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En la sindicatura de Quilá, un pequeño estudio con micrófono se ha convertido en la voz de toda una comunidad, y detrás de esa voz está Pedro Ruvalcaba, comerciante de oficio y comunicador de corazón.
El destino y sus caprichos
Originario de Guadalajara, Jalisco, Ruvalcaba llegó a Sinaloa hace más de veinte años y a Quilá hace dieciséis, atraído, cuenta entre risas, por una mujer. Pero detrás del comercio que lo trajo a esta tierra ya cargaba una pasión descubierta mucho antes, tras su paso por el ejército mexicano al sur del país.
Ahí, casi por accidente, un comandante le ordenó hacerse cargo de la comunicación social de la zona militar. Recuerda que la primera vez que entró a una cabina sintió miedo.

Después de eso, bastó con hablar frente al micrófono para que naciera una afición que nunca lo abandonaría.
el micrófono impone respeto y le quita a uno la voz de principio, pero cuando uno empieza a hablar, ya no quiere que se lo quiten."
Años después, ya instalado en Quilá, participó en una radio comunitaria local hasta que decidió emprender su propio proyecto.
La voz de Quilá desde hace un lustro
Así nació Señorial Radio de Quilá, que hoy transmite en el 106.3 de FM, con cerca de cinco años al aire. Ahí conviven la música de antaño, los recados y dedicatorias entre vecinos, un programa de salud llamado "Vivir Mejor" y espacios donde el padre de la sindicatura, Iván, comparte el evangelio junto a seminaristas.
Deliberadamente, evita los corridos: prefiere cuidar lo que escuchan niños y familias.

Pero lo que más enorgullece a Ruvalcaba es su mini reportera, una niña de apenas nueve años que ya ha entrevistado a autoridades y llevado la historia de Quilá hasta el Congreso del Estado.
Si yo de chico hubiera tenido esa oportunidad...", reflexiona, y en esa frase resume su verdadera misión: abrirles a los niños de su comunidad una ventana distinta a la vida, lejos de los caminos que muchas veces parecen ya trazados para ellos.
Un enlace con el pueblo de Quilá
Por eso, aunque podría aspirar a una estación más grande en la ciudad, prefiere quedarse. "Como es comunitaria, es de todo el pueblo, no es una radio mía", afirma con convicción, y asegura que seguirá ahí hasta donde Dios lo permita.
Al final, Pedro resume lo que este proyecto significa para él con una frase sencilla y sincera: siente la satisfacción de haber puesto su granito de arena para que más personas, y sobre todo más niños, se acerquen a las cosas buenas de la vida.









