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Culiacán, Sinaloa.- Hay casas donde uno entra como visitante y sale sintiendo que conoció algo que no se puede explicar del todo. La de José Ángel Arteaga y Margarita Rivas es una de ellas.
El calor se siente desde la puerta. No es solamente el del verano de Culiacán; es el del horno encendido que trabaja sin descanso mientras en la cocina se hornean pays de queso, panqués y galletas.
El aroma a mantequilla, vainilla y canela se mezcla con las voces de la familia.
Matías aparece corriendo de un lado a otro, curioso, inquieto, lleno de energía. Magui sonríe mientras acomoda una charola recién salida del horno. Ángel ofrece una bebida y, antes de que termine la entrevista, insiste en que probemos los postres. “No se pueden ir sin probarlos”, dice.
Y tiene razón.

Una lucha que nace con el amor de padres
Porque entender a Pos3Emes no comienza con un pay de queso. Comienza con dos bebés de apenas 30 semanas de gestación y con unos padres que un día descubrieron que el amor también puede parecerse a una jornada de 24 horas, siete días a la semana.
Todo cambió en 2019, cuando nacieron los gemelos Mateo y Matías.
Como cualquier pareja, José Ángel y Margarita llegaron al hospital con la ilusión de volver a casa con sus hijos en brazos, con una mochila llena de ropa pequeña y planes para el futuro.
En lugar de eso, encontraron incubadoras, cables, mangueras, monitores y un vocabulario que nunca imaginaron aprender: hidrocefalia, válvulas de drenaje, terapia intensiva, parálisis cerebral, autismo.
Mateo desarrolló hidrocefalia tras una infección hospitalaria, condición que derivó en una parálisis cerebral. Matías, por falta de oxígeno, fue diagnosticado dentro del espectro autista.
Un cambio de estilo de vida
De pronto, las jornadas laborales dejaron de ser posibles.
“Ya no podíamos trabajar ocho horas para un patrón. Teníamos que estar con ellos todo el tiempo, llevarlos a terapias, a consultas, al Teletón, a médicos particulares. Nuestra vida cambió por completo”, recuerda José Ángel.
Ella era administradora de empresas y trabajaba en una notaría. Durante años José Ángel fue diseñador gráfico en una imprenta, estudió para asistente ejecutivo y tenía experiencia en el mismo ramo.
Ambos dejaron atrás sus empleos para dedicarse por completo a sus hijos. Muchas personas les preguntaban por qué no contrataban a alguien que cuidara a los niños.
Magui nunca dudó de su respuesta.
“Nadie iba a cuidar a mis hijos como los cuido yo. No era solamente estar con ellos; era llevarlos a terapias, estar pendientes de cada cita médica, aprender junto con ellos. Ese era mi lugar”, confiesa para Tus Buenas Noticias.
La historia detrás de Pos3Emes

El nacimiento de Pos3Emes no fue una idea de negocio. Fue una urgencia. Mateo necesitaba dos válvulas de drenaje para seguir con vida y el hospital no las tenía disponibles. Había que comprarlas.
Entonces Margarita recordó los conocimientos de repostería que había adquirido años atrás, cuando trabajó en una pastelería durante la preparatoria.
Comenzó preparando unas sencillas galletas de maíz.
No pidieron donativos. Levantaro pedidos.
Le hablaron a amigos, excompañeros de trabajo, conocidos y familiares para ofrecerles galletas, con una condición: que las pagaran por adelantado para poder comprar las válvulas. El éxito fue inmediato.
Duraron tres días completos horneando sin descanso.
“Todo lo hacíamos en un hornito eléctrico muy pequeño. Cabía una sola charolita. Así empezamos”, dicen con nostalgia.
Las válvulas se compraron. Mateo salió adelante.
Y, casi sin darse cuenta, también había nacido un emprendimiento.
Después llegaron más pedidos. La gente preguntaba si hacían otros postres. Magui comenzó a experimentar recetas, a probar ingredientes, a cambiar proporciones, a buscar ese sabor que sintiera verdaderamente suyo.
“Todas las recetas las busqué, sí, pero todas tienen mi toque. Las hacía y decía: todavía no, le falta. Hasta que encontré el sabor que quería”.
Cómo el amor y la necesidad impulsaron un emprendimiento de postres

