¿Quieres resumir esta nota?
En la colonia Urías, en Mazatlán, existe un negocio que es mucho más que un lugar para comprar fruta fresca; es el símbolo de una transformación profunda y un ejemplo de gratitud familiar.
Se trata de la Frutería “Los Cuñados”, ubicada en la calle Tráfico, un proyecto que nació con una misión noble: dar una mejor calidad de vida al señor José Francisco Osuna Rodríguez, conocido cariñosamente por todos como “Don Chico”.
La historia de Don Chico es de resiliencia pura. Originario de la comunidad El Walamo, en la zona rural sur de Mazatlán, dedicó la mayor parte de su vida a las labores agrícolas.
“Trabajé en el campo desde los 12 años hasta los 52; fueron 40 años trabajando de sol a sol para sacar adelante a mis 5 hijos”, comparte con orgullo. Aquella vida, aunque digna, era extremadamente dura.

Sin embargo, al crecer sus hijos y establecerse en Mazatlán, la dinámica familiar cambió positivamente.
Al ver el desgaste físico que sufría su padre tras décadas en las cosechas de chile, sus hijos y yernos tomaron una decisión: crear un espacio propio donde Don Chico pudiera seguir siendo productivo, pero con mejores condiciones.
“Ellos decidieron poner una frutería aquí en Urías para que yo no trabajara en el campo y, gracias a Dios, la vida nos cambió un poco”, relata.
11 años construyendo un referente en Urías
Lo que comenzó como una idea para mejorar el entorno de Don Chico, se convirtió en un pilar de la comunidad. La frutería cumplió ya 11 años de existencia, consolidándose como un negocio familiar donde cada integrante tiene un rol clave.
Desde que iniciaron, la visión fue clara: crecer juntos. Tras pasar por tres locales anteriores, hace cinco años se mudaron a su ubicación actual, donde “Don Chico” se ha convertido en la imagen oficial del establecimiento. 
“Los Cuñados” destaca por su compromiso inquebrantable. El establecimiento opera prácticamente todos los días del año, desde las 5:30 de la mañana hasta las 5:00 de la tarde, haciendo pausas únicamente en fechas como Navidad y Año Nuevo.
El trabajo es intenso, pero Don Chico asegura que la diferencia es abismal respecto a su vida pasada.
Una nueva perspectiva de trabajo
Aunque reconoce que el comercio es exigente en sus horarios, Don Chico reflexiona sobre la diferencia entre ambos mundos.
“Allá en el campo, cualquier niño te levanta un costal de chiles, la gente se hace 'cueruda' por la dureza del trabajo. Aquí la frutería también es exigente, hay que levantarse muy temprano para ir a la yarda por la mercancía, pero esto no es pesado comparado con lo que viví por años”.

Hoy, la frutería no solo ofrece frutas, verduras frescas y abarrotes; ofrece la historia de una familia que decidió cuidar a su pilar.
Entre turnos compartidos con sus hijas y yernos, Don Chico sigue levantándose cada mañana, pero esta vez con la satisfacción de haber cambiado el sol inclemente del campo por un negocio propio que, tras una vida de esfuerzo, le ha permitido disfrutar del presente rodeado de su familia.

















