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Con apenas 15 años, Uriel Torres Gutiérrez ya vive lo que para muchos niños en México es apenas un sueño lejano, vestir la playera del Club América y entrenar día a día en las instalaciones de Coapa, en la Ciudad de México.
Originario de Eldorado, Sinaloa, el joven defensa forma parte de las fuerzas básicas del equipo azulcrema y, según cuenta, no dejará de trabajar hasta llegar a Primera División.
Un sueño que ha convertido en realidad
Su historia con el balón comenzó casi al mismo tiempo que sus primeros pasos. Desde los 3 años, dice, ya sentía ese gusto por el fútbol que nunca lo abandonó, y desde entonces no dejó de jugar.
Inició su formación en una escuelita de Eldorado antes de dar el salto a Culiacán, donde su talento comenzó a llamar la atención de promotores de distintos clubes del país.

A los 12 años, cuando otros niños apenas soñaban con el fútbol profesional, Uriel ya tenía sobre la mesa el interés de clubes como Chivas, Pachuca, Tigres y el extinto Mazatlán.
Sin embargo, la decisión fue clara desde el principio: él le iba al América, y sentía que ahí tendría una experiencia muy buena. Así, firmó con las Águilas y desde entonces, hace ya tres años, su vida cambió por completo.
Exigencia en todo lo que hace
Hoy, Uriel combina dos mundos que exigen disciplina absoluta: el deporte y la escuela. Entrena todas las mañanas y asiste a clases de tres a siete de la tarde, cursando el primer año de preparatoria. Su semana futbolística tiene un ritmo propio.
Y es que los martes y miércoles son los días de mayor carga física, mientras que jueves y viernes se dedican a la preparación y recuperación previa al partido del sábado. Juega como lateral derecho, una posición que exige resistencia, entrega y visión de juego, cualidades que asegura ha ido puliendo entrenamiento tras entrenamiento.
Vivir lejos de casa no ha sido sencillo, pero Uriel lo describe con tranquilidad, como quien ha aprendido a convertir la distancia en motivación. Cada seis meses, viaja a Sinaloa para reencontrarse con su familia, con la comida de casa y con las canchas donde todo comenzó.
En diciembre, cuando concluye el torneo, regresa por más tiempo. La comunicación con sus papás, cuenta, nunca se interrumpe, y ellos han estado presentes en los momentos más importantes de su carrera, incluso viajando hasta la Ciudad de México para acompañarlo.

Sus padres, su principal motor
Uriel no tiene dudas porque siente que, si no hubiera sido por sus padres, no tendría la fuerza para estar donde está hoy. Habla de un respaldo que nunca ha faltado, y en esa idea se resume lo que sostiene su camino, familia que no ha dejado de creer en él ni un solo día.
Creando memorias, soñando despierto
El paso por Coapa también le ha regalado momentos que muchos aficionados solo pueden imaginar. Ha compartido entrenamientos y comedor con jugadores del primer equipo, y guarda con cariño una fotografía junto a Julián Quiñones, el delantero que se ganó al mundo entero tras su participación en el Mundial.
Para un adolescente sinaloense, convivir de cerca con ese nivel de fútbol no es solo un privilegio, es también un recordatorio constante de hacia dónde quiere llegar.
Uriel sueña con debutar en Primera División alrededor de los 18 años, aunque su ambición no se detiene ahí pues también ha sido convocado en varias ocasiones a la Selección Nacional Sub-15. Representar a México, dice, es uno de sus grandes anhelos, y cada convocatoria lo acerca un paso más a esa meta.

Un mensaje poderoso
Pese a la exigencia de su rutina, a la distancia de casa y a la responsabilidad de representar a un club como el América, Uriel conserva una madurez que sorprende para su edad.
Cuando se le pide un mensaje para la niñez y juventud de Sinaloa, no duda en decir que
nunca dejen de confiar, que siempre lo que quieran en la vida lo van a poder conseguir, que no hay que dejar de pelear y que hay que confiar en Dios y seguir adelante”.
Remata, además, con la certeza de quien ya empezó a vivirlo:
los sueños pueden lograrse, por más difíciles que parezcan, si uno realmente se los propone”.
La historia de Uriel Torres Gutiérrez es, en el fondo, la historia de muchos jóvenes sinaloenses que sueñan con el fútbol profesional. La diferencia es que él ya dio el primer gran paso, y lo hace con los pies bien puestos en la cancha y el corazón puesto en casa.
Entre entrenamientos, tareas escolares y llamadas con su familia, este joven de Eldorado construye, partido a partido, el camino hacia el sueño que comenzó a los tres años, el de convertirse en profesional del fútbol mexicano y, quién sabe, tal vez algún día, vestir también la playera de la Selección Nacional.