El pay de queso que hizo volver a los clientes. Sobre la mesa se alinean varios postres.
Un pay de queso de textura cremosa y dorado perfecto, un pay de manzana con azúcar mascabado y canela, un pay de piña hecha completamente en casa.
Panqués de plátano, panqués de zanahoria, pastel de elote tres leches y el favorito absoluto: el pay de queso.
“Quien lo prueba, regresa por él”, dice Magui entre risas.
Mientras habla, el horno vuelve a sonar. La cocina sigue trabajando. El calor aumenta.
Y resulta imposible no pensar que, en esta casa, cada postre lleva algo más que ingredientes: lleva horas robadas al cansancio, consultas médicas, madrugadas, esperanza y una enorme disciplina.
Porque Pos3Emes no es solamente una repostería casera, es el empleo que esta familia construyó para poder acompañar a sus hijos.
“No los abordo por el lado de los niños”
Ángel es quien sale a vender, recorre negocios, visita clientes, entrega pedidos.
Y algo llama especialmente la atención cuando cuenta cómo presenta sus productos.
“No los abordo por el lado de los niños. Los abordo por el sabor del postre”.
Quiere que el cliente compre porque el producto es bueno, porque está bien hecho, porque vale lo que cuesta.
Solo después, cuando la persona ya probó el postre y quedó satisfecha, les cuenta que cada compra ayuda a financiar terapias, tratamientos, traslados y todo lo que implica cuidar a Mateo y Matías.
Entonces ocurre algo que ellos jamás esperaban.
“Hay gente que deja de ser cliente y se convierte en familia”.
En estos cinco años han conocido personas que preguntan por los avances de los niños, que oran por ellos, que los acompañan emocionalmente, que los recomiendan, que comparten sus publicaciones y que celebran cada pequeño logro como si fuera propio.
“Lo económico ayuda muchísimo, claro que ayuda. Pero que alguien que no es tu pariente te diga ‘échale ganas, estamos orando por tus hijos’, eso te da fuerzas para seguir”, confiesa José Ángel.
El crecimiento de Pos3Emes y su conexión con la comunidad

Lo que los médicos dijeron que no pasaría
Cuando Mateo salió del hospital, un médico les dijo que debían prepararse psicológicamente. Que su hijo nunca se movería, que sería como un muñeco, que sería un vegetal.
Los primeros meses parecían confirmar ese pronóstico. Pero comenzaron las terapias y algo empezó a cambiar.
Primero giró, después intentó levantarse y un día tomó solo su biberón.
Cada movimiento se convirtió en una celebración.
“Para nosotros eso fue como una medicina. Nos dio más ganas de luchar”.
Hoy Mateo sigue enfrentando enormes retos físicos, pero continúa avanzando.
Matías, mientras tanto, llena la casa con su energía.
José Ángel lo presenta con orgullo y una sonrisa: “Es el próximo hacker de la NASA”, dice.
Y mientras lo dice, Matías vuelve a cruzar la sala corriendo, ajeno a cualquier diagnóstico, ocupado únicamente en jugar.
El emprendimiento también evolucionó
Con el tiempo, Pos3Emes amplió su catálogo.
Hoy elaboran postres individuales, pays, pasteles, panqués, mesas de postres para eventos y también productos salados.
Incorporaron una impresora de grado alimenticio que les permite realizar impresiones comestibles personalizadas sobre galletas, bombones, chocolates, mazapanes y otras superficies.
Pueden plasmar fotografías, caricaturas, poemas, frases, logotipos o cualquier diseño especial para celebraciones.
Los conocimientos de diseño gráfico de José Ángel y la creatividad de Magui terminaron encontrándose nuevamente, pero ahora dentro de su propia cocina.
Una historia que se sigue escribiendo
Hay una frase que José Ángel repite mientras observa a sus hijos. “Si ellos no se rajan, ¿por qué lo vamos a hacer nosotros?”.
No habla desde el heroísmo, habla desde la rutina.
Desde las terapias, los traslados, los pedidos, las entregas, los hornos encendidos, las cuentas por pagar y los pequeños avances que solo quienes viven procesos así saben reconocer.
Pos3Emes no nació para inspirar a nadie, nació para comprar dos válvulas.
Pero terminó convirtiéndose en algo mucho más grande, una forma de permanecer juntos, de cuidar a sus hijos sin renunciar a su dignidad, de trabajar desde casa, de crear belleza en medio de la incertidumbre y de demostrar que un emprendimiento también puede ser una declaración de amor.
Cuando nos despedimos, el aroma del pay de queso seguía llenando la casa.
El horno seguía encendido.
Y se entiende que, mientras esa cocina continúe trabajando, esta historia seguirá escribiéndose con harina, mantequilla, fe y una enorme voluntad de salir adelante.
Porque apoyar a Pos3Emes no es hacer un favor.
Es comprar un postre extraordinario preparado por una familia que decidió convertir el amor por sus hijos en el proyecto más importante de su vida.
¿Cómo apoyar a Pos3Emes?
Si deseas hacer un pedido de pays, pasteles, panqués, galletas personalizadas o postres para reuniones y eventos, puedes contactarlos a través de sus redes sociales o por teléfono.
Pos3Emes
Pedidos de postres, mesas de postres e impresiones comestibles personalizadas.
Facebook e Instagram: Pos3Emes
WhatsApp: 667 1032717
Cada pedido ayuda a que Mateo y Matías continúen con sus terapias y tratamientos, y al mismo tiempo respalda el trabajo de dos emprendedores que eligieron permanecer donde más los necesitaban: al lado de sus hijos.

















