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En un terreno empedrado, sin paredes ni techo firme, apenas una carpa remendada, comenzó una historia que hoy se cuenta con orgullo en Eldorado: la de "Entre Panes", el negocio familiar que Edwin Sánchez Gutiérrez levantó junto a su esposa, Diana Cabanillas Inzunza, el 2 de febrero de 2019.
Lo que empezó como una apuesta modesta, hoy es un pedacito de comunidad al que la gente regresa. Antes de ser empresarios, Edwin y Diana fueron aprendices incansables.

La semilla de lo que hoy es un negocio formal
Él trabajó seis años en una empresa local, donde comenzó en el área de costos y compras, hasta convertirse en gerente de panadería. Viajó a Pachuca, a la Ciudad de México y a Guadalajara para aprender los secretos del oficio panadero.
Ella, por su parte, estudió gastronomía en Monterrey y llegó a ser gerente de cocina, con experiencia en prácticamente todas las áreas de un restaurante.
Empezamos a combinar los conocimientos administrativos y de restaurante de ambos", cuenta Edwin, y esa mezcla de saberes sería la base de todo lo que vendría después.
La idea de tener un negocio propio lo acompañaba desde niño. Cuando sintió que él y Diana ya tenían la experiencia suficiente, decidieron dejar de depender de un patrón. Edwin tomó su liquidación, vendió su auto y, con eso, sembró la primera semilla de lo que hoy es un referente local.
Arrancó con sacrificios
No había piso ni paredes, solo una carpa remendada y un tejabán de lámina. Con el tiempo, y conforme los clientes lo fueron pidiendo, llegó el piso, después la terraza, y el negocio se transformó poco a poco en el espacio acogedor que es hoy.

El nombre "Entre Panes" nace de una idea sencilla pero certera. Edwin soñaba primero con un restaurante de desayunos donde todo se sirviera sobre pan, aprovechando su experiencia panadera, pero un análisis de mercado le mostró que el terreno más fértil estaba en otro lado, en las hamburguesas.
La carne va entre dos panes, por eso el logo también", explica.
De ahí surgió el nombre que hoy identifica a la marca, ya registrada legalmente. Los fines de semana, además, la pareja elabora pan artesanal, roles, conchas y donas gourmet que se agotan en minutos apenas se anuncia por WhatsApp.

Al cliente lo que pida
Escuchar al cliente ha sido, quizás, la mayor virtud del negocio. A los seis meses de abrir, Edwin y Diana notaron que muchos jóvenes que buscaban hamburguesas terminaban yéndose a otro lugar por sushi. Como Diana ya sabía prepararlo, decidieron incorporarlo al menú sin perder su esencia.
Hoy, "Entre Panes" ofrece hamburguesas, sushi, alitas, hot dogs y dedos de queso, todo elaborado por ellos mismos. Desde el pan, la carne y hasta la salsa barbecue se hacen en casa, sin conservadores, con la certeza de que cada cliente recibe algo fresco.
El negocio atiende de miércoles a lunes: servicio a domicilio desde las 3 de la tarde y atención en el local a partir de las 5. Con los años, la clientela se ha vuelto tan fiel que, dice Edwin con una sonrisa, reconocen a algunos comensales solo por la voz al teléfono.

Antes de la pandemia llegaban comensales desde Culiacán, Costa Rica y El Salado especialmente a comer ahí; aunque la afluencia foránea disminuyó, el negocio se mantuvo en pie gracias, en parte, a esa base de clientes leales que nunca los abandonó.
Un esfuerzo, muchas recompensas
Detrás del mostrador hay también una historia de responsabilidad y sacrificio. Seis familias dependen hoy del negocio.
Vendas o no vendas, tienes que pagar", resume Edwin sobre la presión que implica sostener un equipo. Muchas veces él y Diana han puesto de su bolsillo para cubrir sueldos, han sacrificado desvelos y tiempo en familia.
Esa entrega tiene su recompensa. Edwin recuerda con especial cariño el día en que una familia que viajaba de Tijuana a Guadalajara se desvió para comer en su negocio, atraída por los comentarios positivos en redes sociales. Historias así, dice, son las que lo motivan a seguir cada día.

Aunque alguna vez soñó con franquiciar "Entre Panes", la pandemia lo hizo replantear sus planes. Por ahora, prefiere consolidar lo que ya construyó, mejorar la cocina, afinar los procesos y dejar bien cimentado el negocio antes de pensar en crecer. Podría convertirse en el piloto de algo más grande el día de mañana.
Lo cierto es que la historia de Edwin y Diana, dos jóvenes que un día decidieron apostar por ellos mismos con una carpa vieja y mucha determinación, sigue siendo, más de seis años después, una de esas historias que confirman que el mejor mercadeo, al final, es el que se hace de boca en boca.
















