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Para Ti

En el Pueblo Mágico de Rosario, Sinaloa existe un sitio que se ha convertido en un referente para quienes buscan emprender y aprovechar el constante movimiento de pasajeros.

Se trata de la conocida parada de camiones de “La Chalata”, lugar donde hombres y mujeres ofrecen sus productos con la esperanza de concretar una venta y llevar ingresos a sus hogares. 

En este lugar es común encontrar desde golosinas y refrescos hasta tortas, burritos y una gran variedad de alimentos que acompañan a los viajeros durante sus trayectos.

La Chalata, un espacio generador de emprendimientos

Entre todos esos comerciantes destaca la historia de Jahel Ortega Medina, una mujer de 38 años de edad que desde hace más de quince años recorre los autobuses ofreciendo empanadas elaboradas de manera artesanal.

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Originaria del poblado de Agua Caliente de Gárate, en el municipio de Concordia, pero actualmente residente de la sindicatura de Villa Unión, Jahel ha encontrado en este oficio una forma honesta de salir adelante y sostener a su familia.

Su historia está profundamente ligada a la tradición familiar. Desde niña observó cómo su madre preparaba empanadas en un horno de piedra alimentado con leña. Recuerda que las mañanas de su infancia estaban acompañadas por el aroma de la masa recién horneada que inundaba cada rincón de su hogar.

Fue precisamente su madre quien le enseñó todos los secretos de la elaboración de este producto tradicional.

“Mi mamá fue mi maestra. Yo siempre la veía trabajar con mucha paciencia, amasando y preparando cada empanada. De ella aprendí todo lo que sé”


Aquellas enseñanzas que recibió durante su niñez fueron el cimiento de un emprendimiento que años más tarde le permitiría abrirse camino por cuenta propia.

Madrugadas de trabajo y esfuerzo constante

Hace aproximadamente quince años, Jahel decidió iniciar de manera independiente la elaboración y venta de sus empanadas, llevando su producto hasta Rosario para ofrecerlo a los viajeros que diariamente cruzan por el municipio.

Desde entonces, cada jornada representa una combinación de disciplina, sacrificio y dedicación.

Los días en que trabaja, generalmente dos o tres veces por semana, comienzan cuando la mayoría de las personas aún duerme. Su despertador suena a las tres de la madrugada y, desde ese momento, inicia una intensa rutina de trabajo.

Con el apoyo de su esposo, comienza la preparación de las empanadas que más tarde llevará a vender.

“El día para nosotros inicia desde muy temprano, hay que ganarle al tiempo. Desde las tres de la mañana ya estamos de pie. A esa hora batimos, amasamos y preparamos las empanadas. Es un trabajo laborioso y hay que hacerlo al día para que las empanadas estén calientitas”


La elaboración requiere varias horas de esfuerzo. Cada pieza debe ser preparada cuidadosamente para conservar el sabor tradicional que distingue su producto. Una vez listas, las empanadas son colocadas en bandejas de plástico para facilitar su transporte.

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Cuando termina el horneado, Jahel emprende el viaje desde Villa Unión hasta Rosario. Al llegar a “La Chalata”, comienza la labor que la ha acompañado durante más de una década: subir y bajar de los autobuses ofreciendo sus empanadas a los pasajeros.

“Actualmente son principalmente los lunes y sábados los días que vengo a trabajar. Cada vez que salgo de mi casa me encomiendo a Dios para que me permita tener una buena venta y regresar con bien”


Además de comercializar las empanadas que ella misma prepara, también lleva consigo empanadas de calabaza elaboradas por su madre. De esta manera, ambas continúan trabajando juntas, manteniendo viva una tradición familiar que ha pasado de una generación a otra.

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Más que un negocio, una familia sobre ruedas

Como ocurre con cualquier emprendimiento, no todos los días son iguales. Hay jornadas en las que las ventas fluyen rápidamente y otras en las que los resultados son más modestos. Sin embargo, Jahel asegura que el tiempo le ha enseñado una de las lecciones más importantes para cualquier comerciante: la paciencia.

“Hay días buenos y días difíciles, pero uno aprende a ser paciente y a seguir adelante. Lo importante es no rendirse”


Durante estos quince años de trabajo, la convivencia diaria con otros vendedores y emprendedores que también laboran en la parada de camiones ha generado lazos que van más allá de una simple relación laboral.

La mujer asegura que con el paso de los años se han convertido prácticamente en una familia. Entre todos existe apoyo mutuo y solidaridad cuando alguno enfrenta alguna necesidad o situación complicada.

“Nos ayudamos entre todos. Aquí hemos compartido muchas experiencias y con el tiempo nos hemos hecho amigos. Cuando alguien necesita algo, siempre hay quien le tienda la mano”


Asimismo, reconoce que la permanencia de su negocio ha sido posible gracias a los cientos de pasajeros que diariamente pasan por Rosario y que, al comprar una empanada, contribuyen al sustento de su familia.

Cada venta representa mucho más que una transacción comercial. Es el resultado de horas de trabajo, de una tradición heredada y del deseo constante de salir adelante.

La historia de Jahel Ortega Medina demuestra que el emprendimiento puede surgir en cualquier lugar cuando existe determinación y ganas de progresar.

Con una sonrisa, una bandeja de empanadas y la experiencia acumulada durante más de quince años, continúa recorriendo los autobuses que llegan a Rosario, llevando consigo no solo un producto tradicional, sino también una historia de esfuerzo, perseverancia y amor por el trabajo.

Su ejemplo confirma que, cuando existe voluntad para salir adelante, cualquier espacio puede convertirse en una oportunidad para crecer y construir un mejor futuro.




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Preguntas y respuestas
Jesús López
Jesús López

Egresado de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Sinaloa. 

Más de diez años de experiencia como periodista, laborando para diversos medios de cobertura estatal, como corresponsal en la zona sur del Estado de Sinaloa. Y actualmente enfocado en el periodismo constructivo.

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