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El 13 de julio de este 2026 Chayo regresó a vender en su puesto de frutas y dulces afuera de las oficinas centrales de la Junta Municipal de Agua Potable de Mazatlán, después de 2 años y 4 meses de tratamiento contra el cáncer de mama.
Aunque hace meses ya no recibe quimioterapias, estuvo en casa recuperándose de las secuelas que el tratamiento dejó en su cuerpo.
Rosario Fregoso, tiene una larga historia como comerciante, con más de 20 años en su punto de venta afuera de la Jumapam logró sacar adelante a sus hijos y hoy, que sigue en observación por su tratamiento, este emprendimiento es su sostén y su motivación.
En entrevista con Tus Buenas Noticias, Chayo revela que los últimos meses han sido muy complicados económicamente, al grado de pasar noches sin dormir por la preocupación de no tener ingresos, así que decidió invertir el recurso de su apoyo por discapacidad y regresar al comercio. 
“Duré como 20 días sin dormir de la desesperación de que la economía rebasó los límites y dije qué voy a hacer? Con lo que me dieron del apoyo del bienestar que me dan por discapacidad invertí y me vine a trabajar el 13 de julio”, platica.
Empleados de Jumapam y trabajadores de los negocios de la zona recibieron con alegría a Chayo, todos saben de la lucha que está librando y reconocen su fuerza de voluntad para continuar de pie, con una vida productiva.
Feliz haciendo lo que le apasiona
Para Rosario regresar a su puesto de fruta y dulces es mucho más que la posibilidad de ganar el sustento diario, es un motivo para sonreir y hacer lo que le apasiona: vender.
“La gente me recibió con alegría, dándome ánimos, aquí me siento feliz, viva, hago lo que me gusta, convivo con la gente, muchos pensaron que ya no iba a volver, pero gracias a Dios me concedió volver como dice la canción”, dice contenta.
Mientras parte sandía, mangos, piña y jícama, sentada debajo de un árbol frondoso que le aliviana el fuerte calor del verano, Chayo saluda a quienes pasan por la banqueta y atiende a sus clientes habituales, como si nunca se hubiera ausentado. 
“Los primeros días aquí sentí mucho cansancio, me daban ganas de llorar, estuve a punto de tirar la toalla, pero dije tengo que poder y gracias a Dios aquí sigo”, revela.
Entusiasmada con su trabajo y agradecida por el apoyo que ha recibido durante el tiempo que ha durado su tratamiento, Chayo asegura que el objetivo es seguir como emprendedora muchos años más.
Entre sus dulces, churritos, aguas bien frías y frutas frescas, poco apoco recobra su fortaleza y gana confianza en que con trabajo honesto podrá salir adelante, como siempre lo ha hecho.
“Llego a las 9:00 am y me voy a la casa temprano a las 2:00 pm, no hay mucha ganancia, la economía está complicada, pero lo importante es que el dinero esté dando vueltas, por lo menos no amanezco con el Jesús en la boca de qué voy a comer y me sale para pagar mis servicios”, dice convencida.
La historia de Chayo nos recuerda que la resiliencia no es solo resistir, sino volver a florecer. Con cada fruta que prepara, ella demuestra que la dignidad del trabajo es, quizás, la medicina más poderosa para transformar la adversidad en un nuevo comienzo lleno de esperanza.

















