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Dimas, San Ignacio. A sus 67 años, Ana Alicia Ramírez López conserva el recuerdo de una vida dedicada a la enseñanza. Durante 28 años fue docente, primero en comunidades de Ahome y La Pipima y posteriormente durante 26 años en Dimas, su tierra natal.

Sus primeros años como maestra estuvieron marcados por las dificultades. En Ahome permaneció un año y ocho meses y para llegar a la escuela viajaba desde Culiacán en camión y después en carros cañeros, debido a que no había transporte hasta la comunidad. Regresar a casa tampoco era sencillo. En aquella época no existía la carretera costera y el traslado podía durar hasta tres horas y media. “Yo venía cada quince días para acá, porque duraba más en el camino que lo que duraba aquí en la casa”, recuerda.

La maestra Ana Alicia con uno de sus grupos en el año 2000 en Estación Dimas
La maestra Ana Alicia con uno de sus grupos en el año 2000 en Estación Dimas

Una vida dedicada a la enseñanza en comunidades de Sinaloa

Vivir lejos de casa implicaba también carencias. Compartía alojamiento con otra maestra y en ocasiones apenas tenían frijoles y queso. A pesar de ello, sus alumnos eran su principal motivación. Ana Alicia se reconoce como una maestra estricta: exigía tareas, tablas de multiplicar y disciplina, incluso dejando sin recreo a quienes no cumplían.

Una permuta le permitió regresar a Dimas, donde permaneció 26 años, impartiendo principalmente tercero, quinto y sexto grado. Con los padres de familia mantenía una relación directa y prefería resolver cualquier diferencia de frente. “Si ustedes tienen algo que decirme, me lo digan a mí aquí”, les decía.

Con el paso de los años, muchos de sus alumnos se convirtieron en profesionistas. Encontrarse nuevamente con ellos y saber que contribuyó a su formación es uno de sus mayores orgullos.

La docente siempre demostró su capacidad en las aulas, hoy se siente orgullosa de encontrar profesionistas que fueron sus alumnos
La docente siempre demostró su capacidad en las aulas, hoy se siente orgullosa de encontrar profesionistas que fueron sus alumnos

Desafíos y logros de una maestra en su trayectoria educativa

Sus dos hijos también son maestros: Ana Beatriz, docente estatal en Estación Obispo, y Raúl Felipe Torres Ramírez, maestro federal en una primaria de Culiacán, quien además es vocalista de la banda La Excelente de Sinaloa, de Coyotitán.

Jubilarse no fue fácil. Después de 28 años llegó la jubilación, pero Ana Alicia no quería dejar las aulas. Varias veces acudió al sindicato y regresó sin entregar los documentos. Finalmente decidió retirarse para acompañar a su esposo, quien había sufrido un accidente automovilístico y necesitaba acudir a terapias.

Pero alejarse de la escuela le resultó difícil. Durante su primer año de jubilada se incorporó a la cocina escolar, donde participó en los desayunos y preparaba comida para los niños. “Para seguir cerca de estar en la escuela”, explica.

La maestra Ana Alicia en sus inicios como maestra con un grupo de tercer grado de primaria en Estación Dimas
La maestra Ana Alicia en sus inicios como maestra con un grupo de tercer grado de primaria en Estación Dimas

El impacto de la educación en la vida de Ana Alicia Ramírez

Después aceptó que había llegado el momento de cerrar esa etapa. “Me quedé enamorada de la profesión”, afirma. Hoy, 13 años después de jubilarse, Ana Alicia considera que la educación ha cambiado y recomienda a las nuevas generaciones de maestros prepararse, conocer los planes de estudio y trabajar con compromiso.

Para ella, enseñar fue mucho más que cumplir un horario: fue enfrentar caminos difíciles, vivir lejos de casa, superar carencias y formar generaciones. Aunque ya no está frente a un pizarrón, en Dimas permanece la huella de aquella maestra que durante casi tres décadas hizo de la educación su vida.

Preguntas y respuestas
Yolanda Tenorio
Yolanda Tenorio

Yolanda Tenorio es una periodista con más de 15 años de experiencia narrando historias que importan y que muchas veces no encuentran eco en los grandes titulares. Ingresó a El Debate de Mazatlán el 21 de febrero de 2008 como corresponsal, y desde entonces ha sido testigo y cronista del pulso serrano: comunidades marcadas por el abandono, la violencia o la migración, pero también por su cultura, dignidad y riqueza humana.

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Su pasión por el periodismo se manifiesta especialmente en el género de la crónica, así como en los reportajes especiales que retratan con sensibilidad a los pueblos olvidados y los personajes que resisten con orgullo. Es una periodista que escucha, que camina los pueblos y que sabe encontrar las historias donde otros solo ven silencio.

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