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El Lodazal, San Ignacio. A sus 79 años, Josefina Samano Soto todavía madruga para sembrar, cosechar, preparar sus productos y salir a venderlos. Su historia comenzó hace cuatro décadas, cuando la inseguridad la obligó a dejar Bordontita, en la zona serrana de San Ignacio, y buscar un nuevo lugar donde establecerse.
Josefina recuerda que tenía alrededor de 40 años cuando salió de su comunidad junto con su madre y muchas otras familias. “Nos bajamos por la inseguridad”, recuerda.
Su destino fue El Lodazal, comunidad que con el paso de los años se convirtió en refugio para familias provenientes de distintas localidades serranas, entre ellas Bordontita y Güillapa.
Josefina y su madre lograron comprar un terreno entre las dos. Con el tiempo, aquel espacio se convirtió en su hogar y en el punto de partida para una nueva vida.
Del desplazamiento al trabajo del campo
Al llegar a El Lodazal, Josefina continuó haciendo lo que ya sabía desde su vida en la sierra: trabajar la tierra. “Allá me gustaba mucho la huerta, cuando estaba en el rancho. En El Chilar”, cuenta.
En su nueva comunidad siguió sembrando y cuidando sus cultivos. Calabacitas, pepinos, chiltepines, ciruelas, ejotes, nopales, papayos y limones forman parte de los productos que cultiva y posteriormente lleva a vender. “Yo lo produzco. Yo lo siembro, lo riego, lo cuido”, afirma.
Durante años, la actividad se convirtió en una forma de sostenerse, pero también en una manera de conservar los conocimientos que adquirió en el campo desde joven.

De la cosecha a las conservas
Con el tiempo, Josefina aprendió también a transformar parte de sus cosechas en conservas. El pepino fue uno de los productos con los que comenzó hace aproximadamente cinco años. Cuenta que aprendió a prepararlo en El Lodazal, observando a otras mujeres de la comunidad que elaboraban conservas para sus familias. Ella, en cambio, encontró una oportunidad para convertir esa tradición en un pequeño ingreso.
El procedimiento comienza pelando el pepino, retirándole las semillas y cortándolo en tiras. Después lo coloca durante unos minutos en agua con cal y posteriormente lo cuece. Una vez cocido, agrega azúcar y deja que la preparación tome su característico color café. La conserva debe enfriarse antes de envasarse, por lo que Josefina espera hasta el día siguiente para colocarla en los recipientes.
La venta, aunque modesta, le ha resultado. Llega a preparar alrededor de 10 bandejas y cinco frascos por jornada. La bandeja de medio litro la vende en 50 pesos, aunque también prepara presentaciones de mayor tamaño. “Me compran una y ya para otro día van y compran otra”, relata.

Ciruelas enmieladas y chiltepines
Las conservas no se limitan al pepino. Josefina también aprovecha las ciruelas que cosecha de sus propios árboles para preparar ciruelas enmieladas. Las corta cuando todavía están “rayando”, les retira el tallo con ayuda de un tenedor y las coloca en agua con cal. Después siguen un procedimiento similar al del pepino: cocción y azúcar. El resultado, dice, tiene una textura y sabor que recuerdan al camote.
También cultiva chiltepines, que corta y vende frescos. Durante la temporada de lluvias puede cosechar cada cuatro o cinco días, dependiendo de la producción. “Si llueve, pues se ponen más bonitas”, comenta. Pero cuando las condiciones no acompañan, ella misma se encarga de regarlas para mantener la cosecha.

Todo comienza en su propia tierra
Una de las particularidades de Josefina es que buena parte de lo que ofrece a sus clientes proviene de su propia parcela. Tiene árboles de ciruela y limón, además de cultivos de nopales, calabaza, pepino, chiltepín y otros productos de temporada. Su parcela se encuentra cerca de su casa, junto a un arroyo, y ahí continúa trabajando pese a sus 79 años.
Cuando la producción propia no es suficiente para completar su mercancía, compra algunos productos a otros productores de la comunidad. Así, entre la siembra, la cosecha, la elaboración de conservas y la venta, mantiene una rutina que ha formado durante décadas.

Una vida que volvió a comenzar
Hace 40 años, Josefina salió de Bordontita dejando atrás la vida que conocía. Como muchas otras familias de la sierra, tuvo que comenzar de nuevo lejos de su comunidad. En El Lodazal encontró un lugar para establecerse y continuar con aquello que siempre había sabido hacer: trabajar la tierra. Lo nuevo fue aprender otras formas de aprovechar sus cosechas. La conserva de pepino, que aprendió a preparar en la comunidad, se convirtió en una extensión de ese conocimiento y en otra manera de obtener ingresos.
Hoy, su jornada comienza temprano. Prepara sus productos, se traslada para venderlos y regresa a casa después de terminar. A sus 79 años, Josefina sigue sembrando, cosechando y transformando lo que produce. Cuatro décadas después de abandonar la sierra, la tierra volvió a convertirse en el hilo conductor de su vida. Primero fue el trabajo de la huerta en su comunidad de origen.
Después, la reconstrucción de una vida en El Lodazal. Y ahora, las cosechas, las conservas y las ventas que le permiten mantenerse activa e independiente. Josefina no dejó atrás el campo cuando dejó la sierra. Se lo llevó consigo.














