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Para Ti

La tierra ha sido su compañera de vida. Entre surcos, cosechas y jornadas bajo el sol, don Lucio Quintero Reyes ha construido una historia marcada por el trabajo y el amor por el campo. A sus 65 años de edad, este habitante de la comunidad de Los Otates encontró en la producción y venta de nopal orgánico una manera de seguir haciendo lo que más le gusta: cultivar la tierra y obtener de ella el sustento para su hogar.

Sin utilizar fertilizantes químicos ni productos que aceleren el crecimiento de los cultivos, don Lucio mantiene una pequeña parcela en el patio de su vivienda, donde produce nopales de manera tradicional, tal como aprendió desde niño. Su esfuerzo diario le ha permitido ganarse la confianza de decenas de familias que buscan un producto fresco, natural y de calidad.

Lo que comenzó con unas cuantas pencas sembradas en un pequeño espacio, hoy se ha convertido en una actividad que involucra a toda su familia y que representa una fuente complementaria de ingresos para el hogar.

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Una vida ligada al campo

La historia de Lucio Quintero está estrechamente relacionada con las actividades agrícolas y ganaderas.

Antes de llegar a Otates, hace aproximadamente diez años, vivió durante gran parte de su vida en la comunidad serrana de Jalpa, donde se dedicó a la crianza de chivos, la siembra de maíz y otras labores propias de la zona rural.

Recuerda que aquellos años estuvieron marcados por el trabajo constante y la cercanía con la naturaleza, una forma de vida que siempre disfrutó y que le permitió adquirir los conocimientos necesarios para desenvolverse en el campo.

Sin embargo, diversas circunstancias hicieron que la vida en la sierra se volviera complicada, por lo que tomó la decisión de dejar atrás su hogar y mudarse junto a su familia a la comunidad de Los Otates, ubicada al norte de la cabecera municipal de Rosario.

Fue en este poblado donde logró establecerse en una modesta vivienda ubicada en las orillas de la comunidad. Aunque cambió de residencia, nunca abandonó su vínculo con el trabajo agrícola.

Durante varios años laboró para una empresa productora de agave. Inicialmente se desempeñó en tareas de limpieza y preparación de terrenos de cultivo, actividad conocida como taspanada. Con el tiempo fue asignado al área de portería, empleo en el que permaneció hasta alcanzar el beneficio de su pensión.

Al retirarse de la vida laboral formal, supo que necesitaba mantenerse activo. Para alguien acostumbrado al trabajo físico y a las largas jornadas en el campo, quedarse sin hacer nada simplemente no era una opción.

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Del patio de su casa a las mesas de Rosario

Fue entonces cuando observó una oportunidad en el cultivo de nopal, una planta ampliamente apreciada por sus propiedades alimenticias y medicinales.

Con un pequeño espacio disponible en el patio de su casa decidió iniciar un modesto plantío. Preparó la tierra, acomodó las primeras pencas y comenzó a aplicar los conocimientos que había acumulado durante décadas de experiencia agrícola.

Don Lucio explica que el nopal es un cultivo resistente, capaz de soportar condiciones climáticas adversas y que requiere poca agua para desarrollarse. Sin embargo, aclara que eso no significa que pueda dejarse sin atención.


Poco a poco el cultivo comenzó a crecer. Con la llegada de las primeras cosechas fue necesario el apoyo de su esposa para seleccionar las mejores pencas.

Las más tiernas eran destinadas a las personas que las utilizan en licuados o remedios naturales, mientras que las pencas más desarrolladas eran preparadas para su venta como ingrediente de diversos platillos.

Con canastas llenas de nopales frescos y recién cocidos comenzaron a recorrer las calles de Otates y posteriormente algunas colonias de la cabecera municipal de Rosario. La respuesta de la gente fue positiva desde el principio. La calidad del producto y el trato amable de la pareja hicieron que poco a poco aumentara la demanda.

“Llegó el momento en que lo que producíamos ya no alcanzaba. Gracias a Dios la gente empezó a pedir más y tuvimos que buscar la manera de sembrar más pencas”


Aquella aceptación los motivó a ampliar el cultivo y aprovechar otros espacios disponibles dentro de su terreno para incrementar la producción.

El apoyo de la familia y el amor por la tierra

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Con el paso de los años, el esfuerzo acumulado comenzó a reflejarse en su salud. El caminar diariamente para vender sus productos, las labores de cultivo y una vida entera de trabajo físico provocaron molestias y dolores, especialmente en una de sus piernas.

La situación lo obligó a suspender temporalmente sus recorridos de venta, una ausencia que fue notada por muchos de sus clientes habituales. Sin embargo, lo que parecía un obstáculo terminó convirtiéndose en una muestra del cariño y respaldo de su familia.

Sus hijos, quienes actualmente viven de manera independiente junto a sus propias familias, decidieron sumarse al proyecto para apoyarlo y mantener viva la actividad que tanto disfruta.

“Ahorita gracias a Dios cuento con el apoyo de mis hijos, sus mujeres y los nietos. Unos ayudan a limpiar y pelar el nopal y otros a repartirlo en sus motos en Rosario”


Gracias a ese trabajo en equipo, los nopales continúan llegando a numerosos hogares rosarenses, manteniendo viva una actividad que nació de la necesidad de mantenerse ocupado y generar ingresos.

Además del nopal, durante la temporada de lluvias también aprovecha la tierra para sembrar jamaica, otra planta muy solicitada por las familias para la elaboración de aguas frescas.

Para don Lucio, trabajar la tierra sigue siendo una fuente de satisfacción personal. Aunque reconoce que es una labor demandante, asegura que los frutos obtenidos compensan cada esfuerzo realizado.

Mientras la salud y las fuerzas se lo permitan, continuará cultivando y cosechando. Porque para él, la tierra no solo representa una forma de ganarse la vida, sino también una herencia de conocimientos, valores y experiencias que lo han acompañado desde su infancia y que hoy comparte con hijos y nietos, asegurando que el amor por el campo continúe dando frutos generación tras generación.




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