocionalmente no estaba bien. Dormía y miraba el incendio. Laboralmente en una semana me reactivé, pero emocionalmente tardé más”.
El impacto emocional fue profundo. Incluso llegó a considerar abandonar definitivamente el proyecto por el que había trabajado durante más de una década. Sin embargo, el apoyo de su esposo, su familia y sus clientas fue determinante para que recuperara la confianza y decidiera continuar. Con esfuerzo y determinación logró reconstruir Infinity Beauty Salón y volver a abrir sus puertas.
Su labor como maestra en el estilismo
Actualmente, además de dirigir su negocio, también se desempeña como instructora, formando a nuevas generaciones de profesionales de la belleza.

A quienes toman clases con ella les comparte no solo técnicas y conocimientos, sino también una lección basada en su propia experiencia: nunca renunciar a los sueños.
Como resultado de más de 16 años de trayectoria, Mayra también logró desarrollar y patentar su propio producto para alaciado de cabello, al que llamó Alissa, en honor a su hija Allison.
Hoy, su principal objetivo sigue siendo el mismo que la impulsó desde el inicio: que Allison y Agustín se sientan orgullosos de la madre trabajadora y perseverante que tienen. Su historia demuestra que incluso después de las peores adversidades es posible volver a comenzar y construir algo aún más fuerte que antes.
Datos relevantes
A los 16 años inició trabajando como manicurista
En febrero del 2014 abrió las puertas de su salón de belleza
En julio del 2025 sufrió el incendió que la obligó a iniciar desde cero








